Ciclismo
Entre Flandes y Roubaix, la gente prefiere la segunda
El factor sorpresa de Roubaix pesa sobre la dureza sobrevenida de Flandes
Entre papá y mamá, entre Flandes y Roubaix, la gente se quedó con la carrera del lado francés.
Aunque la estadística fue casi dos tercios para Roubaix, uno para Flandes, sin embargo la votación no fue fácil.
Qué prefieres❓
Y por qué ❓— JoanSeguidor (@JoanSeguidor) March 29, 2024
A mí personalmente me pondrían en brete si me dieran a escoger, pues cada una es un festival.
El Tour de Flandes es arraigo en la tierra, una fiesta de comunión entre afición, ciclismo y paisaje, que surge de cada patio, de cada garaje y cada bar de esa preciosa región.
Han inventado uno de los grandes días de ciclismo del año desde la misma entraña de la vieja Europa y así siguen un siglo y pico después, sin haber parado ni por la Segunda Guerra Mundial.
En Roubaix, lo que empezó como una apuesta privada de dos empresarios textiles de la zona, se ha convertido en un símbolo mundial del ciclismo.
La “reina de las clásicas” la llaman, y no les falta razón, es la guinda a cada campaña de piedras, siendo común cierto momento de nostalgia cuando el último corredor cruza la meta del velódromo, pues en ese momento empieza la cuenta atrás para una nueva temporada de adoquines, con el Opening Weekend.
Es tan bella, tan singular la París-Roubaix que ha pasado por delante de todas, pero sobretodo es singular y creo que ahí reside su liderazgo en ranking, tan efímero como emocional.
Eso sí, esa inestabilidad histórica que la ha rodeado, esa incertidumbre de un pinchazo inoportuno, de una caída imprevista, de un enganchón todo eso pasó a mejor vida este finde con Mathieu Van der Poel que en siete días ha domado las dos “majors” del adoquín con una solvencia que creo ni los más grandes lograron.



