Ciclismo
Lo de la Vuelta es sólo el inicio, eso es Paula Blasi
No le vemos techo a Paula Blasi
El ciclismo, a veces, nos regala historias que rompen la lógica del sistema, trayectorias que no pasan por las escuelas de base ni por el rodillo en el garaje de casa.
Paula Blasi es el último gran ejemplo de que el motor, cuando es de alta cilindrada, termina por encontrar su sitio.
Nos lo decía un amigo común hace tiempo, con esa insistencia de quien sabe que tiene algo valioso entre manos: tenéis que conocer a Paula, llevadla al podcast, y eso hicimos.
Y así fue.
Lo que nos encontramos no fue solo a una deportista con una capacidad física fuera de lo común, sino a alguien con una frescura que, en este ciclismo tan profesionalizado y a veces tan gris, se agradece profundamente.
La historia de Paula no es la de una ciclista de cuna, sino la de una atleta empujada a los pedales por un revés del destino.
En 2023 todavía vestía los colores del club Triatlón de Cornellà, con el fútbol en su pasado y el sueño de las tres disciplinas en el horizonte.
Sin embargo, en febrero de 2024, el psoas dijo basta.
Para una triatleta, un mes sin correr es una condena.
Fue entonces cuando la decisión, casi por pragmatismo, cambió el rumbo: dejar el triatlón y probar con la bicicleta en exclusiva.
No buscaba la gloria, buscaba una salida.
Su llegada al Massi-Tactic no fue fruto de un ojeador, sino de un test de veinticinco minutos donde dejó atrás a su entrenador.
Los números eran brutales, pero la técnica un cheque en blanco.
Su debut en la Copa de España fue un baño de realidad: abandonó tiritando por correr de corto en un día de frío polar, pero ese rato ya estuvo delante.
En la siguiente, en Beasain confirmó que ese motor no era un espejismo y saltó al primer equipo.
Paula admite que al principio saltaba a todos los ataques y llegaba con calambres por no saber leer la carrera, pero ha sabido escuchar. Se empapó de ciclismo viendo el Tour de Femmes por televisión y aprendiendo de las veteranas. Su cuarta plaza en el Tour del Porvenir, sufriendo en las rampas del Colle delle Finestre, o su título de campeona de España de contrarreloj, fueron los avisos definitivos antes de su explosión total en el UAE Team ADQ.
La culminación de este ascenso meteórico ha llegado con una exhibición histórica en el Angliru, convirtiéndose en la primera española en ganar La Vuelta Femenina.
El otro día echábamos cuentas desde la última victoria española en una gran vuelta, ya tenemos un antecedente inmediato.
En la montaña asturiana, Blasi demostró que ya no es solo una triatleta que pedalea fuerte, sino una ciclista que gestiona los tiempos con una madurez impropia.
Relata que su ataque no fue una orden de coche, sino puro instinto al ver que el grupo de favoritas se reducía y ganó la Vuelta, como la Amstel días atrás.
Ha roto una barrera que permanecía intacta desde los tiempos de Joane Somarriba, y lo hace con la humildad de quien hace tres meses seguía centrada en sus estudios de ciencias del deporte.
Aunque el Tour de Francia asoma ahora como una tentación lógica tras su victoria, ella mantiene la calma que le da su entorno en Esplugues de Llobregat.
Sabe que el ciclismo necesita exclusividad y no quemar etapas, pero con el maillot rojo en su palmarés, el techo de Paula Blasi es ahora mismo una incógnita imposible de descifrar.





