Ciclismo
Pogačar, al nivel de Romandía
Ataque, pero no destrozo en el liderato de Pogačar en Romandía
Es curioso cómo el Tour de Romandía, bajo ese cielo plomizo y esa atmósfera que a ratos parece extraída de una película de miedo, nos devuelve a la realidad de lo que significa ser humano sobre una bicicleta.
Hay algo en la estética de esta carrera, entre los problemas logísticos que arrastra para no caerse del calendario y esa ausencia de público en ciertos tramos, que proyecta una imagen casi lúgubre, como si el ciclismo de máximo nivel se estuviera disputando en un escenario de resistencia financiera más que deportiva.
Sin embargo, en medio de esa fragilidad institucional, el asfalto helvético nos regaló un momento que rompe con la narrativa machacona a la que Tadej Pogačar nos había acostumbrado.
Hacía tiempo, quizá desde aquella Amstel Gold Race, que no veíamos al esloveno mostrar una costura, un pequeño hilo suelto en su hasta ahora impecable traje de invencibilidad que en las vueltas utiliza culotte negro. .
El ataque en el puerto camino de Martigny fue marca de la casa por el gesto, pero no por el desenlace.
En una ascensión de casi nueve kilómetros al nueve por ciento de pendiente media, lo habitual en el guion de Pogačar habría sido una ejecución sumaria y un tránsito solitario hacia la meta.
Pero la biología tiene sus propios peajes y el esfuerzo dominical en la Lieja-Bastogne-Lieja no se disipa por el simple hecho de ser el mejor del mundo.
Ser neutralizado primero por Lenny Martínez y luego por Florian Lipowitz no es solo una anécdota estadística, es la confirmación de que las proyecciones lineales en el ciclismo son una quimera.
Al final, hasta el ciclista más voraz del planeta está sujeto a los altibajos de un organismo que todavía arrastra esfuerzo de los monumentos.
Ese tramo llano final, que quizás le invitó a buscar una compañía necesaria para los relevos, nos mostró a un Tadej más cerebral, menos impulsivo, consciente de que el día no estaba para exhibiciones de cincuenta o más kilómetros en solitario.
En esta coyuntura, hay que romper una lanza por Lenny Martínez.
El francés vuelve a confirmar esa condición de corredor fetiche que le hemos asignado desde que se atrevió a tutear a Vingegaard en la París-Niza.
Martínez vuela cuando el día le acompaña y tiene esa chispa necesaria para ser el contrapunto perfecto a los capos del pelotón cuando estos flaquean mínimamente.
Aunque Romandía sigue pareciendo predestinado a caer del lado del esloveno por su superioridad técnica en todos los terrenos restantes, se agradece el contexto de incertidumbre.
Salimos de la dinámica del paseo militar que vimos en Tirreno o la París-Niza para entrar en el terreno de las distancias cortas.
En este pelotón maltrecho y reducido, más pequeño que el de cualquier otra cita del World Tour, veremos si Pogačar, con un amarillo sin patrocinador principal, sabe manejarse bajo la presión de las diferencias cortas.
La emoción, por fin, ha vuelto a ser una cuestión de márgenes estrechos.
Imagen: FB Tour Romandie






