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Mundo Bicicleta

José María Moya: 24 horas de bici e insomnio contra la esclerosis múltiple

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Jose Maria Moya Berria Bikes Montmelo cerca JoanSeguidor
WorldTour 2022 – TopPost

Así fue el día entero que José María Moya se pasó dando vueltas al Circuit de Catalunya

En la salida de las 24 Horas de Montmeló nos presentan José María Moya.

Nos cuentan que este curioso ciclista de Reus, con su edad, pero simpático, extrovertido a más no poder, correr por una buena causa: contra la esclerosis múltiple.

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«No hacía deporte, qué va, pero pruebas, vas cogiendo forma y acabas metido en esto» comenta ataviado por una sonrisa de oreja a oreja.

Alguien cercano padece esclerosis múltiple y él ha querido renovar su compromiso aunando la cauda a su gran pasión por la bicicleta: «Hacemos visible la enfermedad, eso es lo importante porque es una dolencia que tiene aspectos muy desconocidos«.

Jose Maria Moya Berria Bikes Montmelo INICIO JoanSeguidor

Está en Montmeló un año después de realizar un reto mayúsculo: más de 700 kilómetros en 29 horas en Puertollano, que ni tiene puerto, ni es llano.

Y lo pudo saber, porque de aquella experiencia sacó muchas de las conclusiones que llevó a competir en la categoría de solo en las 24 horas de Montmeló.

«Lo de Puertollano tuvo su qué, fue muy duro, pero era un itinerario lineal, con la gente por la calle, pueblos, paisajes, coches y esas cosas» rememora.

«Esto -por lo de Montmeló- es otra cosa, es darle vueltas a un circuito. Hay que tirar mucho de cabeza» precisa antes de la salida.

Suelta piernas, mira el material, comparte con su equipo interioridades, es un niño con juguete nuevo.

Monta una Berria Belador BR color British Racing en su totalidad, salvo una franja amarilla en el tubo vertical y una más pequeña en horquilla delantera. .

Es un color elegante, que viste.

Está encantado con su máquina, tendrá una igual en breve, en su tienda de Ciclos Masvi en Reus, donde vive.

 

El año pasado hizo el reto de Puertollano con la Fundación Idibell, esta vez está con la Fundación Gaem: «Participar aquí es un gran reto. Tengo un grupo de gente, todo organizado alrededor mío.  Aquí veo periodistas, más gente, seguro que saldrá bien y que tendremos más visibilidad«.

«No te creas, esto no es nada sencillo -nos coge del brazo, mientras habla- llevo cinco años saliendo en bicicleta y ya estamos con estos retos. Mi día a día es de currante -es electricista en una fábrica- salgo con el tiempo justo para rodar un poco de lunes a viernes, a eso de las cinco de la tarde, pero lo gordo lo hago el fin de semana«.

Ahí sacrifica familia, vida social y otras cosas para meterle kilómetros al cuerpo: «Últimamente le meto mucho desnivel, unos 3000 metros para 200 o 300 kilómetros, es la forma de que cunda más todo esto«.

Jose Maria Moya Berria Bikes Montmelo JoanSeguidor

Le miramos con asombro «tío que te te vas a cascar veinticuatro horas en la bicicleta»

«Todo es mental -nos corta-. Quiero acabar bien y buenas sensaciones,  hacerlo bien. Nada más«.

«Nada más» dice, como si fuera sencillo.

Igual que prever a qué ir, a cuánto apuntar: «No he hecho cálculos, ni redondeos, 100 vueltas son 470 kilómetros, a partir de ahí tira«.

Tiene una referencia, los 680 kilómetros de Puertollano en 29 horas, aquello fue a carretera abierta, con gente pasando, coches, pueblos.

Veinticuatro horas después…

A las diez de la mañana del día siguiente, José María Moya se apeaba de la bicicleta tras algo más de 514 kilómetros, un desnivel acumulado superior a los 5700 metros y veintitrés horas más doce minutos en el sillín.

La broma le salió a una media de 22 por hora.

«Qué experiencia, qué bonita, llena a uno mismo y la gente que está alrededor y te ayuda. Superar los 400 kilómetros en 24 horas ya está muy bien, imagínate los 500» comienza contando un tipo feliz.

Y no fue sencillo: «Este circuito hay que trabajarlo, no es fácil, pesa por su monotonía y lo lo que afecta a la cabeza. Es que me salieron 5000 metros de desnivel, ojo que tiene rampas del ocho por ciento que en la tele no se aprecia«.

