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Puertos de Montaña

Collfred… ¡qué salvajada!

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DT – 2022 post

Si os van los puertos duros, con desniveles imposibles, id a Collfred

No lo puedo evitar. Soy incorregible, miro Collfred…

Me siguen atrayendo los retos en forma de montañas y desniveles.

Cuanto más duros, mejor.

El otro día hablando con un amigo llegamos a la conclusión de que “el llano nos aburría”, que a nosotros lo que nos gusta son los puertos y que babeamos en cuanto vemos una rampa exigente, ni que sea la de salida del parking.

 

Somos así. No lo podemos evitar.

Y encima ahora con el reto CIMA, se ha abierto la veda: ¡que se preparen los puertos! ¡Vamos a por ellos!

Así, en mi caso, he iniciado una pequeña colección de “cromos” que me faltaban, nuevos colosos que han surgido aquí mismo, muy cerca de mi casa, como si de gigantes bolets se trataran.

Ya no tengo que ir a Asturias, Pirineos o Alpes a buscar belleza y dureza. Las tengo aquí mismo.

Hace unos días fue Pradell, ahora le ha tocado a Collfred.

¿Pradell o Collfred?

Si antes la discusión estaba entre Turó de l’Home o Mont Caro, ahora está entre ellos, pues parece que lo que está claro es que ambos los superan en dureza.

 

Yo, sin lugar a dudas, os puedo decir que Collfred, siempre hablando bajo mi modesta opinión y valorando todas mis ascensiones, es uno de los puertos más duros que he subido nunca, o al menos de los que se me han hecho más duros.

Como podréis leer por ahí, Collfred es terrible, o “és dur de collons”, el auténtico monstruo de la Garrotxa.

Yo lo tengo muy claro.

Para que no digan que “sólo” hago ascensiones, esta vez me lo curro un poco más, y mi aproximación es hasta Sant Pere de Torelló.

En esta localidad es donde agarro la bici, ansioso de nuevos descubrimientos, y me adentro en la carretera que asciende al collado de Bracons.

RH Hoteles, todo Levante en la mano del ciclista 

Bracons, por este lado, es la cara “fácil”, aunque de esto no tiene nada.

Si bien es un puerto muy irregular no deja de ser por eso dificultoso.

Es destacable a partir de la población de La Vola, donde dará inicio la parte más dura, con rampas de hasta el 14% en alguna que otra curva.

Regulando mucho, sabiendo lo que me esperaba después, corono sin problemas el puerto, llegando a la preciosa comarca de la Garrotxa, ya en la provincia de Girona.

Foto de rigor junto al cartel y me dejo caer dirección Joanetes, con la cabeza ya puesta en Collfred.

 

El monstruo de la Garrotxa

Tengo unas ganas locas de llegar, pero aún me da tiempo de contemplar la belleza de la Vall d’en Bas, disfrutando de un buen paseo de unos 6 kilómetros rodeado de unos campos verdes, agraciados por las benditas últimas lluvias, antes de llegar a Sant Privat d’en Bas.

Andaros con ojo, antes de entrar en el núcleo antiguo del pueblo, de coger bien el desvío hacia Collfred, ya que no está indicado por el nombre del puerto.

Tenéis que seguir dirección Vidrà y es aquí cuando ya lo tendréis en el punto de mira, llaneando un rato junto a un campo de fútbol que dejaréis a la izquierda, antes de enfrentaros a la primera rampa seria del monstruo.

No os puedo negar que sentía admiración y respeto, miedo pero curiosidad, por ver, por fin, todo lo que había leído sobre él.

Por supuesto que aquí echo mano de todo lo que llevo (34 por 27) y que no quitaré hasta el final, aún sabiendo que hay descansillos.

No voy a bajar piñones. Prefiero ir ligero y poder afrontar las siguientes rampas, siempre entre el 18 y el 20%, en forma de curvas hormigonadas.

 

Toda esta primera parte del puerto es así, lo que yo esperaba: 4 kilómetros encadenados que, a modo de escalones, con pequeñísimos rellanos donde recupero un poco la respiración, voy subiendo como una escalera con peldaños gigantes y sin barandilla donde agarrarme.

