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Ciclismo

Top2025 Simon Yates, el gregario que ganó un Giro

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El Giro de Simon Yates salió de la norma y todo pronóstico

Que si Roglic, que si Ayuso, que si Del Toro, no contaron con Simon Yates y se la lió.

Simon Yates no llegó a este Giro por casualidad, sino por una especie de karma acumulado.

CCMM Valenciana

Durante años, ha caminado con una cuenta pendiente, una deuda invisible con el Giro que lo miraba desde la sombra de Finestre.

Esa montaña que le robó la gloria, ha sido testigo de su reivindicación.

En la contrarreloj de su historia, Yates pedaleó con la serenidad de quien sabe que ganar no solo es cuestión de potencia, sino de memoria.

No buscaba un golpe de efecto: no iba a estallar en un ataque salvaje ni a alcanzar el podio con fuegos artificiales. No.

Eligió la sutileza, el cálculo frío, el paso medido.

Esa es la lección que deja este Giro: que el ciclismo de las grandes emociones también se gana con cabeza.

Su victoria en Roma no fue solo deportiva, sino emocional.

En Finestre, donde otros han escrito hazañas legendarias, Yates cerró un círculo: llegó al puerto sabiendo quién era, lo que había vivido, y lo que debía saldar.

No atacó con rabia, sino con precisión quirúrgica, como si cada pedalada fuera una palabra en un relato largamente escrito, una frase que redime.

Porque el Giro no era un trofeo cualquiera para él, era una deuda moral.

Yates lo dijo: “tenía que cerrar este capítulo”.

Esa frase no es postureo, es la confesión de un ciclista que entiende que las grandes vueltas no se ganan solo con piernas, sino con cicatrices que nunca se borran.

Por cierto, que su hermano Adam ha dicho que en su lugar, él ya se retiraba.

Muchas veces dudamos: preguntamos si será su gran objeto de deseo o si su ambición lo llevará a otras carreras.

Lo cierto es que su triunfo reafirma una idea: a veces, el mejor fichaje no es quien impresiona en los sprints o en la montaña, sino quien resuelve su propia historia.

Yates ha sido el golpe más silencioso, pero también el más profundo.

Algunos no queríamos que ganara el Giro, por cariño a Carapaz y expectación por Del Tour.

Pero en su triunfo hay algo profundo: la madurez de quien tiene un duelo interno y lo resuelve a pedales.

No ha sido solo un triunfo físico, ha sido una absolución.

Este Giro nos deja la gran lección de Simon Yates: que la cicatriz pesa, que los fantasmas de las vueltas se pueden domesticar, que la victoria perfecta no necesita gritos.

Porque cuando un corredor gana con panza, con alma y con historia, el triunfo es mucho más ciclista.

Y para colmo, la guinda de la etapa del Tour… 

Imagen: A.S.O./Billy Ceusters

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