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Puertos de Montaña

Santuario de Bellmunt: una historia de ciclismo medieval

Publicado

en

Shimano 2021 Junio

Bellmunt es una cima que parece suspendida del aire

 

Hoy subimos a Bellmunt…

-«Me pondré herraduras del 29» ­–le dijo Alltac, el noble y valeroso caballero, a su fiel escudero Idroj.

Curtido en mil batallas, el señor de Taguc se disponía a afrontar la última contienda para hacerse con todo el condado de Barcelona y sus preciadas montañas.

Montados en sus corceles metálicos y cansados después de duros combates con los oscuros habitantes de los montes de Bracons y Collfred, se dirigían hacia Sant Pere de Torelló a la conquista de Bellmunt y el Santuario de su cima, que ya divisaban desde muy lejos, y es que la ermita, como siglos después diría Jacinto Verdaguer, “está suspendida en el cielo”, a 1246 metros de altitud.

-«¿Hasta allí arriba tenemos que llegar, mi señor?»

 

Alltac miró con compasión a Idroj, asintiendo con la cabeza, sabía que su compañero de batallas andaba tocado y que no le iba ayudar mucho el hecho de que su montura sólo dispusiera de herraduras del 27, pero confiaba plenamente en él y sabía que le iba a acompañar en este último reto hasta el final, hasta el último suspiro, y que se dejaría la última gota de sudor y sangre que le quedara.

Cundía entre ellos un cierto miedo escénico, al ver en todo lo alto el destino final de la conquista.

No sabían qué se iban a encontrar, ni entre qué duros caminos tendrían que abrirse paso.

Ni siquiera conocían qué tipo de guerreros defendían estas tierras.

Habían oído decir muchas cosas como que entre sus bosques se escondían hábiles combatientes con la espada, de hojas afiladas ¡hasta un 23%!

«Los moradores de esta montaña cuentan además con la ayuda divina de la Virgen de Bellmunt» –explicaba Alltac dirigiéndose a su escudero.

«Dicen que la imagen de la Virgen viajaba en un barco proveniente de Alejandría, hace muchos siglos, –proseguía Alltac-, y que era tan brillante que incluso la noche era clara como el día y podía navegar sin peligro, pero al pasar por estas costas su resplandor se apagó y el barco se detuvo, no podía seguir avanzando.

A lo lejos, en esta montaña, vieron una luz más brillante que el sol y entonces entendieron que la Virgen quería quedarse aquí, en la cumbre de Bellmunt, donde se la venera».

Cuando llegaron a Sant Pere a la hora nona y después de un breve y merecido descanso junto a una de las fuentes del pueblo, emprendieron la marcha prácticamente sin oposición, dirección a la ermita.

Un indicador en un desvío marcaba el camino a seguir. No había pérdida.

-«Sólo hay una legua y media de distancia, mi señor».

 

Sí, sólo iban a ser unos 7 km, pero no los iban a olvidar en su vida y tendrían que salvar un desnivel de casi 700 metros, llenos de peligros amenazantes, como el primero que se encontraron, en el mismo pueblo y en la rampa que daba inicio la ascensión, en forma de espada al 11%, que no tardaron en derrotarla.

Saliendo de la población y dejando el cementerio a su derecha, cogieron el desvío definitivo, quedando gratamente sorprendidos por el buen estado del pavimento de la ruta, estrecha pero muy transitable.

Parece ser que los señores del condado decidieron arreglar la senda para poder facilitar las romerías de veneración a la Virgen, sin darse cuenta que con esto estaban facilitando la labor a tropas invasoras que hasta ahora no se atrevían a conquistarla dado el mal estado del camino para sus corceles metálicos.

Pero ahora no existía ningún tipo de excusa.

Los portabicicletas de Cruz 

Cuenta la leyenda que en este camino que se enfila hacia la montaña murió asesinado a manos de su propio pueblo el señor del Castillo de Besora, de conducta déspota y cruel con sus subordinados que, cansados de sus humillaciones, se reunieron secretamente para deshacerse de su amo definitivamente, organizando una cacería de jabalís.

Aquí, al pie del Santuario, en lugar de atacar a las fieras, dieron muerte al amo y señor. El Tribunal que juzgó los hechos preguntó: «¿Quién lo ha matado?», y la gente respondió: «El pueblo».

Ambos siguieron ascendiendo y, protegidos por su coraza metálica y sus perneras, fueron sorteando uno tras otro todos los enemigos que les fueron saliendo al paso en forma de lanzas al 15%, hachas al 13% y espadas al 18%.

