Ciclismo
Giro, Vuelta, Tour… lo de menos es el recorrido
Nos obsesiona el recorrido de las tres grandes, cuando la carrera la hacen los ciclistas
No escribí nada sobre el recorrido del Giro 2024, aunque sí he leído y escuchado mucho, ahora viene la presentación del próximo Tour y supongo que la Vuelta ya la conozcamos o en diciembre o el año que viene.
Es otoño y cada noticia de ciclismo se pesa en oro, su valor, lo que significa en tiempo de baja actividad en carretera, que no en pista y ciclocross, se multiplica por tres o cuatro.
En otoño, la presentación de las grandes vueltas es un fijo que esperamos con una mezcla de morbo y friquismo para, una vez desvelado el secreto, lanzarnos a degüello.
Es cierto, estoy de acuerdo con muchas de las cosas que se han dicho del recorrido del Giro de Italia del año que viene y seguramente lo esté respecto a Tour y Vuelta, pero o sé hasta qué punto la liturgia de presentación de recorrido va a quedar para los muy cafeteros, pues al final, el tópico de que la carrera la hacen los ciclistas siempre llama a la puerta.
El año pasado escribí aquí, en este mismo mal anillado cuaderno, que el recorrido del Tour era una tomadura de pelo.
Miré las montañas que subían, la omisión de grandes emblemas, en especial en los Alpes, más la pequeñísima crono, unos veinte kilómetros mal contados, y no vi chicha en ese recorrido.
Pues bien, el Tour 2023 ha sido de calle la mejor grande de las tres y una de las mejores de los tiempos recientes y no tan recientes, pues si una cosa tiene la historia de las grandes vueltas es que nos hemos comido cada truño que no tiene nombre.
Un recorrido insustancial, que atravesaba Francia en diagonal y poco más, con kilometrajes de juveniles, ha sido escenario de tres semanas de pasión en las que no sólo los dos grandes aspirantes entretuvieron al personal, casi cada etapa tuvo algo que contar.
Y eso es lo complicado, lograr que cada día sea un día que merezca la pena en una carrera de 21 días y eso es lo que se persigue, a sabiendas que es casi imposible que suceda.
Bien pues eso, lo ha conseguido el Tour en sus dos últimas ediciones con etapas de juveniles, casi sin crono y haciéndole el salto a grandes montañas de la historia de la carrera.
Si la década pasada el Giro y en ocasiones la Vuelta superaron al Tour, esta vez la grande más grande ha sabido dar con la alquimia justa de recorrido pero sobre todo de ciclistas para darnos el mejor espectáculo posible.
El Giro viene de dos ediciones muy flojitas, de conservadurismo extremo, y quizá por eso el amigo Vegni tenga que hacer esas cosas tan raras, acuciado por audiencias y críticas de la gente, y si para ello hay que traicionar los que consideramos dogmas básicos de la carrera, pues adelante.
Si le sale bien, ya os lo digo, diremos que es un genio y es más, no os extrañe que incluso con el Stelvio a mil de meta, acabemos viendo una carrera que merezca la pena, pues si en el pelotón hay ganas, no hay recorrido que lo resista.





