Opinión ciclista
Ciclismo a los 50: ¿somos conscientes de la edad que tenemos?
El ciclismo a los 50 es un placer a disfrutar a pequeños sorbos

Hace unos pocos días nos enteramos que la legendaria “locomotora” que ganara la París-Roubaix del 99 quiere volver a correrla.
Eso sí, con el objetivo de terminarla, pero compitiendo, nada menos que 20 años después, algo inaudito en la historia de este deporte.
Al bueno de Andrea Tafi le cayeron críticas por todos lados y muy pocas eran buenas.
Hablaron de él como de un insensato, un loco, que a quién se le ocurría… a su edad, madre mía.
Incluso la UCI parece que le hará firmar un papel eximiéndola de cualquier responsabilidad ante cualquier incidente que le pueda suceder.
Dios no lo quiera.

Si se cumplen sus pronósticos, la expectación será máxima por verle si es capaz de llegar a meta con el equipo que se ha montado para que lo arrope.
Lo veremos.
Las opiniones están muy divididas y el morbo garantizado.
Así somos.
Andrea Taffi y el ciclismo a los 50
Esta “bendita locura” de Tafi me ha hecho recapacitar en nosotros, en los cicloturistas, en los que ya tenemos -y pasamos- de la cincuentena… o los que ya se van acercando.
Vale que Andrea es un ex profesional y que seguro se ha cuidado mucho, que no habrá dejado la bici en todo este tiempo y que llegará en muy buena forma para cumplir su sueño o, mejor dicho, su mayúsculo reto.
En eso estamos convencidos, pero… ¿y nosotros?
¿Estamos preparados los que ya tenemos una edad para hacer las burradas que hacemos encima de la bici?
Voy a dar unas claves de lo que nos representa la bici a los cincuentañeros (no cincuentones) y cuarentañeros (no cuarentones).
Entre los 40 y los 50, nos encontramos muy a menudo en una situación social más cómoda, laboralmente hablando o bien familiarmente: los hijos son más autónomos o ya se han independizado, y sobre todo el “tiempo muerto” del que podremos disponer invitan a buscar otros entretenimientos, a practicar deportes y cómo es en nuestro caso a subir –o a volver a subir según en algunos casos- a una bicicleta.
Pero antes de lanzarnos a tumba abierta en busca del tiempo perdido tenemos que tomar primero conciencia de nuestra edad.
Todos sabemos que un ciclista de 20 años podrá, en pleno esfuerzo, poner su corazón a 200 pulsaciones por minuto mientras que uno que haya sobrepasado los 50 no tendría que pasar de las 170 p/m (o uno de 40 las 180 p/m).
La inactividad, asociada a los efectos de la edad, produce una disminución del número y del volumen de las células musculares: arterias más rígidas y estrechas dificultan la irrigación celular.
Por otro lado, la capacidad pulmonar también disminuye, hecho que limita las posibilidades de mantener, en buenas condiciones, una actividad física muy prolongada.
También, no hay que decir, que el peso de los años también repercute en los sistemas óseos, articular y de los tendones.
Paralelamente a la masa muscular que se atrofia, las reservas energéticas de base disminuyen.
También puede pasar que se pueda producir un deterioro de orden psicológico a causa, por ejemplo, de una ausencia de motivación, de espíritu de iniciativa, de interés por la vida y las relaciones humanas.
Todas estas “degradaciones” son mucho menos sensibles en un veterano deportista que en un hombre sedentario.
Esto está claro.
Como todo aparato de precisión, el cuerpo del hombre es muy sensible a la ausencia de entrenamiento.
Muchos estudios demuestran que nunca se tiene que parar la práctica deportiva para evitar perder toda la forma adquirida.
Un experimento en Moscú demostró que las enfermedades no son sólo las únicas culpables del debilitamiento del cuerpo, y que un atleta en plena forma no volvería a ser el mismo después de pasarse en la cama 10 días sin moverse.
Otros estudios efectuados por la NASA prueban que los músculos inactivos se atrofian extremadamente rápido. Si estamos tres días “inmóviles” perderemos el 20% de nuestra fuerza.
La inmovilidad es igualmente nefasta para los sistemas circulatorio, respiratorio, digestivo y nervioso.

Por tanto, una actividad ciclista bien llevada y progresiva puede favorecer el rejuvenecimiento del deportista.
