Ciclismo antiguo
Estrellas del Giro: Eddy Merckx
La leyenda de Eddy Merckx explotó en el Giro de Italia
Dicen que la primera gran victoria de Eddy Merckx fue en el Giro, en el Blockhaus.
Entender la figura de Eddy Merckx exige despojarse de la frialdad de las cifras para adentrarse en la psicología de un competidor insaciable, un ciclista que no entendía de treguas ni de diplomacia sobre el asfalto.
Se le conoce como El Caníbal, un apodo que define a la perfección a ese corredor nacido en Meensel-Kiezegem en 1945 y que estuvo en activo entre 1961 y 1978.
Su idilio con la bicicleta comenzó a los ocho años, inspirado por Stan Ockers, aquel ganador del maillot verde que alimentaba los sueños infantiles de un Merckx para quien el Tour de Francia lo era absolutamente todo.
Con el tiempo, Edouard Louis Joseph se transformaría en una bestia competitiva cuyo único objetivo real era ganar siempre, en cualquier escenario y ante cualquier rival.
El resultado de esa voracidad son quinientas veinticinco victorias, un registro colosal que llevó a la revista francesa Vélo a nombrarlo en el año 2000 como el más grande de la historia de este deporte.
Su palmarés marea a cualquiera: cinco Tours de Francia, cinco Giros de Italia, una Vuelta a España, tres campeonatos del mundo en carretera, el récord de la hora y todas las grandes clásicas del calendario con la única excepción de la París-Tours.
Es una acumulación de récords de todo tipo que difícilmente será igualada jamás, situando al Ogro de Tervueren de forma indiscutible en el número uno de cualquier clasificación histórica de este deporte.
Sin embargo, la grandeza de Merckx no camina sola; avanza de la mano de una sombra incómoda que el ciclismo de su época estiraba con demasiada frecuencia.
Su trayectoria profesional permanece bajo la sospecha del dopaje debido a tres episodios concretos que generaron una enorme polémica.
En 1969 se le detectó fencamfamina, en una segunda ocasión dio positivo por norefedrina y la tercera sustancia en discordia fue la pemolina.
Aunque el belga siempre proclamó su inocencia y se sintió víctima de las circunstancias, las voces disconformes y las críticas rigurosas lo persiguieron en cada uno de esos pasajes, dejando un rastro de debate que aún hoy acompaña a su mito.
Su retirada definitiva llegó en 1978 tras disputar el Tour de las Regiones Flamencas.
A partir de ahí, los reconocimientos institucionales ocuparon el lugar de las victorias de etapa: en 1996 el Rey de Bélgica lo nombró Barón, recibió el Trofeo UCI al mejor ciclista del siglo veinte y ostenta el rango de Comandante de la Legión de Honor en Francia.
Su huella es física y cultural, visible en el velódromo de Mourenx, en libros, películas, cómics y en las estatuas que lo recuerdan en Meise o en su localidad natal.
Hoy, alejado de la carretera pero vinculado al negocio con su propia marca de bicicletas y colaboraciones ocasionales como comentarista, Merckx sigue siendo el espejo donde se mira un ciclismo que, incluso en los días de Francesco Moser, supo que nunca volvería a ver a nadie igual.






