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Ciclismo antiguo

La legendaria generosidad de René Vietto

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Tuvalum

Quisiéramos hacer memoria y recordar un hecho que vivió la ronda gala en el año 1934. Tenemos en mente, consignamos el nombre de René Vietto, un ciclista sumamente popular en aquellos lejanos tiempos, que a pesar de sus excepcionales facultades físicas no consiguió un triunfo absoluto en el Tour. No habiéndole faltado ocasiones para lograrlo. Nos adentramos hoy alrededor de un gesto admirable que marcó su dignidad deportiva, de aquel ciclista nacido en la población de Rocheville, una localidad que se localiza en la región de la Baja Normandía, en el departamento de la Mancha, en los confines concretos del norte de Francia.

No en vano, antes de sumergirnos en el tema, quisiéramos destacar un antecedente que de por sí refuerza lo que fue el ciclista francés Vietto, nuestro protagonista en el capítulo de hoy. Se empezó a hablar de él a la temprana edad de apenas 20 años, en el año en el que hacemos alusión en el encabezamiento de esta crónica, que se introduce en acontecimientos pertenecientes al pasado. Llegó al ciclismo un tanto por casualidad dado que trabajó por algún tiempo como botones en un renombrado hotel que se erigía en la ciudad cosmopolita de Cannes. Concurrió al Tour, todo casualidad, como simple doméstico al servicio del conocido y popular ciclista galo Antonin Magne, su capitán, que se adjudicaría con autoridad el Tour de Francia en litigio. Vietto surgió así de repente de la nada al vencer en nada menos cinco etapas en el transcurso de la mencionada ronda; es decir, en Grenoble, término de la 7ª etapa, en Digne (9ª), en Cannes (11ª), en Pau (18ª) y en Burdeos (19ª).

Sin embargo, lo que son las cosas, fue en el mismo corazón de los Pirineos, al afrontar el puerto del Portet d´Aspet, cuando su director técnico le ordenó que parase y cediera la rueda delantera de su bicicleta a Magne, que había sufrido una seria avería. Lo cierto es que el bravo Vietto, sumergido en la soledad de la carretera, con cólera y con amargo desespero, debió esperar veinte largos minutos para que al fin pudiera reemprender de nuevo la marcha con una rueda restituida de manos de sus mecánicos. Magne, lo reiteramos, pudo ganar el Tour con paz y cierta tranquilidad. Vietto accedió a llegar a París y clasificarse en el quinto lugar en la tabla absoluta, adjudicándose, eso sí, el Gran Premio de la Montaña sobre nada menos el español Vicente Trueba. Cabe recordar que en el Tour correspondiente al año 1939, logró ser segundo en la clasificación general, siendo superado tan sólo el belga Sylvêre Maes, vencedor en aquella edición.

Situándonos en el año 1947 y dejando atrás la Segunda Guerra Mundial, René Vietto volvió a la palestra con gran empuje y de tal manera que en la segunda etapa, de Lille a Bruselas, protagonizó una valiente escapada que le valió una bien merecida victoria parcial y como fruto el colocarse líder del Tour, vistiendo y ostentando la casaca de oro durante una quincena de días. Con todo todas sus ilusiones se desvanecieron en la etapa individual de contrarreloj, Vannes-Saint Brieuc (19ª), de nada menos 139 kilómetros de recorrido. Aquella jornada fue funesta para el esforzado Vietto, ciclista voluntarioso y a la vez de carácter violento, pero extremadamente generoso en sus actitudes.

El franco-italiano Pierre Brambilla se hizo con el liderato, pero luego en la última etapa, un tanto decisiva, el diminuto y peculiar Jean Robic, al que se le denominaba “El cabeza de cuero”, en un golpe de gracia, conquistaría el triunfo definitivo en el Parque de los Príncipes de París, una gloria a todas luces inesperada. Vietto, aquel hombre que luchó siempre frente a la adversidad, debió contentarse con alcanzar el quinto puesto en la clasificación final, con otra segunda victoria destacada en la etapa Briançon-Digne, siempre entre montañas, con su mejor arma como buen escalador nato que bien era.

Quizá ante otra nueva oportunidad, con buena disposición, trataremos de extendernos y ensalzar la real categoría de este corredor al que ahora hemos querido elogiar de una manera un tanto sucinta.

Por Gerardo Fuster

INFO

La revista francesa líder entre los ciclistas aficionados, Le Cycle, se queda con los guardabarros de Sencillo Bikes.

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Ciclo21
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3 Comentarios

3 Comments

  1. Gerard

    29 de noviembre, 2014 En 19:59

    Genial crónica de la generosidad de este histórico corredor. Ejemplos como estos son necesarios en el deporte para que la juventud los imite.

