Ciclismo
¿Cuántas etapas va a ganar Pogačar en Romandía?
El contador de Tadej Pogačar no se para ni en las etapas de transición de Romandía
Es curioso cómo funciona la memoria en este deporte, o quizá sea simplemente que Tadej Pogačar nos ha atrofiado la capacidad de asombro.
El otro día lo pensaba detenidamente: Dorian Godon está firmando una temporada de esas que justifican su fichaje por Ineos.
Ha sido ganador de etapas y líder en la Volta a Catalunya, brilló en la París-Niza y hasta se llevó el prólogo del Tour de Romandía.
Es, sin duda, el mejor argumento que está presentando Ineos en esta víspera de cambios, justo antes de que el nuevo sponsor desembarque en la estructura inglesa.
Sin embargo, en el ciclismo actual existe una variable que escapa a cualquier planificación táctica o estado de forma, y esa variable tiene nombre esloveno.
Se le cruzó Pogačar en la primera llegada al sprint de la maltrecha carrera helvética y le rebañó el triunfo prácticamente en la puerta de su casa.
Lo de este corredor es una suma de asombros tan constante que hace tiempo perdimos la cuenta de cuándo fue la primera vez que nos dejó con la boca abierta o en qué momento alcanzó su techo, si es que tal cosa existe.
La forma en que encara el final de etapa es brutal; cómo controla la llegada, cómo remonta a un tipo tan potente como Godon y cómo termina alzando los brazos en el segundo trayecto en línea de Romandía.
Tras quedar en el top ten del prólogo y ganar ayer, hoy repite.
Es una voracidad que aplasta.
La pregunta que subyace ahora mismo en el pelotón y en las cunetas es cuántas etapas va a ganar realmente en esta edición. Quedan tres jornadas.
Tenemos la llegada en alto final y dos días intermedios con una dureza que invita a la gesta, a buscar ese casi pleno que nos recordaría a las exhibiciones de Peter Sagan en California.
Redondearía otra vuelta perfecta, al nivel de aquella Volta de hace dos años donde se anotó cuatro de las siete etapas disputadas.
El terreno que viene parece diseñado para su lucimiento personal. Mañana, camino de Orbe, espera una subida de nueve kilómetros al siete por ciento a treinta y tres de meta.
Pensar en un ataque lejano no es descabellado viendo su hambre.
El sábado, el final en Charmey con un puerto de ocho kilómetros al ocho por ciento más cerca del desenlace, y el domingo el plato fuerte en Leysin, con Aigle y la sede de la UCI a los pies del puerto, desplazando la habitual crono de Ginebra.
Estamos en ese punto en el que, emulando a Contador y Ares, solo nos queda especular sobre la cifra final de victorias de este monstruo.