Todo un peligro mantenido en la defensa que hacían de la montaña los invisibles habitantes del bosque.

La crueldad de los combates no dejaba disfrutar del hermoso paisaje que iban dejando atrás.

Cuando podían, levantaban la mirada y observaban con incredulidad como la tierra media iba quedando ya muy abajo.

Las herraduras de los corceles metálicos echaban chispas en las continuas revueltas que les hacían ascender rápidamente, dejando al descubierto toda la belleza de la subida, donde el espectáculo no se escondía, ideal para grandes torneos medievales.

Llegando al km 3 de la ascensión es cuando sufrirán el ataque más sostenido, largo y demoledor con una espada entera mantenida al 11,6% y desde donde una catapulta, allá arriba, al final de la durísima rampa, les irá lanzando piedras de gran volumen al 13, 14 y 18%, que les hará retorcer de dolor para sortearlas.

Repelido el ataque y esquivado el trance, pararán en el mirador de la Virgen de Montserrat, a mitad de camino de su preciado objetivo, para dar las gracias, arrodillándose extasiados por la contemplación de maravillosas vistas de los macizos del Montseny y Montserrat y de la Plana de Vic.

Después de rezarle a La Moreneta para que los ayudara de aquí en adelante, continuarán por el camino, esta vez encajonado en la montaña, siguiendo el sinuoso trazado de curvas y donde Alltac se avanzará unos metros por delante, dejando a su escudero cubriéndole las espaldas que, a estas alturas, lleva un paso mucho más cansino.

Sin duda, la armadura mucho más ligera del audaz caballero le hizo adelantarse en la vanguardia, zafándose de nuevos ataques en forma de espadas al 13, 15 y 16%, y es que este cuarto mojón seguía estando por encima del 10% de “espada media”.

Por detrás Idroj, iba rematando la faena de su señor.

 

En este punto, a unos mil metros de altitud, aparece ya muy cerca la figura del Santuario y piensan que está ahí mismo.

Se preguntarán cómo es posible que la pista suba hasta allí en tan poco espacio y creerán que la contienda está a punto de finalizar, pero nada más lejos de la realidad, y aún sufrirán varias emboscadas al 15 y 16%.

Entre ellas, tendrán que eludir el ataque de una nube de hormigas voladoras.

Enormes enjambres de alados que, como cada año por estas fechas, se dirigen a la ermita, inundando su templo y muriendo en él, rodeando la imagen de la Virgen, nunca posándose en ella ni en su altar.

Un misterio de la naturaleza sin explicación alguna.

-«Por eso desde siempre la conocen como la Virgen de las Aladas» –apostilló Alltac a su fiel y ya recuperado compañero de batalla.

Pero aún les quedará el combate final, el más duro y sangriento, pasado el sitio donde los lugareños dejan sus carruajes, ya que es imposible para ellos el subir por la pista de cemento de acceso al Santuario.

Alltac e Idroj, a lomos de sus cabalgaduras metálicas afrontarán este último tramo de 400 metros, tremendo, derrotando una tras otra las mejores y más fuertes espadas del enemigo: un guerrero escondido en la primera rampa al 22%, otro en una curva al 23%, donde a Idroj a punto estuvo de costarle la vida, cayendo allí, víctima de su afilada espada.

La dureza del terreno obligaba a tirar fuerte de riñones para agarrar bien la montura metálica.

Suerte que Alltac pudo subir a Idroj nuevamente a su palafrén para que le acompañara definitivamente a la gloria venciendo las últimas resistencias al 18 y 20%, al paso entre dos enormes rocas.

 

Y allí estaban, a las puertas de la ermita, tomando posesión de esta tierra, atalaya de los cuatro puntos cardinales: al Sureste, el Montseny, al Oeste, Sant Llorenç del Munt y Montserrat, y al Norte, espectaculares vistas al Pirineo, el Pedraforca, el Puigmal y el Canigó.

Abajo, un mar de nubes, impresionante.

Iniciado el descenso, un cierto temor se apoderó de los corceles metálicos.

Había que ir frenándolos pues la fuerte pendiente los intentaba descabalgar una y otra vez.

Por fin llegaron a Sant Pere donde ambos se pudieron restañar de sus heridas y celebrar por todo lo alto el nuevo hito conseguido.

Con esta conquista se había abierto un nuevo frente y durante los años siguientes muchos fueron los exploradores que atraídos por el reto y por su extraordinaria belleza, se aproximaban hasta Sant Pere de Torelló.