«Ya en la primera vuelta de reconocimiento ya vi que era muy duro -admite-. Así que con veinte horas en las piernas, aquello era un puerto de categoría especial«.

Jose Maria Moya Berria Bikes Montmelo final JoanSeguidor

El plan de viaje… 

De inició «quise salir a diez horas sin parar, más que una sola vez y porque me estaba meando. El paso de las vueltas no me pesaban: la espalda perfecta y a nivel muscular, bien«.

Diez horas, la pausa para evacuar más agua y un sandwich, «paré un minuto quizá un par, no más y tiré otras cuatro horas«.

Cabe decir que de salida partió con dos botes y comida.

Siempre hidratado, obsesionado con los líquidos: «A medianoche vuelvo a parar, no sé si fue por el fresco, la gente iba más abrigada, pero fui al baño varias veces. También iba bebiendo mucho. Cuando iba al baño, salía blanco, es decir perfecto«.

«La noche era cabeza pura y dura, concentración. quedábamos pocos rodando, te encontrabas gente cada rato, ya no era lo de la primera hora. En esos momentos por la cabeza pasan muchas cosas. Piensas qué haces ahí, y si no lo hiciera por otros, aquí iba a estar«.

Y hablas con uno y con otro, en la oscuridad del lugar, de repente compañeros de ruta que desparecen, se han ido a dormir.

José María no quiso echar una cabezada… «yo no dormí, paré para cambiarme de ropa y ponerme manguitos» explica.

Jose Maria Moya Berria Bikes Montmelo abrazo JoanSeguidor

Cuando sale el sol… 

Aguantar toda la noche tiene un premio: «Ver amanecer es muy bonito, porque en tres o cuatro horas ya acabas. Con el sol parecía volver a la vida. Te quitas el chaleco, vas más ligero, hasta subí el ritmo»

En la llegada «entré con un grito y el speaker me mencionó. Ahí ves a tu hijo y la emoción te puede. Lo primero que hice fue abrazarle. Le tuve ahí toda la noche, lo recuerdo con su sudadera naranja chillándome a las tres y cuatro de la mañana«.

La bicicleta, la Berria Belador BR, de elegante verde British Racing, ha cumplido, preparada para los esfuerzos extremos, es cómoda, pero permite acoplarse cuando es menester.

Su ligereza se conjuga con la rigidez necesaria y sus vainas delanteras hicieron más sencilla la «navegación» ahorrando vibraciones al ciclista.

«Hice estudios de biomecánica antes de meterme en algo así, fue perfecta, acoplado a mi máquina. Las manos no se durmieron en ningún momento» cuenta.

Al final: «objetivo cumplido, arrastrando tanto entrenamiento y gente tras de mí. A los pocos días pasamos muchas fotos a la fundación. Queríamos que se hablara de la enfermedad, que la gente supiera de ella y lo hicimos«.

Objetivo cumplido y mensaje redondo, porque la bicicleta es buena aliada para la gente con esclerosis…

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Ciclismo antiguo

Colombia, el ciclismo siempre presente

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WorldTour 2022 – TopPost

Incluso con este Giro, Colombia nunca deja de ser noticia en ciclismo

El Giro 2022 que camina por su segunda semana no acaba de resultar como se esperaba para el ciclismo de Colombia

Con Iván Sosa inédito y Fernando Gaviria, lamiendo el poste, la tricolor no está tocando pelo.

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No sucedía lo mismo hace 35 años, cuando por estas fechas Colombia era un país incendiado de ciclismo.

Luis Herrera, un jardinerito que también llamaron Lucho, hacía historia mayúscula ganando aquella Vuelta influenciada a partes iguales entre los Lagos de Covadonga y la desgracia de Sean Kelly.

Era la culminación, el minuto cero de una historia de éxito que daría para largos episodios.

La década de los ochenta dejó huella por aquellos que llamaron escarabajos, ciclistas colombianos que subían irresistiblemente las mejores paredes del viejo continente, corredores que ni acostumbraban a ganar grandes vueltas, sí etapas y reinados de la montaña, pero que con Lucho dieron el paso adelante.

Afinado, moreno, elegante y de rauda arrancada, Herrera rápido se vio que sería el elegido de dar el paso adelante, de cruzar el Rubicón, en esa Vuelta logró lo que nadie había conseguido. Fue como un serpentín, el exclusivo dominio europeo amenazado en cadena: primero Greg Lemond que hace caer el telón del Tour, luego Lucho la Vuelta y al año Hampsten el Giro.

