Ciclismo
Simon Yates y el derecho a decir basta
Con objetivos deportivos cumplidos y exigencia creciente, Simon Yates quiere dedicarse a otra cosa
La noticia de la retirada de Simon Yates ha caído como un jarro de agua fría, pero si analizamos el ciclismo que habitamos, la decisión tiene una lógica aplastante.
Estamos ante el adiós del vigente ganador del Giro de Italia, un corredor que, con los deberes hechos y el palmarés lustroso, ha decidido que ya basta.
Su adiós es llamativo por el “cuándo”, pero sobre todo por el “porqué”: demuestra que no todos los ciclistas están dispuestos a seguir aceptando un sacrificio que hoy se ha vuelto salvaje e inhumano.
Simon Yates es de esos corredores que ha conocido el ciclismo de “antes” y el de “después” de la pandemia.
Él ha sentido en sus carnes cómo la exigencia ha mutado de una profesionalidad estricta a una monitorización absoluta.
Mantener el nivel en este pelotón que vuela a velocidades de otra galaxia es un desgaste que no solo consume piernas, sino también la voluntad.
Yates ha entendido que sus objetivos deportivos están cumplidos y que, al ritmo que se compite hoy, seguir estirando el chicle no compensa el peaje vital que exige.
Resulta inevitable preguntarse por la lectura interna en el Visma-Lease a Bike.
De puertas hacia afuera el discurso es de respeto total, pero la realidad es que la apuesta por Simon se ha quedado en un solo año.
Es cierto que les ha dado un Giro de Italia —un éxito que engorda tanto su historial como el del equipo—, pero su rol teórico como el gran escudero de Jonas Vingegaard ha sido fugaz.
Entre su decisión personal y un Tadej Pogačar que en el pasado Tour se mostró intratable, su función de gregario de lujo apenas ha tenido recorrido práctico.
Por último, conviene hablar claro frente a los de siempre.
Para aquellos que, cada vez que un ciclista de élite se baja de la bici, empiezan a especular con asuntos de dopaje o el pasaporte biológico: quizás deberían buscar otro deporte.
Si la sombra de la sospecha es lo único que ven en una retirada imprevista, es que no entienden el nivel de agotamiento que genera este oficio.
Simon Yates se va porque el ciclismo actual no espera a nadie, y él ya ha dado todo lo que tenía que dar.