De lo que Bellmunt se ha dicho queda recogido en los manuscritos de la época por los propios caballeros que lo han sufrido en sus carnes: “escalofriante”, “recomendado a aventureros”, “bonita la subida, y dura, dura…”, “muy exigente”, “preciosa y dura ascensión”, “pata negra, nuevo referente catalán”, “atractivo paisaje”, “hacen falta muchas fuerzas para conquistarlo”, “el último tramo de subida, el más duro, épico”, “CIMA con mayúsculas”, “trazado espectacular”, “hay que verlo en vivo, alucinante”, “he experimentado el miedo y el vértigo”, “de una extrema y dura continuidad”, “pendientes endiabladas”…

Pero sin duda la más acertada es “cómo duele Bellmunt”.

En tu mano está el seguir escribiendo la historia en la conquista de esta fascinante y apoteósica ascensión: coge tu mejor armadura y tu corcel metálico y ven, Bellmunt te espera.

Que Dios te bendiga.

Foto: Pau Catllà

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La Covatilla, la cima «blanca» de la Vuelta

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La Covatilla - Santi Blanco JoanSeguidor
Shimano 2021 Junio

En La Covatilla se juega la suerte final de la Vuelta y la temporada 2020 

Recordando La Covatilla no podemos evitar que nos venga a la memoria la imagen del salmantino Santi Blanco, porteño de Puerto de Béjar (a 8 kilómetros de Béjar), escalando con dificultad las terribles rampas de esta gran cima bejarana.

Os invitamos este segundo domingo de noviembre, a desplazaros hasta la Sierra de Béjar en Salamanca, para que probéis de primera mano, y en vuestras piernas, la dureza que no se esconde en este alto de La Covatilla camino de su estación de esquí.

Una ascensión terrorífica con varios kilómetros enteros por encima del 10% y rampas máximas de hasta el 17% de desnivel.

Un muro que se dio a conocer al mundo del ciclismo un 26 de septiembre de 2002, con la disputa de la 17ª etapa de la Vuelta.

Otra jornada para el recuerdo.

 

En ella se ponía al descubierto otro puerto inédito de categoría especial con una carta de presentación tremenda con sus duros desniveles pero que se mostraba ante la afición como un puerto puro, con una calzada nueva con un firme en un estado perfecto para que se deslizaran cuesta arriba las finas ruedas de los ciclistas.

No en vano, la estación de esquí se había inaugurado un año antes, no sin polémicas medioambientales con los ecologistas que se oponían, abriendo un espectáculo grandioso con unas vistas impresionantes desde la estación de sierras y pueblos como la de Gredos o la propia ciudad de Béjar.

A los pies de La Covatilla, Lale Cubino

Desde esta localidad que vio nacer otro gran ciclista como nuestro protagonista –Lale Cubino– y que hace que nos preguntemos qué tendrá esta tierra para dar tan enormes escaladores como el propio Cubino, Santi Blanco y, cómo no, Roberto Heras, porque aquella jornada de septiembre en la Vuelta a España ganó el porteño, agónicamente pero ganó, pero sobre todo venció Béjar, situada a 950 metros de altitud (quizás de este dato podamos extraer una buena explicación de por qué es cuna de grandes corredores), porque en aquella etapa además quedó en segunda posición Roberto Heras, en la edición que perdió el maillot oro en la última contrarreloj a manos de Aitor González, que ganó en el inédito final del Estadio Santiago Bernabeu.

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Aquel día los salmantinos hicieron bueno el dicho y fueron profetas en su tierra con la descomunal cabalgada de un motivado Santi Blanco, dejando el pelotón a más de 6 minutos a 10 kilómetros para meta, tiempo que tuvo que administrar con mucho sacrificio, pasándolo bastante mal ante el empuje de Roberto Heras que aceleró brutalmente dejando de rueda a Aitor González que aguantó todo lo que pudo, bastante más de lo imaginado, y que fue su gran rival para ganar aquel año.

Y es que sólo 40 segundos, de la renta que llevaba, le separaron de su vecino bejarano, en una ascensión que todos sufrimos viendo como Santi iba perdiendo los minutos de ventaja como un collar de perlas roto, retorciéndose en una primera rampa superior al 10%, pedaleando con mucha dificultad el resto de la ascensión mientras Roberto daba un recital por detrás.

 

Hasta que no entró en el último kilómetro, con un minuto de adelanto, no supo que iba a ganar aquella etapa a casi dos mil metros de altitud, superando la rampa final al 14% y tocando el cielo alzando sus brazos al viento, igual que lo haréis vosotros cuando superéis el tremendo muro bejarano.