Aun así el consumo de oxígeno de un ciclista de 50 años todavía activo es también más alto que un joven sedentario de 35.
Dicho de otro modo, un entrenamiento moderado puede considerarse en este caso como un rejuvenecimiento de 10 a 15 años.
Otro estudio sorprendente nos dice que la capacidad de mejora por el entrenamiento de los diferentes sistemas del organismo se mantienen al menos hasta los 70 años (!), aunque el progreso será mucho más lento que entre los más jóvenes, lógicamente.
En la práctica podemos encontrar dos tipos de ciclistas de 50 años:
aquel que nunca ha parado de hacer bici y no supone ningún problema mayor: tiene un organismo entrenado y sólo tiene que procurar adaptar sus ambiciones deportivas a sus posibilidades físicas que van disminuyendo, lenta pero progresivamente, a partir de los 50 años.
El otro, el más frecuente, es el ciclista tardío, y a su vez podemos distinguir también dos tipos muy distintos:
–aquel que nunca ha hecho deporte y comprobando que dispone de un poco de tiempo libre, se preocupa en practicar alguna actividad física.
Antes de empezar es indispensable evaluar el funcionamiento de su aparato cardiovascular, que es el que pone más problemas al plan de esperanza de vida, y después proponer una actividad de tipo aeróbica, con mucho oxígeno y de baja intensidad.
El ciclismo está dentro de esta categoría de actividades deportivas al igual que el esquí de fondo, la marcha, la natación o correr.
En realidad, este deportista tardío es generalmente “dócil”, sigue los consejos y no es esclavo de “cronómetros”.
–el segundo deportista “de regreso” se caracteriza por una movilización muscular efectuada hasta los 20 (y pico) de años, para después abandonar toda actividad ciclista durante una veintena larga de años.
El riesgo es muy importante en este tipo de veterano porque puede ser un esclavo del cronómetro, puesto que querrá reencontrar rápidamente las sensaciones, la buena forma de su juventud.
Desgraciadamente las posibilidades de su organismo han bajado mucho después de tanto tiempo.
Este “antiguo-nuevo-deportista” tendrá que partir de cero de nuevo con un entrenamiento regular y progresivo ascendente.
Ciclismo a los 50, la revisión médica
En todos los casos, antes de lanzarse a la reconquista de su cuerpo, será determinante hacerse sin contemplaciones una exhaustiva revisión médica deportiva para que la actividad ciclista sea realmente un elemento de salud y no el acelerador o el revelador de una insuficiencia fisiológica, y evaluar los factores de riesgo ligados al sedentarismo como por ejemplo la hipertensión arterial, colesterol, tabaco, alcohol o exceso de peso.
Y el más importante: la revisión del corazón, principal víctima de las agresiones de la vida moderna.
Esta apreciación del estado cardíaco se hará a partir de un electrocardiograma de esfuerzo, única prueba que puede detectar cualquier riesgo de infarto y que constituye el mayor peligro para el deportista ocasional.
Esta revisión será completa con las analíticas de sangre y con toda esta información el médico deportivo podrá constatar si hay cualquier factor de riesgo.
A los 50 años todavía es posible conservar un consumo máximo de oxígeno elevado, pero es necesario un estado de entrenamiento muy importante para mantener un fuerte VO2 máx.
Practicar vida sana y un entrenamiento regular todo el año, empezando en invierno la preparación y no algunas semanas antes de las primeras marchas.
El VO2 máx. es el consumo máximo de oxígeno que el deportista puede utilizar durante el esfuerzo.
El recorrido del Mundial, gentileza de Bkool
Cuanto más elevado, más será capaz el ciclista de realizar un entrenamiento de fondo, pero esta característica fundamental del rendimiento del motor humano disminuye con la edad. Esto es debido al envejecimiento del músculo cardíaco que no puede responder a una solicitud deportiva máxima.
Por otro lado, las facultades de adaptación al calor también disminuyen con el paso de los años.
Un estudio científico ha demostrado que los hombres de 45 a 50 años empiezan a sudar dos veces menos deprisa que los de 19 a 31 años y después del ejercicio continúan transpirando durante más tiempo.
Seguramente pensaréis que muchos de estos comentarios son evidentes, pero no está de más recordar ciertos aspectos básicos de salud y deporte a nuestra edad, para poner cabeza en nuestro corazón.








