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Ciclismo

El Angliru en femenino

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En 10 días la Vuelta femenina asaltará El Angliru

En breve La Vuelta femenina hará alto en El Angliru, la carretera que serpentea hacia las nubes para ser un estado mental que el ciclismo descubrió cuando decidió que el espectáculo debía coquetear con lo imposible.

Aquel 1999, bajo una bruma que parecía puesta por encargo para alimentar la leyenda, el Chava Jiménez emergió de la nada para batir a Tonkov.

Se habló de motos, de empujones invisibles y de desarrollos que parecían sacados de una ferretería industrial, pero lo cierto es que aquel día el ciclismo cambió de piel.

CCMM Valenciana

La incertidumbre, ese ingrediente que hoy escasea en un deporte medido al milímetro, se instaló en las rampas de Riosa para no marcharse jamás.

Desde la cima del Gamonal, con el Cantábrico asomando al fondo como un espejo lejano, el Angliru impone su ley de silencio.

Son 12,4 kilómetros al 9,7% de media, pero las cifras, por muy mareantes que resulten, no explican la agonía de la Cueña les Cabres.

En ese 23% de pendiente, la bicicleta deja de ser un vehículo para convertirse en un lastre, vas más deprisa caminando.

Nueve veces ha pasado la Vuelta masculina por aquí, dejando para el recuerdo la despedida de Alberto Contador en 2017, el único que ha sabido descifrar el código de esta montaña en dos ocasiones.

El Angliru es el altar de los elegidos y el patíbulo de los que no llevan el desarrollo adecuado o la cabeza en su sitio.

Durante demasiado tiempo, este escenario ha estado ajeno para el pelotón femenino, per ya no.

Como si el esfuerzo tuviera género.

Afortunadamente, la profesionalización galopante del ciclismo femenini de la última década ha derribado esos muros de cristal.

Tras conquistar el Tourmalet y los Lagos de Covadonga, la Vuelta Femenina 26 se plantará ante el coloso asturiano.

No es solo un hito deportivo, es el reconocimiento definitivo de que el ciclismo de élite no entiende de concesiones.

Las protagonistas lo saben y el miedo, ese motor que a veces empuja más que los vatios, ya recorre los hoteles de concentración.

Pauline Ferrand-Prévot habla de lo legendario del reto, mientras Kasia Niewiadoma se prepara para una gestión del dolor que trasciende lo físico.

Nos lo cuentan los amigos de Unipublic en su nota de prensa.

Porque en el Angliru, cuando la velocidad cae por debajo de los diez kilómetros por hora y el equilibrio se vuelve precario, lo que importa es la capacidad de ignorar los gritos de protesta de las piernas.

El próximo 9 de mayo, el ciclismo femenino no solo subirá un puerto de montaña; pondrá otra pica en el camino, allí donde la gloria y el infierno se tocan con la punta de los dedos.

El Angliru espera, y esta vez, no habrá bruma que tape la realidad de un pelotón que ya no teme a nada.

Imagen: © Unipublic / Cxcling Creative Agency

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