Ciclismo
Mikel Landa, otro Giro será
Otro Giro que pasa para Mikel Landa
Dos podios en más de diez años, buenos momento y también otros para olvidar, el último en Albania el año pasado.
Mikel Landa se despide del Giro de Italia antes siquiera de haber podido lamerse las heridas de una caída que, en un principio, parecía menos de lo que la realidad ha terminado dictando.
Es la crónica de una ausencia que duele, porque parece increíble la mala suerte que le persigue.
Tras la baja de Joao Almeida, la noticia de que el alavés sufre una fractura de pelvis que pasó desapercibida en las primeras exploraciones supone un mazazo a las aspiraciones de un equipo y al espectáculo de una prueba que se queda sin uno de sus elementos más singulares.
Resulta flipante que en el ciclismo de la precisión absoluta, donde se mide cada movimiento y cada gramo de pasta, un corredor profesional retome entrenos con una pelvis rota porque los escáneres iniciales no detectaron la avería.
Landa, que arrastraba molestias tras un impacto en los días previos, se ve ahora obligado a parar de forma indefinida.
No hay estimaciones de regreso, solo la fría certeza de un parte médico que llega tarde.
El corredor que fichó por Soudal Quick-Step para ayudar a Remco Evenepoel hasta que éste se fue se suma a la lista de bajas ilustres que están descafeinando la competición antes de llegar a las jornadas donde se decide la gloria.
El enfoque de Landa siempre ha tenido ese punto de épica contenida, de querer y no poder por circunstancias ajenas a sus piernas, y este episodio no hace más que alimentar esa narrativa de la fatalidad que le persigue.
Es el Landismo, amigos.
La pérdida es doble para el Giro.
Pierde a un tipo carismático, aunque no creo que en su prime, de esos que todavía se mueven por instinto y no solo por lo que dice el potenciómetro, y pierde también esa capacidad de desestabilizar la carrera cuanto menos lo imaginas.
El vacío que deja en el pelotón es el reflejo de una temporada donde el asfalto está siendo demasiado cruel con los nombres que dan sentido a la suscripción televisiva.
Sin Almeida y ahora sin Landa, el Giro se queda más huérfano de alternativas reales frente al esperado dominio de Vingegaard, dejando otro poso de cabreo en el aficionado que ve cómo el infortunio médico manda más que la carretera.