La globalización en su todo su esplendor.

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Luis Herrera acuñó pocas pero grandes victorias, a la general de esa Vuelta, un par de éxitos en los Lagos de Covadonga y con los años el Terminillo en el Giro. La colección de grandes cimas por eso había tenido un antes y un después en Alpe d´ Huez.

En la retina queda su mano a mano con Perico en la cima capital de la Volta del 91, el Mont Caro, el pelado coloso de Tortosa, donde Lucho dio la medida de su clase.

 

35 años después, hoy mismo, los titulares siguen hablando de ciclismo en Colombia.

Más allá de la suerte en este Giro, mirad qué palmarés llevan los amigos, con Dani e Higuita dominando dos carrerones como Itzula y Volta.

Y eso que perdieron a Miguel Ángel López nada más llegar a Italia.

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Que se agarre a esta historia tan bella Fernando Gaviria, el ciclista que, incluso de mala hostia, sólo puedes mirar con ojos de empatía.

Nos gusta Gaviria por varios motivos, uno personal, viene de la pista y eso nos pone, y otra pasional, que es un ciclista que subyuga con ese sprint, ese cambio de velocidad, esa forma de imponerse.

Su vacío es brutal, tanto que cuando Dainese le superó al final, su derrota la sentimos como propia, mientras Santiago Buitrago se quedó a las puertas en Génova.

No siempre salen las cuentas, pero en Colombia el ciclismo sigue siendo noticia.

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JoanSeguidor.com

Denominación de origen Flandes: los flandriens

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Tour de Flandes Bkool JoanSeguidor
WorldTour 2022 – TopPost

Así nació el producto más genuino de Flandes, los flandriens

El aire es viscoso y denso, casi tangible al tacto de nuestros dedos. Plomizo. Cunetas por donde rara vez asoma un rayo del sol. Humedad, frío que se clava en los huesos, que amilana el alma. Que atenaza. Flandes es una tierra vecinal, íntima, pero pasional, de flandriens. Lo que fueron zanjas impracticables hoy son tesoros que atraen a medio mundo por que evocan lo que fue este deporte en su esencia.

Dos semanas después de la sofisticada San Remo, la rural región flamenca surge de entre los adoquines.

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Fue en 1993 cuando alguien en esa cuña alargada entre Valonia, Países Bajos y Francia se le ocurrió hacer algo así como la denominación de origen Flandes.

Ante el rodillo de la modernidad que aplacaba los adoquinados senderos frente a alisadas rutas, se quiso salvaguardar un testimonio largo y alto de lo que ha sido esta tierra desde hace cien años. un diminuto lugar que guarda la esencia ciclista mundial.

Lessines es una localidad cercana a Geraardsbergen, justo al sur.

Si la visionáis en Google Maps veréis a que su izquierda se erige una enorme cantera. Un poco más al este está Quenast, en la frontera con la proscrita región valona. Otro lugar reventado, una cantera lo delimita por el sur.

De ambos sitios surgen los perfectos y aristados bloques que componen las alfombras adoquinadas de lugares de culto como Berendries, Koppenberg, Bosberg,…. S

on esos pedrolos grises y abruptos sobre los que rebotan los mejores “flandriens” desde hace cien años.

Pero… ¿qué es un flandrien?

Echando mano de literatura del lugar, encontramos una descripción muy exacta de la amplitud del término.

Amante del mal tiempo, su rostro está castigado, trabajado por los elementos.

El flandrien original llevaba en cruz el tubular, el último de estos fue, dicen Albéric «Briek» Schotte, un armario ropero de los años cuarenta con un físico que abrumaba con el cuchillo entre los dientes cuando olía el triunfo.

Aquellos personajes calzaban bicis de acero, plomizas y contundentes, de trece kilos y les gustaba saber que una «gélida brisa» les iba a acompañar por el recorrido.

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Flandes, a diferencia de otras carreras, no paró ni siquiera por la ocupación nazi. S

u creador, del cual otros dieron cuenta de forma extensa, fue lo que en la época se llamaba un colaboracionista. Al punto fue su comunión con las fuerzas de ocupación que los cruces y cunetas flamencas se cerraron con policías alemanes esvástica en brazo. El diario que siempre alimentó su leyenda, el Het Nieuwsblad, tuvo que ver como otro, el Het Volk, emprendió una carrera del mismo nombre como respuesta a la alineación con el considerado enemigo en esas terribles fechas.