  2. Pere

    2 de diciembre, 2014 En 9:32

    D. Gerardo resucita episodios ciclistas como el de René Vietto que muestran generosidad, un valor humano que hace grande el deporte.

  3. Brunsó

    2 de diciembre, 2014 En 17:13

    Excelente artículo de D. Gerardo Fuster y excelente fotografía nostálgica que muestra el rostro de un gran ciclista y de un deportista ejemplar y que mantiene vivo su recuerdo entre los aficionados al ciclismo

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Ciclismo antiguo

La contrarreloj que Indurain no acabó

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Tuvalum

Julián Gorospe fue la pareja de Indurain en aquella contrarreloj

Hace unos días, curioseando twitter, nos encontramos con esta historia sobre la contrarreloj que Miguel Indurain no acabó…

El Trofeo Baracchi fue una competición italiana de final de temporada que se disputaba en una crono por parejas

La primera edición se remonta a 1941 con victoria de Michele Motta, cuando aún se celebraba a modo de crono individual.

Fue en 1953 cuando se celebró la primera en dúo: la ganaría por tres veces Fausto Coppi acompañado por el también italiano Riccardo Filippi.

La prueba empezó en la Toscana, pero se mudaría al Trentino, concretamente a Trento, la capital de la región, sede de esa edición de 1985.

Seis años después se solaparía con el Gran Premio de las Naciones que ganaría Tony Rominger, volviendo a la fórmula de crono individual.

Por cierto, que el Gran Premio Eddy Merckx, otra prueba contrarreloj de gran prestigio, también adoptó la competición por parejas.

Entre sus ganadores estuvo la formada por Abraham Olano, ganador individual un año antes, y Chente García allá por 1998, el gran año del guipuzcoano que venía de ganar la Vuelta y el mundial contra el crono.

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Así las cosas, el sábado 28 de septiembre de 1985 se celebró un Trofeo Baracchi cargado de tantas figuras como pocas carreras podían aglutinar.

Por delante 96 kilómetros de eterno esfuerzo mano a mano con tu pareja, una contrarreloj que el dúo de Reynolds formado por Julián Gorospe y Miguel Indurain afrontaba ante los cocos de la época.

No en vano la pareja ganadora, formada por dos recordmen de la hora, Francesco Moser y el danés Hans Henrik Oersted marcaron un crono inferior a las dos horas en aquella eternidad, superando por 24 segundos a Caroli-Wilsin y dos minutos a Bernard y Wiss.

Los focos estaban en la pareja del momento, Bernard Hinault-Greg Lemond, primero y segundo por ese orden en el Tour de aquel año

El francés se vio incapaz de seguir al americano, toda una premonición, y su tiempo se fue por encima de los cinco minutos respecto a Moser, quien con esa victoria se situó como el mejor de todos los tiempos en esa carrera.

En el primer tramo de la crono, el danés Oersted llevó el peso y fue en ese punto cuando la crontrarreloj puso de relieve la calidad del dúo español de Indurain y Gorospe, pues en el primer intermedio marcaron el segundo mejor tiempo.

«Tuve un día fabuloso -dijo Julián Gorospe en Ciclismo a Fondo- de esos que vas sin cadena, pero Miguel no tuvo el suyo. Éramos la revelación de la prueba, ocupando el segundo puesto de la contrarreloj, pero Indurain cogió una pájara impresionante. Le llevé a rueda unos kilómetros, para que se recuperase, pero a diez de meta tuvo que bajarse de la bicicleta. Nos quedamos con las ganas»

La historia que narra Gorospe en esa contrarreloj es la de un joven Miguel Indurain que ese mismo año se había convertido en el líder más joven que jamás haya tenido la Vuelta a España.

El de Mañaria tenía entonces 25 años y era una de las grandes figuras del ciclismo vasco, siempre «enfrentado» deportivamente a Marino Lejarreta, dividiendo las aficiones.

Para esa época Gorospe ya era un ciclista con pedigrí, líder en la Vuelta que acabaría perdiendo ante Hinault camino de Ávila, Gorospe ya tenía una Itzulia y etapas en la propia Vuelta en su palmarés.

Para Indurain aquella contrarreloj fue una esas experiencias que nadie recordaría años atrás, pero que habla del camino lento, pausado y cargado de paciencia que supo conducirle con éxito hasta sus cinco Tours.

Diez años después el último cinco veces ganador en Francia ya no sería Bernard Hinault.

Imagen: Dorsal 51

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Ciclismo antiguo

#PodcastJS Fernando Escartín, el ciclista de la esforzada figura

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Fernando Escartin JoanSeguidor
Tuvalum

Viajamos al ciclismo que perpetuó Fernando Escartín

No pocos aficionados al ciclismo esbozan una sonrisa cuando surge el nombre de Fernando Escartín.

Pocos ciclistas conectaron de forma tan directa y sincera con el público a través de la incondicionalidad en el esfuerzo y la entrega en carrera.