Béjar al poder.

Por Jordi Escrihuela

Imagen tomada de El Norte de Castilla 

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Seis cosas que le dio el Angliru al ciclismo

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Grandes vueltas
Shimano 2021 Junio

Cuando el Angliru entró en el recorrido de la Vuelta, ésta no volverá a ser la misma

Ya lo dijimos, con el Angliru cambió todo. 

Pero aquella tarde de septiembre, cuando el pelotón se puso rumbo al Angliru desde León para ver al Chava en su día de más gloria, el ciclismo inició un camino de retorno por que iba ruta de la cima que iba a romper las reglas.

 

En breves cuentas el Angliru le dio al ciclismo…

1. Un símbolo, otro más para el ciclismo, el Angliru fue un regalo, como el día que se descubrieron los Lagos de Covadonga, o se holló por primera vez el Tourmalet, sitios clave en la historia de este deporte más que centenario.

2. Una historia narrada por los grandes, por los que trascienden al deporte, recuerdo estrellas de la radio en directo, Manolo Lama, que no será santo de nuestra devoción, pero que estuvo ahí dándole jabón al Chava, el corredor que en ese momento cargaba con el peso de una fama que excedía cualquier lógica.

3. Un día para encumbrar el Chava, un ciclista que nunca nos apasionó, pero que rompió el corazón por media España. En su leyenda siempre quedó la remontada en el Angliru, el premio in extremis, adelantando a Pavel Tonkov en el descenso previo a meta, entre la niebla y los coches.

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4. Un nuevo ciclismo, un ciclismo que premiaba los desniveles, que buscaba las paredes, una tendencia que con los años se acentuó, pero que parece más contenida, los muros se frecuentan, pero no tanto como .

5. Un puerto mediático, el Angliru fue el primer puerto que ocupó portadas, por sus pendientes, curvas, dureza y dificultad, llegando incluso a superar a los ciclistas.

6. El faro de la Vuelta que en su desafío logístico apostó por irse a un sitio que le diera lustre y proyección, entre todos los colosos asturianos, tuvo que aterrizar en éste.

Desde entonces el Angliru ha coronado a grandes escaladores como Heras, Simoni o Contador, el único que ha ganado dos veces aquí.

Siete veces ha entrado en la ruta de la Vuelta, se prevé volver este año si la situación se normaliza.

Si nos pedís uno, aquella subida de 2002, cuando ganó Heras con Aitor González y Oscar Sevilla tirándose los platos por detrás… esa tarde fue caliente, a pesar de la lluvia que todo lo empapó.

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Marie Blanque en el Tour: Por fin va a ser decisivo

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Marie Blanque Tour 2020 JoanSeguidor
Shimano 2021 Junio

El Tour 2020 le da la mil veces negada oportunidad de ser trascendente al Marie Blanque

Ya están los Pirineos aquí, y el Col de Marie Blanque no será una montaña más, ni de paso, en el Tour de Francia 2020.

Sobre el lugar, la «dama blanca», nuestro compañero Jordi Escrihuela nos escribió hace un tiempo…

Lo he ascendido once veces, las cinco primeras de forma consecutiva (1997-2001) y podría dar para escribir un libro todas las sensaciones, para lo bueno y lo malo, que yo he vivido ascendiendo este puerto. Aquellos años encadenado al terror de los Pirineos Atlánticos tuve una extraña sensación: cada vez que volvía y me enfrentaba al muro de sus 4 km finales y engranaba todo lo que llevaba detrás (desde 39×26, pasando por toda la gama, hasta el compact 34×27) me daba la sensación como si el tiempo no hubiera pasado y allí me veía de nuevo escalando mi dulce tortura (Miguel Gay-Pobes), como si lo hiciera eternamente, pedalada a pedalada, buscando la siguiente curva, esa que no llega nunca, para intentar distraer la cabeza.

 

Podría deciros que casi todas las subidas que he hecho a esta mole han sido bien diferentes, pasando un calor de morirse (40ºC, 1998) a la niebla, la lluvia y el fresco de otras ediciones, sin poder llegar a decir que he pasado frío, pues esto, en el Marie Blanque, es imposible que suceda y siempre con sensaciones variadas, buenas o malas, aunque estas últimas siempre me han ganado por mayoría absoluta con “esa sensación de intentar avanzar sobre una bici estática” que tan bien describía el propio Miguel Gay-Pobes.