La carretera es estrecha y arbolada, aunque poco a poco, a medida que voy ascendiendo, se va abriendo, no sin afrontar duras rampas y oteando lo que parece ser un primer alto.

Desde ese punto se puede contemplar parte de la subida realizada, antes de que una nueva rampa al 20% me vuelva a poner a prueba.

El desnivel se sigue acusando, justo en el momento en que cruzo la primera de las tres barreras canadienses.

Atención porque son muy peligrosas, ya que la distancia entre barrotes es bastante considerable.

¿Os he dicho que durante toda la ascensión he estado acompañado por unas espectadoras muy especiales?

Sí, todos estos campos están llenos de grandes y hermosas vacas, que contemplan con bucólica visión mi cansino paso.

La salida del paso canadiense esconde otro tremendo muro.

Este puerto se sube a base de sustos.

Echando la vista atrás se contempla el paisaje… y las puñeteras rampas.

El firme de la calzada no ayuda nada, además de curvas y más curvas hormigonadas, gravilla, mal pavimento… y la maldita pendiente, claro…

Sigo enlazando muros. Parece que el final está cerca.

 

En este punto encuentro algunos descensos, seguidos de tremendas rampas.

Esto ya será así durante los últimos kilómetros, más llevaderos pero muy tocado por el tremendo esfuerzo que ha supuesto salvar estos terribles desniveles.

En el descenso hacia Vidrà, hice amistad con un vecino al que le pregunté cuánto faltaba para llegar al pueblo.

Se trata de Hugo, francés, que lleva 20 años viviendo aquí, en la primera casa que encontréis a mano izquierda en el descenso.

Me estuvo explicando que este puerto lo asfaltaron un poco antes de que él llegara, y que por aquí viene muy poca gente.

Se sorprendió mucho de que hubiera llegado hasta allí en bici y se ofreció a llevarme de vuelta a Sant Pere de Torelló, a lo que accedí gustosamente.

 

Si vais por allí, podéis ir a su casa -seguro que os invita a almorzar-, y le podéis dar recuerdos de parte de Jordi.

Es buena gente.

Foto: Jordi Escrihuela

Altimetria: www.ramacabici.com

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Puertos de Montaña

Col de Braus, un clásico de los Alpes Marítimos

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DT – 2022 post

El Col de Braus es un clásico de la zona de Niza y Cannes

La primera vez que vi una foto del Col de Braus fue en una de las páginas de la guía realizada por L’Equipe sobre Cols Mythiques du Tour de France.

Quedé impresionado por aquellos hermosos lazos que ascendían montaña arriba, muy cerca de la costa mediterránea francesa, superando las primeras estribaciones alpinas de la Provenza-Costa Azul. Fascinado por aquella carretera construida literalmente doblada en diversos giros a izquierda y derecha, estuve buscando más imágenes, pero todas las páginas web que encontré me mostraban siempre la misma cara: esos increíbles 9 zigzag que protegen la subida como una fortificación medieval.

Lo puse en el punto de mira del manillar de mi bici: tenía que contemplar en vivo como habían moldeado perfectamente aquellas horquillas en la montaña. Tardé unos años, pero por fin en una visita relámpago a la Costa Azul pude cumplir mi sueño. La motivación era doble: escalar aquel bello, y no demasiado duro, Col de Braus, y por otro, en mi particular búsqueda de tesoros cicloturistas, alcanzar su cima a 1002 m de altura y llegar a la Estela en memoria de René Vietto, otro lugar de peregrinación muy apreciado por los cicloturistas franceses.

Desde el mismo puerto de Niza, por una calle muy transitada, iniciamos su escalada, aunque no será hasta L’Escarene, histórico condado de la ciudad de la Riviera francesa, donde podremos decir que ya ascendemos con decisión el puerto: 10,3 km a una media del 6,4%, atravesando la hermosa población de Touêt de L’Escarene y un pequeño paso encajonado hasta afrontar la bella serie de curvas que poco a poco iremos dejando atrás, quedándonos sin palabras, mirando con tortícolis las tremendas herraduras que acabamos de escalar.