Durante más de diez años Fernando Escartín fue uno de los ciclistas más queridos del público: no era el más laureado, tampoco el más elegante, creció rodeado de auténticos gigantes, pero supo rascar su sitio en el corazón del buen aficionado al ciclismo.

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Esa década de ciclismo parte del mismo Clas-Cajastur, el equipo de la tierra, que se hizo multinacional con Mapei.

De ahí a los mejores años liderando el Kelme, el equipo que ponía los gregarios a bailar para que Fernando Escartín volara y alcanzara metas increíbles como los podios en la Vuelta y el Tour y aquella etapa de Piau Engaly.

Años después aquellos años quedan lejos, pues hoy diseña recorridos que omiten las cronos y potencian las llegadas en alto: «Me equivoqué de época» cuenta, pero no cambiaría nada del ciclismo que le tocó vivir, un ciclismo que con todas sus imperfecciones le dio todo lo que tiene.

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Ciclismo antiguo

En España, el ciclismo es de escaladores

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Tour de Francia - Federico Martin Bahamontes JoanSeguidor
Tuvalum

El ciclismo en España no se entendería sin los escaladores

El ciclismo de España se vincula íntimamente con la palabra escaladores, esa estirpe que emergió, cuando medio país se dio cuenta de lo cerca que estaban los Pirineos los días que el Tour tenía a bien atravesarlos.

Una estirpe que ha pasado de generación en generación, trasladando el gusto por las cuestas, legitimando que cualquier gesta firmada en la montaña es más hazaña, pues se recubre de épica y leyenda enmarcadas en la belleza de las cimas.

Por eso, en pleno siglo XXI, la unión de las palabras ciclismo, España y escaladores sigue en plena forma, identificándose la montaña como el paradigma de lo que puede dar este deporte a este lado de los Pirineos.

De esta guisa, la revista Peloton Magazine recoge en esta pieza los grandes nombres de la escalada en España, en un viaje que nos trae grandes recuerdos.

Éste arranca desde el mismo 1930, cuando Henri Desgrange monta un Tour por selecciones y España llega capitaneada por un tal Salvador Cardona, para siempre el primer ganador de etapa español en el Tour.

En ese conjunto emerge Vicente Trueba, el considerado, posiblemente pionero de esta tradición

Dicen que Vicente pesaba 112 libras, al cambio menos de 51 kilos, y que entró en el Tour compitiendo en la categoría de turista, una forma amable de decir que competía solo, sin equipo, ni staff.

La ruta 100 por la Gran Canaria Ciclista

Hasta él tenía que arreglarse los pinchazos de una bicicleta que pesaba por dos de las actuales, minucia que no le impidió ser el primer rey de la montaña en 1933 tras ser una flecha por los puertos de los Pirineos y Alpes, especialmente en el Galibier, donde marcó un excelente récord.

Como buen escalador era excelente hacia arriba y negado en los descensos, pero con él empezó todo, la íntima relación de las palabras ciclismo, España y escaladores.

Le tomaría el testigo el paradigma, creo que mundial, de la escalada Federico Martín Bahamontes, quien ganaría el primero de sus siete premios de la montaña en 1954, un año después de conseguirlo Jesús Loroño.

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A día de hoy nadie tiene más KOM que Bahamontes: los siete del Tour más uno en el Giro y dos en la Vuelta

Con nueve le iguala Gino Bartali y con ocho les sigue ese témpano llamado Lucien Van Impe.

En la lista de conquistas de Federico Martín Bahamontes se contemplan casi todos los grandes puertos del Tour y eso que le tocó vivir paralelo a otro de los grandes de siempre hacia arriba, Charly Gaul.

La lista prosigue por el relojero abulense, Julio Jiménez, un ciclista de cuyas gestas no somos conscientes muchas veces, pero que colecciona éxitos tan singulares como aquel en el Puy de Dome el día que Tour estrenó televisión en directo para inmortalizar el duelo a codo con codo de Anquetil y Poulidor.

A Julio le sigue José Manuel Fuente, el ciclista más racial que haya dado el ciclismo en España en materia de escaladores y en cualquier otra, un competidor de rompe y rasga de cuya aureola se inspirarían Perico, José María Jiménez y Roberto Heras, tres nombres más de una historia en la que los de Peloton se han dejado unos cuantos…

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Ciclismo antiguo

Indurain y Valverde: Duitama no admite comparación con Florencia

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Tuvalum

Los marcajes de Indurain y Valverde en sus respectivos mundiales estuvieron a años luz

España es un país relativamente joven en la historia de los mundiales de ciclismo, pero si hemos de quedarnos con dos de siempre, Duitama y Florencia serían los extremos, gentileza de los que consideramos los dos mejores ciclistas a este lado de los Pirineos: Indurain y Valverde.