Alejandro
17 de julio, 2020 at 0:35
Tengo 39 años y quería retomar la bici pero con el artículo me he venido a bajo.
Jordi Escrihuela
16 de agosto, 2020 at 19:08
Le respondo lo mismo que a Merle Arévalo.
Saludos cordiales
Juan María
23 de julio, 2020 at 21:00
Una opinión respetable, pero obsoleta, se lo dice un aficionado de 75 que práctica ciclismo de montaña y que hace más de 80 kms y un desnivel acumulado de 1800 m, una o dos veces a la semana y no soy el mayor ni mucho menos. Puede que está reflexión tuviese vigencia hace unos 25 años.
Jordi Escrihuela
16 de agosto, 2020 at 19:09
Le respondo lo mismo que a Merle Arévalo.
Saludos cordiales
Merle Arévalo
1 de agosto, 2020 at 23:20
Deprimente. Tengo 55. peso 58kg. Siento que debo sentarme a esperar la muerte. Soy campeona (senior) suramericana de taekwondo ITF en EEUU en 2019. Hice 3 combates con mujeres de 40 años. Menos mal no morí en el tatami. Manejaba 6 o 7km en bicicleta casi todos los días. Desde cuarentena semanalmente. A pleno sol recorro las calles. Me siento aplastada.
Jordi Escrihuela
16 de agosto, 2020 at 19:14
Con todo el respeto, ¿usted ha leído todo el artículo? El texto va dirigido a personas mayores de 50 que nunca antes han hecho deporte (en este caso, ciclismo) o que son deportistas de retorno después de un largo período de inactividad física.
A ellos van dirigidos los consejos y no entiendo tanta depresión, estamos hablando de que antes de lanzarnos a nuestros grandes retos hay que pasar un examen médico (altamente recomendable a todo deportista de cualquier edad que se precie, no sólo a mayores de 40, 50
o 60) y de poner cabeza a nuestra corazón.
Por otro se expone que el cuerpo humano tiene una capacidad de mejora por el entrenamiento de los diferentes sistemas del organismo que se pueden mantener al menos hasta los 70 años.
No entiendo su aplastamiento. Son unos sencillos consejos médicos avalados por estudios científicos.
Saludos cordiales
Eduardo
9 de noviembre, 2020 at 22:52
A mis 57 ayer hice 100km con un desnivel de 1423mts a una velocidad promedio de 20,7Km/h, mis compañeros de salida 10 años más jóvenes que yo me dicen que les resulta muy difícil seguirme el ritmo, semanalmente hago salidas de 60 a 70 km dos veces en la semana, me siento fantástico, clínicamente estoy sano, no tengo fatiga ni lesiones, y he conseguido bajar más de 10kg de exceso de peso que tenía. Andar en bici es maravillosamente hermoso. Un detalle creo que mi cabeza tracciona la bicicleta tanto o más que mis piernas. No se cuanto vaya a durar este bendito entusiasmo, pero cada vez tengo mayores ganas de pedalear un poco más. Un detalle,nunca probé tabaco.
Jordi Escrihuela
21 de noviembre, 2020 at 23:51
Muchas gracias, Eduardo, tú sí que has entendido el artículo. Por cierto, yo voy camino de 56. Saludos cordiales y a seguir así!
Andrés Bravo
21 de marzo, 2021 at 3:39
Buen artículo, entendido en su contexto. Tengo 59 años y practico ciclismo aficionado (frecuentemente de ruta y ocasionalmente MTB) desde hace cuarenta años, con períodos de mayor o menor intensidad, segu´na las exigencias del mundo laboral y/o familiar. Y últimamente, desde la Pandemia, decidí dejar el auto en casa y moverme por la ciudad sólo en la bici (para eso uso la MTB, transformada ahora en híbrida).
En rutera hago salidas los fines de semana con los amigos del ciclismo aficionado, entre 80 y 120 kms. por salida, sin eludir las cuestas y sus descensos. El ciclismo me ha reportado grandes beneficios, me siento muy activo y con energía diaria, tonifica los músculos, mantiene a raya el peso (con la edad, esto es cada vez es más difícil), mi corazón funciona bastante bien y tengo un IMC de entre 23.5 y 24.0 y un porcentaje de grasa inferior al 18 %. Por cierto, nunca he fumado y la dieta la controlo ahora más que antes. Pero siempre hay que seguir cuidándose, porque el carné de identidad no miente. jeje…