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Ciclismo de carretera

Todas las versiones de ciclismo están en los Pirineos

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Existen muchos mundos de ciclismo, pero todos están en Pirineos.

Hace un tiempo, bastante, tuve una entretenida charla sobre ciclismo y Pirineos -de las muchas que manteníamos durante todo el año- con nuestro gran amigo y compañero Francis Navarro.

Creo que todos recordaréis quién es.

¡Claro está! Francis era entonces el director editorial de Pedalier “la revista del cicloturista” y en aquella conversación que mantuvimos a mediados del año 2005, la publicación apenas había echado a andar.

CCMM Valenciana

Bueno, mejor dicho, a pedalear.

En efecto, creo que cuando sostuve aquella recordada tertulia con Francis, quizás ya habrían salido a la venta los tres primeros números de aquella mítica publicación.

En aquellos ejemplares, evidentemente, y entre otras cordilleras, se había puesto de relieve -nunca mejor dicho- la importancia de los puertos de montaña en Pirineos.

Tourmalet, Aubisque, Luz Ardiden, entre otros muchos, coparon las primeras páginas de aquellas pioneras hojas impresas a todo color que ahora se pueden considerar objeto de auténtico culto y para coleccionistas con muy buen paladar cicloturista.

Pues bien, Francis me explicaba con asombro cómo sus lectores -a parte de felicitarlo por la calidad de la nueva revista, sus textos y la belleza de sus fotos- le preguntaban de qué iban a hablar en los próximos números cuando parecía que en aquellas primeras revistas ya se había narrado todo lo que teníamos que saber sobre Pirineos.

Craso error.

Evidentemente, estábamos al principio de un largo y gran recorrido, y aquello sólo fueron las primeras pinceladas de una gran composición pictórica pintada por aquellos pireneístas que escribieron sobre esta cordillera y fotografiaron estas montañas, y que aún lo siguen haciendo.

Sí, pireneístas, porque al fin y al cabo eran -somos- personas comprometidas de una manera u otra con esta cadena montañosa

Me encanta esta definición.

Así es y, desde el principio, os hemos querido trasladar toda nuestra pasión por este enorme espacio que son los Pirineos con todos sus ingredientes no sólo de montaña, sino también de naturaleza y cultura.

Por eso le he querido dedicar este artículo especial a estas montañas que tanto amamos y tanto nos gusta conquistar sus carreteras y rincones inclinados a lomos de nuestras bicis.

Para enfilar, de manera virtual, mi manillar de nuevo dirección Pirineos, he querido repasar todos los artículos que se han publicado en ambas cabeceras, tanto en Pedalier como en Ziklo, de estas espectaculares montañas.

He podido comprobar como cada reportaje pirenaico ha conllevado primero algunas propuestas, buena planificación, mapas, y salidas en bici sobre el terreno para contar de primera mano la experiencia con una buena altimetría.

Y las fotos realizadas, espectaculares. Imagino que antes de publicarlas se han debido de visionar cientos de ellas para elegir las mejores “sólo para vuestros ojos” para dar forma a unos reportajes que nos trasladen de inmediato a lugares de ensueño.

Sí, de sueños para el cicloturista.

Hojeando todas estas páginas dedicadas a Pirineos en nuestras revistas, de ellas se desprende que han sido muchos años de trabajo y empeño, de dedicación, pero sobre todo de sudores y esfuerzos. Y alegrías, seguro, muchas.

Como me comentó Francis aquel día, había muchos quienes creían que el Pirineo no daría para tanto y, sin embargo, pronto todos nos dimos cuenta que era una fuente inagotable de historias de montaña en bicicleta.
Luego hemos podido comprobar como muchos de vosotros, además de viajar cada dos meses desde el sillón, disfrutando cada página, también lo habéis hecho desde el sillín, echando estas revistas a vuestras alforjas y partiendo con vuestras bicis a conocer lo visto en papel.

Y es que el Pirineo nos une. A todos. Y más cuando se trata de compartir respiraciones agitadas ascendiendo estas montañas.

En mi caso, mi experiencia me dice que muchas veces andaba yo pedaleando por estos puertos de montaña extasiado, embelesado, contemplando el paisaje cuando me preguntaba qué hacía allí en aquel momento o dónde estaba exactamente.

De repente, recordaba que necesitaba sentir en mis piernas, y en mi cabeza, todas las sensaciones que bombardeaban de manera amistosa mi mente para poder expresarme y trasladar mi vivencia a negro sobre blanco para completar mi artículo.

Dicen que los Pirineos son las montañas más bellas del mundo. ¿Estáis de acuerdo?

¿Y qué creéis? ¿Se nace o se hace uno pireneísta?

Desde muy joven yo ya me sentía atraído por las montañas y por los Pirineos, y he tenido la fortuna de desatar mi pasión por estas míticas cumbres.