Entre ambos pasaron 18 años, una mayoría de edad que curiosamente adquirió el ciclismo español en una de las asignaturas pendientes que venía arrastrando desde el segundo cero de su creación.

En ese tiempo sólo queda al margen el oro de Alejandro Valverde, una de las victorias más deseadas del pelotón, en Innsbruck, todo lo demás entra directo en ese periodo, los tres oros de Freire, el doblete de Hamilton de Astarloa, las medallas del mentado Valverde… incluso hasta el registro singular de Abraham Olano, único ciclista capaz de ser campeón contra el reloj y de fondo.

Al ciclismo español le quedan otras asignaturas, no os penséis, como las clásicas del adoquín, pero en esas peleas, salvo Flecha nadie pareció estar con visos de salir exitoso.

“L’adoquí”, caja de productos y experiencias para los amantes de la bicicleta

Volviendo a Duitama y a aquella tarde-noche, por el horario de aquí, lo cierto es que hemos recordado y debatido ampliamente, en este mal anillado cuaderno, lo que pasó.

Incluso nuestro amigo Miguel González, nos trajo el otro día una opinión muy alejada de la nuestra en la que se volvía sobre si Olano debió o no disputar la jerarquía de Miguel Indurain.

Nosotros siempre defendimos que aquello fue de manual de primero de ciclismo, en una escapada en la que tienes ventaja numérica, lo normal es lanzar al segundo para que los rivales quemen cartuchos en la caza.

Aquello que vimos claro y de cajón se convirtió en el principio del fin para Abraham Olano, quien ganando ese arcoíris se cargó de un peso que le lastró para siempre.

Sin embargo, más allá de lo que Olano hiciera, la grandeza de Miguel quedó reforzada en un día que llevaba su nombre y apellido.

El control que ejerció para que su compañero volara al triunfo contrasta con lo que vimos en Florencia tantos años después.

Si en Colombia el gran rival fue Marco Pantani en Italia, la rueda de Vincenzo Nibali fue veneno para la selección española.

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Cuando Alejandro Valverde se obcecó en marcar al italiano y Rui Costa tomó metros, que luego fueron segundos irreducibles, la suerte de control y estrategia que Indurain sí supo plasmar para Olano, se esfumó en Valverde, para desgracia de Purito.

El catalán, como Olano, ejerció de segundo espada venido a líder, pero le falló la retaguardia.

Hizo la carrera perfecta, incluso la convenida con el propio Valverde, pues al murciano ya le iba bien que su compañero incordiara, pero la clave estuvo en el marcaje, dejar a Nibali entre él y Rui Costa, en cabeza, fue faltal.

De un oro y plata que muchos saboreábamos, se pasó a los dos escalones bajos del podio.

Valverde dijo que no pudo, que no le dio para salir a por el portugués, cuando sólo cabía esperar algo del luso, siempre escondido, siempre tan fresco.

Aquella tarde, como 18 años antes, hubo lágrimas, pero no de felicidad y sí de incredulidad, Valverde no había sido Indurain, y mira que lo tenía todo para romper la lanza a su favor.

La fotografía es ésta, la actitud y habilidad de uno y otro en un momento similar, separados por tantos años, sin más intención que poner negro sobre blanco lo que hicieron ambos en un momento crítico, y sin olvidar méritos de Valverde, quien fue clave para el tercero de Freire o una ayuda in extremis en la carrera final de Purito en los Juegos Olímpicos de Río.

Que siempre hayamos pensado que Valverde es y ha sido capo, no quita que haya realizado alguna labor para terceros, pero aquel día su perenne grandeza nos cayó a los pies.

 

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Una #StradeBianche en España???
C´ est possible
Sitios sobran Ribera de Duero, Rioja Alavesa, Canal de Castilla, Piorat, Penedès,... pero si una zona parece querer apostar en firme es Jaén y vergel de olivos.

https://joanseguidor.com/strade-bianche-en-espana/

Mathieu Van der Poel nunca va de farol...

https://joanseguidor.com/strade-bianche-2021/ by @JoanSeguidor #StradeBianche2021

El golpe que Van der Poel dio en la Strade Bianche es una de esas victorias que exceden con mucho el mero apunte estadístico, es una OPA A TODA LA PRIMAVERA.

https://joanseguidor.com/victoria-van-der-poel-strade-primavera/

La historia del manillar de Van der Poel nos deja lecciones como que lo que utiliza esta gente no es lo mejor para el ciclista medio, que conceptos como ligereza o aerodinámica no son sinónimos de seguridad y que conviene tener un buen mecánico cerca.

https://joanseguidor.com/manillar-roto-van-der-poel-samyn/

Una Strade Bianche en España sería posible.

https://joanseguidor.com/strade-bianche-en-espana/ by @JoanSeguidor

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