Ciclismo
¿Por qué el maillot de la selección belga es la mítica celeste?
El maillot belga se hizo celeste por el calor
Lo llevarán el domingo Evenepoel, Van Aert, Van Gils, Benoot y otros…
Mítico entre los míticos, el maillot de la selección belga es uno de los más cotizados y admirados por toda la gente que amamos el ciclismo.
Ese tono azul cielo, casi celeste, que identifica al bloque flamenco y valón en cada Campeonato del Mundo o cita olímpica, es una de las prendas más icónicas del pelotón.
Sin embargo, la indumentaria belga no siempre lució esta tonalidad de aire clásico.
En las primeras décadas de competición, la vestimenta de la selección belga era predominantemente negra, acompañada por el amarillo y el rojo de su bandera en el pecho y las mangas.
Durante la época de esplendor de las selecciones nacionales en el Tour de Francia, el maillot negro vistió a corredores ilustres como Romain Maes o Sylvère Maes, quienes dominaron la Gran Boucle en los años treinta antes del parón bélico.
En 1935, Romain Maes firmó una gesta histórica al liderar la prueba de principio a fin vestida con esa indumentaria oscura.
Más tarde, en 1939, Sylvère Maes repitió triunfo en la carrera francesa, imponiéndose además en la montaña y guiando a la escuadra belga a la victoria por equipos en una dura etapa con el Col d’Iseran.
El cambio de color hacia el distintivo cian no respondió a una razón estética o publicitaria, sino a una pura necesidad climática.
Tras el Tour de Francia de 1947, Raymond Impanis se quejó formalmente ante la Federación Belga de Ciclismo sobre las deficiencias del maillot negro.
Impanis argumentó que la prenda absorbía demasiado calor durante las etapas estivales, provocando un sobrecalentamiento constante que mermaba el rendimiento de los corredores.
Pese a concluir sexto en aquella edición del Tour, afirmó que no pudo aspirar a cotas más altas debido al asfixiante efecto del sol sobre la lana oscura.
Atendiendo a las quejas de sus ciclistas, la federación sustituyó el negro por el azul cian como tono base, desplazando las franjas tricolores negra, amarilla y roja al pecho, cuello y puños.
Este rediseño no solo solucionó el problema térmico
en carretera, sino que consagró una prenda legendaria que perdura hasta hoy en los mundiales.
Años después, la fuerza de las firmas comerciales transformó de nuevo la estructura del pelotón.
En 1968, con el desembarco del joven Eddy Merckx en la cúspide tras ganar clásicas, Giro y el Mundial, los patrocinadores privados ganaron la partida a los combinados nacionales.
La negativa de Merckx a correr el Tour sin el maillot de su marca obligó a cambiar las reglas del torneo en 1969, abriendo las puertas definitivamente a los equipos de marcas comerciales y dejando el maillot cian belga reservado para las citas internacionales.