Aquí sin embargo, cuestiones políticas al margen, De Ronde son dos palabras mayúsculas que se impresionan en decenas de cajas de latas de Coca Cola en los supermercados.

Porque más de cien años no se cumplen todos los días y no desde en una carrera que hace de seña al mundo de una tierra que se conoce sobre ruedas finas y frágiles.

Foto tomada de Cycling in Flanders 

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Ciclismo antiguo

El rampante león de la bandera de Flandes

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Flandes bandera JoanSeguidor
WorldTour 2022 – TopPost

El león llena la bandera amarilla de Flandes

Flandes, amarillo, por otro lado: Tres colores verticales visten la bandera belga: negro, amarillo y rojo.

Repartidos equitativamente, en tercios, cada color tiene su qué. El negro viene de la armadura, el amarillo por el color del león de las armas y el rojo procede de la lengua y dientes de ese león. No siempre fue así. Hasta hacer su enseña una réplica de la tricolor francesa, ésta era horizontal y con ésta combatieron el rodillo de los Austrias en el siglo XVIII.

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Bélgica es un país que alcanzó la independencia en 1830. Sus colores vienen heredados de la heráldica de Brabante, la región central de un país polarizado por dos vertientes muy opuestas en todo: Flandes y Valonia.

En la primera la vida es rural y vecinal, la otra es industrial y afrancesada. Ni mejor, ni peor, diferentes.

Sin embargo son cuatro las grandes regiones belgas.

En medio, Bruselas, color púrpura y flor de lys en medio, flor amarilla por cierto.

Al sur, encajada en montañas, al final de las Árdenas, territorio hostil y bélico, la región alemana, también llamada Limburgo, con león desafiante, casi flamígero rojo y nueve rosas, tantas como ayuntamientos.

Encima de ésta Valonia, la patria de la Lieja y la Flecha.

Su bandera es un gallo, semi protectorado francés.

La bandera de Flandes es otro cantar, harina de otro costal. La verán mucho estos días. Prácticamente sondeará el camino de los pelotones desgajados por estas carreras dibujadas por el demonio. Curva, viraje, giro, contra giro, pasarán mil veces por el mismo lugar, por el mismo cercado, primero bajando, luego en transversal, después subiendo.

Un laberinto en medio de la nada, de pequeñas colinas que fueron atravesadas por la metralla de dos guerras mundiales.

Ciclismo en Flandes Koppenberg JoanSeguidor

El león negro sobre fondo amarillo es la bandera de Flandes y casi diría que la del ciclismo.

Sólo algunas otras se podrían medir a ella, la ikurriña vasca, inspirada en la Union Jack, y la luxemburguesa –la civil, que es de franjas azules horizontales con león rampante coronado y con dos rabos- muy frecuente en los muros que van a Lieja cuando los Schleck guardaban opciones de victoria.

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La bandera flamenca echa raíces en 1302 cuando Pieter de Coninck la desplegó en la batalla contra los franceses en la ciudad de Kortrijk. Hay dos versiones de esta bandera, adoptada como la oficial flamenca hace poco más de cuarenta años.

Una, la formalmente establecida en los libros, que es amarilla con un león negro y la lengua roja. La otra no diferencia la lengua del rampante animal, que también es negra, porque de esta manera se omite el vínculo con Bélgica.

Esta es la más usual en la Ronde, en Harelbeke, en la Kuurne, en la Het Nieuwsblad,… es la bandera independentista.

La categoría del león flamenco es tan grande que dos ciclistas fueron apodados con tan viril etiqueta. En los años cincuenta, mientras Italia se relamía las heridas de la guerra entre Coppi y Bartali, el tercer hombre, Fiorenzo Magni, hacía historia en Flandes. En la década pasada Johan Museeuw se ganó también el apodo. Ambos fueron leones, y no unos leones cualquiera, leones de Flandes.

Imagen tomada de deronde1.wordpress.com

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Mundo Bicicleta

Ciclismo en Flandes, por las rutas que construyeron la fe

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Ciclismo en Flandes JoanSeguidor
WorldTour 2022 – TopPost

Recortes peregrinos de una ruta que abrió para nosotros la profundidad del ciclismo en la tierra de Flandes

Nos cuentan que el «flandrien» es un ciclista duro, que compite hasta que su rostro se torna irreconocible, que cruza la meta con un brillo especial en la cara y el pelo húmedo, que angula sus brazos, acerca el mentón al manillar y baja la espalda porque no ve más acá del umbral del dolor.