Como gran anécdota, recuerdo mi primera ascensión. Sus primeros kilómetros decepcionaron un tanto a los que me acompañaban (“¿Esto es el terrible Marie Blanque? Esto no asusta a nadie”) Y que incluso subían a plato aquellos suaves primeros desniveles. Qué equivocados estaban, cuando de repente se toparon con el muro, la famosa recta infernal de 4 km al 12%, que muchos afrontamos completamente atrancados, otros haciendo eses o bien andando con la bici en la mano.

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El Marie Blanque no es un col más, es muy conocido por el populacho, y en el Tour 2020 por fin tendrá la relevancia que merece.

Recuperamos las sensaciones de Nacho cuando la cima se programó para julio, y nos llega un seis de septiembre.

Cosas del 2020.

 

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Rasos de Peguera, paso de bandoleros

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Shimano 2021 Junio

Rasos de Peguera es otro coloso olvidado

Joan García Ayllón, en su libro:”Ciclistes! Altimetries de totes les carreteres de Barcelona (1994)”, mi biblia cicloturista, nos presentaba esta joya llamada Rasos de Peguera de la siguiente manera:

“1ª Especial: Rasos de Peguera o Creu del Cabrer. Considerado el 4º más duro de Catalunya. Desde Colonia Rosal pasando por Berga hasta la estación de esquí a 1892 m de altura, 18 km, siendo los 15 finales a más de un 7% de media y para ciclistas muy bien preparados”.

 

Conocida como la subida a los Rasos de Peguera, o simplemente los Rasos, Joan nos daba a conocer esta otra curiosa denominación del coll: Creu del Cabrer, por la gran cruz que corona el puerto y que nos acoge al finalizar la escalada, parada obligada de todos aquellos ciclistas que quieran echarse unas fotos junto al Sant Crist y el cartel del puerto.

Todo un hito para guardar y enmarcar.

Pero puede que ese nombre haya sido labrado por una leyenda que narra que, en el siglo XIX, en las cuevas de esta montaña, se escondía un famoso bandolero: Josep Costa “El Cabrer”, un bandido que robaba a los ricos para dárselo a los pobres.

Pastor de cabras en una rica masía de Berga, fue un ladrón idealizado que destacaba por su carácter pacífico.

Nunca utilizó la violencia, sino su inteligencia y astucia, maestro en el disfraz, escogía siempre víctimas ricas, sintiendo predilección por robar a rectores.

Como suele suceder, a El Cabrer, solo lo pudieron capturar por una traición, aquí mismo, en los Rasos de Peguera, donde de camino a Berga los mossos d’esquadra lo fusilaron.

Si subís este puerto, podréis acordaros de esta historia cuando en el kilómetro 11 de ascensión, ya a 1482 m de altitud, antes de afrontar uno de los tramos más difíciles del puerto, atraveséis el curioso Pas del Lladres (paso de ladrones), un bello tramo de carretera encajonado entre grandes rocas.

Dejando de un lado mitos y bandoleros, Rasos de Peguera tiene el honor histórico, y esto no es leyenda, de ser el primer núcleo de pistas de esquí de Catalunya, que se remonta a principios del siglo XX.

Aquí nació la práctica y la pasión por este deporte de invierno en tierras catalanas, con esta pequeña estación de montaña, ideal para iniciarse en familia y dar los primeros pasos con los esquís, aunque sean con pocos centímetros de nieve.

Mi primera vez

Rasos fue mi primer grande, mi primera experiencia en un gran puerto.

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Lo subí en una de las recordadas «marxes» que organizaban algunos clubes catalanes que lograban pequeños milagros como celebrar este tipo de marchas que pertenecían a un selecto circuito de pruebas (todos lo conocíamos como La Xallenge).

Era un caluroso 4 de julio de 1993.

Por delante, un corto y duro recorrido de solo 80 km entre Gironella y Rasos de Peguera, todo un desconocido para mí.

Sabía a la altura que se ascendía, la longitud, y que a todo el que le preguntaba solo sabía contestarme que “era muy duro”.

Con temor, empecé a subir con los desarrollos que se movían entonces, en mi caso un 42 x 24.

¡Qué valor! ¿Verdad? No teníamos otra cosa.

Pero lo subí, vaya si lo subí, y del tirón…

Lo pasé mal, junto a otros que como yo íbamos bastante atrancados, pero aún tengo grabado en mi memoria aquel día como el de haber hecho una gran faena.