La visión de lo que un día llamó L’Equipe “alambique”, “tirabuzón”, “kriss malayo” (antigua espada flamígera) o simplemente “cric”, palabra que con imaginación podemos leer en su vertiente, nos dejará una grata sensación al coronar a esos mil metros y disfrutar de una increíble panorámica de 360º desde los picos más altos de esa maravilla natural que es el Parque Nacional de Mercantour hasta el intenso azul del mar Mediterráneo.

En su cima encontramos la Estela a René Vietto, lugar de culto. En ella están depositadas las cenizas del ciclista nacido en Cannes en 1914, considerado como el mejor escalador anterior a la Segunda Guerra Mundial. A su muerte, el 14 de octubre de 1988, y por expreso deseo de “Le Roi René”, sus restos descansan aquí, 54 años después de que el francés realizara una exhibición ascendiendo sus rampas.

Hubo una época en la que el Tour de Francia frecuentaba con asiduidad los Alpes Marítimos 

El paso por el llamado Arco de Sospel (no muy lejos de Monte Carlo), con las ascensiones al tríptico Braus, Castillon y La Turbie, entre Niza y Cannes, era habitual en las primeras ediciones del Tour entre 1911 y 1939. El Col de Braus, incorporado a la Grand Boucle aquel primer año junto a los grandes cols alpinos a propuesta de Émile Georget, mítico vencedor en el Galibier, fue puerto de paso en 24 de las 28 primeras ediciones. Desde entonces sólo se ha vuelto a ascender dos veces: en 1947 y la última en 1961. Ha pasado demasiado tiempo.

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René amaba el Col de Braus, y éste se dejaba querer entre sus curvas. Fue en 1934 cuando el joven debutante de Cannes, con tan sólo 20 años, ganó esta etapa del Tour, la 11ª, caracoleando en primera posición Braus, Castillon y La Turbie. No fue una sorpresa, porque ya venía de ganar dos grandes etapas alpinas, pero en la 16ª, y cuando estaba a punto de ser nuevo maillot amarillo, su líder indiscutible, Antonin Magne, cae y destroza la bicicleta. Enterado del accidente, René no duda en dar la vuelta, algo que por entonces estaba permitido, hasta encontrarle y cederle la suya.

Antonin ganó aquel Tour gracias al generoso acto de René, que perdió todas sus opciones de victoria, cediendo aquel día más de cinco minutos en favor de su líder. Dicen, los que lo vieron, que Vietto quedó sentado en un muro, llorando, esperando el camión de reparación. Aún y así fue quinto en aquella edición, llevándose el trofeo al mejor escalador y consiguiendo rehacerse ganando la 18ª etapa entre Tarbes y Pau, con el Tourmalet y el Aubisque de por medio. Aquel detalle con su jefe de filas le hizo ganar mucha popularidad y simpatía entre los franceses pero sobre todo, como rezó L’Equipe, “René se convirtió en un escalador eterno, como el diamante”.

Imagen: Ciclismo Épico

 

 

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La Covatilla, la cima «blanca» de la Vuelta

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La Covatilla - Santi Blanco JoanSeguidor
DT – 2022 post

En La Covatilla se juega la suerte final de la Vuelta y la temporada 2020 

Recordando La Covatilla no podemos evitar que nos venga a la memoria la imagen del salmantino Santi Blanco, porteño de Puerto de Béjar (a 8 kilómetros de Béjar), escalando con dificultad las terribles rampas de esta gran cima bejarana.

Os invitamos este segundo domingo de noviembre, a desplazaros hasta la Sierra de Béjar en Salamanca, para que probéis de primera mano, y en vuestras piernas, la dureza que no se esconde en este alto de La Covatilla camino de su estación de esquí.

Una ascensión terrorífica con varios kilómetros enteros por encima del 10% y rampas máximas de hasta el 17% de desnivel.

Un muro que se dio a conocer al mundo del ciclismo un 26 de septiembre de 2002, con la disputa de la 17ª etapa de la Vuelta.

Otra jornada para el recuerdo.

 

En ella se ponía al descubierto otro puerto inédito de categoría especial con una carta de presentación tremenda con sus duros desniveles pero que se mostraba ante la afición como un puerto puro, con una calzada nueva con un firme en un estado perfecto para que se deslizaran cuesta arriba las finas ruedas de los ciclistas.