Es un tipo que no se queja, que no mira al cielo cuando pone el pie en la ruta.

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El «flandrien» auténtico» calzaba bicicletas de acero de trece kilos, llevaba el tubular a modo de chaleco y desparramaba su capacidad física, que no era poca, por el itinerario.

Oudenaarde JoanSeguidor

Ni Toni ni un servidor somos «flandriens», somos en todo caso, admiradores venidos del sur, para acercarnos lo más posible en esas sensaciones originales que cincelaron uno de los ciclistas más idealizados del universo de la bicicleta.

Nosotros no partimos hacia la conquista del Tour de Flandes, en todo caso, ser parte del lugar, donde no es difícil pasar desapercibido si vas en bicicleta.

El cielo está blanco, a veces azul «habéis traído el sol con vosotros» bromean, pero la lluvia nos va a respetar.

El frío flota en el ambiente, es noviembre, mediados, la hoja ha caído, y la que no mecha de ocre un paisaje por lo demás lineal, salpicado de alguna pequeña colina, que seguramente encierre algún adoquinado tramposo.

Son unos cinco grados.

Dries Verclyte, nuestro anfitrión de Cycling in Flanders, nos invita a una ruta por algunos de los parajes que cada año vibran no sólo con De Ronde, también con muchas de las grandes carreras del calendario belga y otras, las menores, que sirven para inocular este amor por el deporte, el paisaje y la tierra que en Flandes se llama ciclismo y que es una cultura que trasciende a lo meramente cotidiano.

ciclismo en flandes ruta en bicicleta JoanSeguidor

Los primeros kilómetros nos llevan de Oudenaarde hacia la base del Oude Kwaremont.

«Recibiréis un gratificante masaje y gratis» bromea Dries que aprovecha para señalar al horizonte: «Ahí, donde ese pequeño campanario blanco, tienes la cima del Koppenberg».

El ciclismo en Flandes es relajante: rodar sin más intención que respirar su aire, cortante por el frío, algo reseco, estamos a unos 100 kilómetros en línea recta de la costa, entremezclado con los «aromas» que vienen de las continuas granjas que dejas a los lados.

Es relajante por que no vamos enfilados en un pelotón con cien lobos jugándose el pan y por que el viento ese día estuvo en calma.

Los elementos también hacen el ciclismo de Flandes.

También lo es por el tráfico, casi inexistente en muchos tramos, con una completa red de carriles exclusivos para bicicletas que dejan ajeno a ese peligro que quita el sueño a muchos ciclistas.

Pronto llegaremos a la base del Oude Kwaremont, desde hace siete años, el punto clave en la decisión del Tour de Flandes, desde el momento que instaurara el circuito que actualmente decide la carrera.

Es una subida de dos tramos, unidos por un falso llano intermedio.

En él adivinamos que los laterales permiten «navegar» ajenos al adoquín, que es molesto, maltrecho, llevando tu ruta a un completo azar.

«Aquí no es tan importante la cadencia, como en los grandes puertos del Tour, aquí hay que tirar de cuádriceps, de fuerza, chepazos, parte central del manillar y para arriba» sugiere Dries en el asfalto que precede la subida.

El adoquinado tiene algo de «panza» por el centro, conviene irse a los lados, pero no mucho para no correr la suerte de Peter Sagan, a cuarenta por hora, cuando se enganchó a la valla y se fue al suelo Naessen y Van Avermaet con él.

Fue en la edición que ganó Gilbert, cincuenta kilómetros escapado, desde la escabechina de Boonen en la capila, Geraldsbergen, emblema que no podemos visitar, pues queda algo más alejado.

El Kwaremont queda atrás y viramos hacia el Paterberg

Si el primero se va a más de dos mil metros, éste no llega a los 400.

En su base, momentos antes de abordarlo, a nuestra derecha dejamos una granja, una más, podríamos pensar, per ésta es curiosamente de un animal andino, de llamas ¿qué haría ahí?

El Paterberg es un espejismo, una recta en mejor estado que el Kwaremont que parece una rampa de despegue, que gana desnivel según subes.

La inclinación final brilla, el sol ciego del otoño, casi invierno, flamenco, ilumina pero no calienta, le da al lugar un aspecto onírico que nos distrae de la verdadera dureza de la rampa.