Había ciclistas que no podían más y se tumbaban en la cuneta, otros que subían andando, y los que pedaleábamos como podíamos.

No era frecuente meter tanta dureza en aquel tipo de marchas, pero fue todo un descubrimiento para mí, donde quedé enamorado definitivamente de la alta montaña y sus paisajes.

Recuerdo ascender más de medio puerto con un jovencísimo chaval de la U.E. Sants.

Debería tener la edad mínima para participar, unos 16 años, charlando con él y dándonos ánimos mutuamente fuimos superando rampa tras rampa.

Llegamos a la parte final de la carretera, donde se bifurca, siendo el carril de la derecha de subida y el de la izquierda de bajada, formando un curioso bucle, antes de encarar la última y dura cuesta con la visión de la gran cruz por encima de nuestras cabezas.

Mantenimiento: ¿Cómo darle años de vida a la bicicleta?

La llegada fue indescriptible, cruzamos juntos la imaginaria línea de meta alzando nuestras manos en señal de victoria.

No me acuerdo del nombre de aquel chico, pero si estuviera leyendo estas líneas y se acordara de este hecho, me encantaría saludarlo afectuosamente. Han pasado 27 años.

Después de esta primera escalada, lo volví a subir cuatro veces más.

 

La segunda, al poco tiempo en aquella misma marcha, que iba alternando la ascensión al coloso con otra bastante más corta (4,5 km) pero muy explosiva (7,5% de media) con rampas máximas al 12%: la subida al Santuari de Queralt, con unas vistas privilegiadas sobre la ciudad de Berga.

Luego volví en 1999, un día de excursión que me tomé para ver en directo la 13ª etapa de la Vuelta entre La Farga de Moles y los Rassos de Peguera, una escalada que realicé entre aficionados, cicloturistas, senderistas, boletaires y gente de todas las edades que subían andando para contemplar en directo a sus ídolos y ver en primera línea…

…la reivindicación de Zülle

Lo vimos pasar como una exhalación, subiendo rápido y fuerte en busca de la victoria, encarando la dura rampa final del puerto.

El genuino Álex Zülle conseguía el segundo triunfo de etapa para el Banesto, en la recordada edición de la Vuelta a España del 99.

Zülle levantaba por fin los brazos en la meta de un gran puerto, con aroma a Tour, este poco conocido Rasos de Peguera, en lo que a ciclismo profesional se refiere.

Ascendido en solo tres ocasiones en la ronda española: en 1981, con victoria para Belda; 1984 con victoria para Caritoux, seguido de Perico que nos dio la alegría de salir de amarillo de este Gigante del Berguedà, y en aquel 18 de septiembre de 1999, donde el suizo se reivindicaba después de un año 98 horrible y de haber fallado desde el principio en aquella Vuelta, cayendo de la lista de favoritos a las primeras de cambio.

Yo estaba ubicado en una cuneta a 500 m de la llegada, contemplando una panorámica excepcional, con la visión de toda la carretera en sus kilómetros finales.

Aquí fue donde Zülle tuvo claro que iba a ganar, demarrando en seco en cuanto vio la pancarta del premio de la montaña, dejando atrás a su compañero de escapada Miceli.

Detrás de ellos, como motos y a menos de 40 segundos, pasaban Jiménez, Piepoli, Heras y Ullrich, que consiguió aguantar el amarillo y proclamarse vencedor en Madrid.

Fue una etapa decisiva: Tonkov quedaba fuera de combate, Olano sufría con su costilla rota por la caída sufrida en el Cordal, Igor González de Galdeano pasó muchas dificultades y los Banesto (Jiménez, Beltrán y Piepoli) no podían atacar teniendo a Zülle delante.

Solo le probaba Roberto Heras, pero en cuanto se movía, Jiménez no le dejaba escapar, lo que a Jan le vino muy bien: “Es un puerto difícil que se ha subido muy fuerte, pero en todo momento he tenido buenas sensaciones”, comentó el alemán.

Para los que aún no habéis degustado esta cuesta, no se os ocurra menospreciarla.

Quizás no tenga la dureza de otros puertos vecinos, como el terrorífico Pradell, pero es un coll que hay que tomárselo muy en serio, sin confianzas, y que a vuestro paso por el Pas del Lladres, creyéndoos ya cerca de la victoria final, que no venga alguien por detrás y os robe la cartera.

Foto: https://www.1001puertos.com

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No veo a nadie más favorito que Wout Van Aert en el Mundial de #Flanders2021, es tan tan tan favorito que da hasta grima.

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