No en vano, la estación de esquí se había inaugurado un año antes, no sin polémicas medioambientales con los ecologistas que se oponían, abriendo un espectáculo grandioso con unas vistas impresionantes desde la estación de sierras y pueblos como la de Gredos o la propia ciudad de Béjar.

A los pies de La Covatilla, Lale Cubino

Desde esta localidad que vio nacer otro gran ciclista como nuestro protagonista –Lale Cubino– y que hace que nos preguntemos qué tendrá esta tierra para dar tan enormes escaladores como el propio Cubino, Santi Blanco y, cómo no, Roberto Heras, porque aquella jornada de septiembre en la Vuelta a España ganó el porteño, agónicamente pero ganó, pero sobre todo venció Béjar, situada a 950 metros de altitud (quizás de este dato podamos extraer una buena explicación de por qué es cuna de grandes corredores), porque en aquella etapa además quedó en segunda posición Roberto Heras, en la edición que perdió el maillot oro en la última contrarreloj a manos de Aitor González, que ganó en el inédito final del Estadio Santiago Bernabeu.

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Aquel día los salmantinos hicieron bueno el dicho y fueron profetas en su tierra con la descomunal cabalgada de un motivado Santi Blanco, dejando el pelotón a más de 6 minutos a 10 kilómetros para meta, tiempo que tuvo que administrar con mucho sacrificio, pasándolo bastante mal ante el empuje de Roberto Heras que aceleró brutalmente dejando de rueda a Aitor González que aguantó todo lo que pudo, bastante más de lo imaginado, y que fue su gran rival para ganar aquel año.

Y es que sólo 40 segundos, de la renta que llevaba, le separaron de su vecino bejarano, en una ascensión que todos sufrimos viendo como Santi iba perdiendo los minutos de ventaja como un collar de perlas roto, retorciéndose en una primera rampa superior al 10%, pedaleando con mucha dificultad el resto de la ascensión mientras Roberto daba un recital por detrás.

 

Hasta que no entró en el último kilómetro, con un minuto de adelanto, no supo que iba a ganar aquella etapa a casi dos mil metros de altitud, superando la rampa final al 14% y tocando el cielo alzando sus brazos al viento, igual que lo haréis vosotros cuando superéis el tremendo muro bejarano.

Béjar al poder.

Por Jordi Escrihuela

Imagen tomada de El Norte de Castilla 

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Seis cosas que le dio el Angliru al ciclismo

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Grandes vueltas
DT – 2022 post

Cuando el Angliru entró en el recorrido de la Vuelta, ésta no volverá a ser la misma

Ya lo dijimos, con el Angliru cambió todo. 

Pero aquella tarde de septiembre, cuando el pelotón se puso rumbo al Angliru desde León para ver al Chava en su día de más gloria, el ciclismo inició un camino de retorno por que iba ruta de la cima que iba a romper las reglas.

 

En breves cuentas el Angliru le dio al ciclismo…

1. Un símbolo, otro más para el ciclismo, el Angliru fue un regalo, como el día que se descubrieron los Lagos de Covadonga, o se holló por primera vez el Tourmalet, sitios clave en la historia de este deporte más que centenario.

2. Una historia narrada por los grandes, por los que trascienden al deporte, recuerdo estrellas de la radio en directo, Manolo Lama, que no será santo de nuestra devoción, pero que estuvo ahí dándole jabón al Chava, el corredor que en ese momento cargaba con el peso de una fama que excedía cualquier lógica.

3. Un día para encumbrar el Chava, un ciclista que nunca nos apasionó, pero que rompió el corazón por media España. En su leyenda siempre quedó la remontada en el Angliru, el premio in extremis, adelantando a Pavel Tonkov en el descenso previo a meta, entre la niebla y los coches.

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4. Un nuevo ciclismo, un ciclismo que premiaba los desniveles, que buscaba las paredes, una tendencia que con los años se acentuó, pero que parece más contenida, los muros se frecuentan, pero no tanto como .

5. Un puerto mediático, el Angliru fue el primer puerto que ocupó portadas, por sus pendientes, curvas, dureza y dificultad, llegando incluso a superar a los ciclistas.

