Ciclismo de carretera
Simon Yates no podía dejarlo más alto
Poco más y Simon Yates se retira con el roscón de Reyes
La noticia ha caído como un bloque de hielo en el asfalto de enero: Simon Yates se retira.
No es una retirada de “oro y brillantes” tras una temporada de despedida; es un corte seco, una bajada de persiana que deja al pelotón y a los aficionados con la boca abierta.
¿El motivo? Me imagino teorías conspiranoicas, cada uno tendrá la suya.
A los 33 años, y tras haber sumado un Giro de Italia a su palmarés hace apenas unos meses —con aquella exhibición en Finestre que nos recordó por qué amamos este deporte—, el de Visma decide que ya ha tenido suficiente de este oficio de locos.
En este mal anillado cuaderno, siempre hemos sido mucho de Simon Yates y, por extensión, de los Yates.
Son ese perfil de ciclista que justifica encender la televisión: excelentes profesionales con un palmarés envidiable, pero sobre todo, corredores que han sido el picante necesario en cada gran cita, el auténtico perejil de todas las salsas.
Resulta casi poético que Simon elija este momento.
Se marcha con el trofeo “Senza Fine” aún brillante, cerrando un círculo que empezó a dibujar hace años.
No olvidemos que este es el mismo corredor que ya reinó en la Vuelta a España 2018, que se llevó el maillot blanco del Tour de Francia en 2017 y que ha levantado los brazos en las tres grandes vueltas, sumando hasta once victorias de etapa entre Francia, Italia y España.
Incluso antes de ser el escalador de referencia, ya nos avisó de su clase siendo Campeón del Mundo de Pista en 2013.
La era dorada del ciclismo británico…
Es el estilo Yates: polivalente, impredecible y siempre auténtico.
Ha sabido marcharse en la cima, tras una última temporada donde además del Giro, volvió a morder en el Tour.
Algo que muy pocos en la historia del ciclismo moderno —obsesionado con exprimir el vatio hasta la última gota— se atreven a hacer.
En un deporte cada vez más robótico, donde los corredores parecen software programado por directores de rendimiento, Simon era un verso libre.
Su salida prematura es un síntoma: si incluso el que gana carreras de la talla de la Tirreno-Adriático o el Tour de los Alpes decide que el precio de seguir es demasiado alto, algo está cambiando en la psique del ciclista de élite.
No busquen aquí conjeturas sobre su futuro.
Simon Yates ha dicho basta y lo hace bajo sus propios términos, dejando una vacante imposible de llenar con la misma mística.
Se va un corredor que, cuando arrancaba, nos hacía levantarnos del sofá porque sabíamos que algo iba a pasar, para bien o para mal.
Echaremos de menos ese factor caos que solo los elegidos como él sabían imprimir a la carrera.