En la cima del Paterberg tomaremos ruta a la izquierda, deshacemos por otra carretera el camino hecho, porque Flandes en estos lados, es estrecho, íntimo y revirado, un sorteo de curvas y contracurvas que pone en ventaja a la gente del lugar, de ahí que dos tercios de las ediciones De Ronde hayan sido para ciclistas del lugar.

De Ronde: Si el Kwaremont ha sido el muro + frecuentado el Paterberg tiene el desnivel + pronunciado, un 20,33% en su aliento final


Dries nos pone al corriente, vamos camino al Koppenberg.

Sobre el Kopperberg alecciona: «Ninguna otra carrera lo cruza, sólo el Tour de Flandes y eso que estuvo varios años sin subirse. Es sin duda el tramo más duro y en peor estado de todos los de la zona«.

Si una subida ilustra el ciclismo en Flandes es el Koppenberg.

Y así nos sumergimos en esa atmósfera que estrecha, recargada, no diría que asfixiante, pero sí mística, oscura, con recodos ponen en alerta nuestra máquina, una suerte de «toro bravo» que no se deja domar.

El Koppenberg es salvaje, el espacio es el que es, escaso y la estrechez obliga a ser certero en la trayectoria, más si eres parte de la manada de lobos que opta a la gloria en la meta de Oudenaarde.

Su pico de pendiente rebasa el 19%.

Ciclismo en Flandes Koppenberg JoanSeguidor

Nos sentimos «flandriens», no tanto por nuestro rendimiento, como por formar parte del paisaje, participar de la tortura de un firme hostil, cuyo hormigueo te acompaña durante los primeros metros de llano que siguen cada adoquinado.

Pero al ciclista medio le gusta sentir ese dolor que le aproxima sus ídolos, en un escenario que tiene árboles por techo y restos del reciente Koppenbergcross, el de «todos los santos» que tuvo lugar días atrás.

Coronar su recta final es haber atravesado el tramo más auténtico de De Ronde, un espacio para la ensoñación que habla de lo complicado que es todo esto para un pro.

«Decididamente son de otra pasta» convenimos arriba.

La ruta, perfectamente señalada de forma perenne, prosigue hacia la calle del Tour de Flandes.

La sucesión de ganadores escritos en el suelo, con su año, nos advierte de lo trascendente del lugar.

ciclismo en Flandes estatua creador del Tour de Flandes JoanSeguidor

Antes de llegar a la mitad, el memorial de Karel Van Wijnendaele recuerda al creador de la carrera, hace más de cien años, siguiendo el patrón de otras grandes competiciones ciclistas: ante la necesidad de contenidos que ayudaran a vender más diarios, se organiza una carrera que no era otra cosa que una vuelta a Flandes, en el más estricto sentido de la palabra, con salida y llegada a la ciudad de las tres torres, Gante.

324 kilómetros tuvo aquella locura en 1913, años previos a la Gran Guerra que tantos capítulos se cobraría en los campos de Flandes, los que hoy mecen el mejor ciclismo del mundo.

La ruta prosigue por las flechas del Tour de Flandes dirección la cota favorita de Tom Boonen, ahí donde siempre gustaba tensar la cuerda.

El Taaienberg es una recta de medio kilómetro en la que la primera selección tenía lugar.

El sitio de Tom, el corredor que venera una esta región entregada al ciclismo, el digno portador del tesoro que un día guardó Johan Museeuw, como Stijn Devolder, como Peter Van Petegem y esos contemporáneos que un día nos abrieron la puerta de ese sueño que es el ciclismo en Flandes por un viaje que justo acaba de comenzar.

Continuará…

 

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Démare les ha mantenido a raya hasta el final
Ni el punch final de Bauhaus ha sido suficiente. El francés tiene un vergel en el Giro como nunca lo ha tenido en su país #Giro2022

Santuario de Vicoforte

Leyenda

Un cazador, vio algo entre los matorrales, cuando disparó, se dió cuenta que le había dado a una antigua talla de la virgen que sangraba.
Arrepentido prometió crear una iglesia en su honor.

Os cuento más con:
@JoanSeguidor & @FAremberg
⬇️⬇️ https://twitter.com/JoanSeguidor/status/1527623925730906113

Viendo lo que le ha pasado a Bardet, recuerdo las vueltas que le daba @mikeilundain a las caídas de Landa camino del Blockhaus.
Y es que en 3 semanas cualquier chorrada te envía para casa, por eso minimizar percances, riesgos y demás es clave.
#Giro2022

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