Pero hoy quería huir de los lugares más trillados, de los sitios más conocidos o más recomendados para echar un vistazo a otros mundos y otros parajes que también forman parte de esta cordillera de manera más modesta.

Os podría hablar de mis pedaladas desde los acantilados del Cap de Creus hasta el inquietante paisaje de los karts de Larra, donde la desolación pétrea alcanza cotas de máxima belleza, pasando por los bosques de pino de negro del Valle de Sorteny, los volcanes de la Garrotxa, donde los grandes cráteres permanecen cubiertos del verde de los árboles, siguiendo por el Cañón de Añisclo, donde el río Bellós formó una impresionante garganta que se puede recorrer en bici y en la que tuvo tiempo además de construir saltos de agua espectaculares.

Porque los Pirineos son el escenario del ciclismo

Experiencias, sentimientos y recuerdos, como cuando descubrí la belleza del Pirineo navarro, increíble y verde, bajo un cielo azul, mientras afrontaba la dureza de sus puertos, rodeado de elegantes caballos, hermosas vacas, ovejas y muchos cicloturistas como yo que no daban crédito a lo que sus ojos veían: parajes de cuento.

Fue en aquel lugar donde por vez primera percibí la magia que envuelve estas tierras al comprobar que aún existen huellas del pasado al visionar las necrópolis que se asientan bajo la custodia de los bosques de la Selva de Irati, donde los rayos del sol jugaban con aquellas inquietantes y milenarias piedras.

Pedalear atravesando el Circo de Lescún, bellísimo con sus montañas calcáreas dentelladas o dirección los Mallos de Riglos, observando en aquellas rocas no sólo piedras, sino también, dándole a la imaginación, formaciones de manos y pies en las moles de aquellos mallos, o contemplar extasiado el atardecer en el Pico de Midi d’Ossau, un gigantesco caldero con sus paredes escarpadas con mil metros de caída libre que se encuentra solitario y aislado, mientras su perfil se refleja en las aguas de los lagos que se cobijan a su sombra, son bellos recuerdos cincelados en mi memoria durante el largo paso de los años.

En los Pirineos existe todo un mundo por descubrir a través de todos estos otros mundos que lo conforman, y si de algo podemos estar seguros es que la cordillera hay que considerarla como una entidad propia, con una personalidad única, como un todo que no entiende de fronteras ni de rayas administrativas.

Lo que se conoce como la muga no ha influenciado en la cultura y en las costumbres de sus gentes, ya que ambas vertientes se han relacionado sin tener en cuenta esos límites irreales originados solos por la mente del hombre.

En estas tierras no ven los otros valles como diferentes. Aquí la sangre se ha entremezclado entre sus habitantes, compartiendo una misma cultura pastoril, historias, lenguas, ir y venir a los mercados, los que venían de otras vertientes a construir sus bordas o incluso los que se desplazaban para sanar sus enfermedades bañándose en las diferentes aguas termales que abundan en estas montañas.

De igual modo que nosotros podemos pedalear de un valle a otro, atravesando los puertos de montaña que enlazan este macizo, sin que nadie nos pare, sin tener que dar explicaciones ni pasar control fronterizo alguno y cruzando de un país a otro casi sin darnos cuenta.

Por eso, desde estas líneas, os invitamos a descubrir a golpe de pedal, como siempre hemos hecho, más allá de rutas y puertos conocidos, de caminos trillados, para dejarnos llevar por este Pirineo de lugares mágicos, de luz, de biodiversidad, de lenguas variadas, de cultura popular, de tierras que han sabido salvaguardar un rico patrimonio folclórico y de costumbres ancestrales.

Costa Blanca- Diputació Alacant

¿Por qué no, por ejemplo, recorriendo con nuestras bicicletas los Pirineos de costa a costa?

Es una idea que muchos ciclomontañeros siempre tenemos en mente.

Pienso a menudo que el primero que soñó con este trayecto, y pudo llevarlo a cabo con éxito, tuvo una ocurrencia brillante, aunque tuvo que sonar a auténtico desafío: un reto mayúsculo y, como decía un buen amigo, para cicloturistas muy bien preparados.

Cruzar los Pirineos, sí, ¿pero por el Norte o por el Sur? ¿Qué ruta es más exigente?

La grandeza de esta fabulosa cordillera queda a los pies del cicloturista que decida embarcarse en cualquiera de estas dos aventuras.

¿Serás tú el próximo?

Pienso a menudo en los primeros que se acercaron a conocer sus mágicos rincones.

Soñadores que jugaron a ser pioneros, dispuestos a vivir aventuras diferentes.

Ocurrencias brillantes, que sonaban a auténtico desafío.

Después de muchos años, la grandeza de esta fabulosa cordillera sigue estando a los pies de todo cicloturista que decida acercarse.

¿Serás tú el próximo?

Imagen: ASO/Pauline BALLET

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