6. El faro de la Vuelta que en su desafío logístico apostó por irse a un sitio que le diera lustre y proyección, entre todos los colosos asturianos, tuvo que aterrizar en éste.

Desde entonces el Angliru ha coronado a grandes escaladores como Heras, Simoni o Contador, el único que ha ganado dos veces aquí.

Siete veces ha entrado en la ruta de la Vuelta, se prevé volver este año si la situación se normaliza.

Si nos pedís uno, aquella subida de 2002, cuando ganó Heras con Aitor González y Oscar Sevilla tirándose los platos por detrás… esa tarde fue caliente, a pesar de la lluvia que todo lo empapó.

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Marie Blanque en el Tour: Por fin va a ser decisivo

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Marie Blanque Tour 2020 JoanSeguidor
DT – 2022 post

El Tour 2020 le da la mil veces negada oportunidad de ser trascendente al Marie Blanque

Ya están los Pirineos aquí, y el Col de Marie Blanque no será una montaña más, ni de paso, en el Tour de Francia 2020.

Sobre el lugar, la «dama blanca», nuestro compañero Jordi Escrihuela nos escribió hace un tiempo…

Lo he ascendido once veces, las cinco primeras de forma consecutiva (1997-2001) y podría dar para escribir un libro todas las sensaciones, para lo bueno y lo malo, que yo he vivido ascendiendo este puerto. Aquellos años encadenado al terror de los Pirineos Atlánticos tuve una extraña sensación: cada vez que volvía y me enfrentaba al muro de sus 4 km finales y engranaba todo lo que llevaba detrás (desde 39×26, pasando por toda la gama, hasta el compact 34×27) me daba la sensación como si el tiempo no hubiera pasado y allí me veía de nuevo escalando mi dulce tortura (Miguel Gay-Pobes), como si lo hiciera eternamente, pedalada a pedalada, buscando la siguiente curva, esa que no llega nunca, para intentar distraer la cabeza.

 

Podría deciros que casi todas las subidas que he hecho a esta mole han sido bien diferentes, pasando un calor de morirse (40ºC, 1998) a la niebla, la lluvia y el fresco de otras ediciones, sin poder llegar a decir que he pasado frío, pues esto, en el Marie Blanque, es imposible que suceda y siempre con sensaciones variadas, buenas o malas, aunque estas últimas siempre me han ganado por mayoría absoluta con “esa sensación de intentar avanzar sobre una bici estática” que tan bien describía el propio Miguel Gay-Pobes.

Como gran anécdota, recuerdo mi primera ascensión. Sus primeros kilómetros decepcionaron un tanto a los que me acompañaban (“¿Esto es el terrible Marie Blanque? Esto no asusta a nadie”) Y que incluso subían a plato aquellos suaves primeros desniveles. Qué equivocados estaban, cuando de repente se toparon con el muro, la famosa recta infernal de 4 km al 12%, que muchos afrontamos completamente atrancados, otros haciendo eses o bien andando con la bici en la mano.

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El Marie Blanque no es un col más, es muy conocido por el populacho, y en el Tour 2020 por fin tendrá la relevancia que merece.

Recuperamos las sensaciones de Nacho cuando la cima se programó para julio, y nos llega un seis de septiembre.

Cosas del 2020.

 

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😕 Cuando vi este vídeo, no me gustó.

Tengo la sensación de que se juzga a Movistar Team desde una óptica muy negativa, y me parece bastante injusto.

👇 Os cuento en este hilo mi punto de vista sobre el equipo y las consecuencias de su posible descenso.

Aunque parezca rigurosa, la descalificación de Marianne Vos es, con la norma en la mano, más que justa

https://joanseguidor.com/marianne-vos-descalificacion/

Las zapas @dmtcycling de Pogacar, blancas, limpias, un guante que se ajusta a la antigua usanza, con cordones, elegantemente escondidos

https://revista.joanseguidor.com/zapatillas-dmt-krsl/

Veo emoción en la parroquia con el debut de Carlos Rodríguez en la Vuelta, pero olvidáis, querid@s, que el mocetón va con varios líderes en ineos.
Eso no quita que pueda brillar, pero las opciones son menores de inicio

https://joanseguidor.com/vuelta-2022-carlos-rodriguez-ineos/

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