Ciclismo
El Gavia del Giro 88 nunca volverá
Cada etapa del Giro que se cancela o recorta trae a la memoria el Gavia
El cuento de cada año, cuando el Giro enfoca los Dolomitas, y además últimamente de forma muy insistente: la nieve hace acto de presencia, los corredores se plantan, la carrera cede y todos volvemos al Gavia, año 1988.
Volvemos, claro que volvemos, pero no reparamos en una cosa muy clara, esos tiempos ya no volverán.
Ante el recorte de la etapa que partía de Livigno, sólo puedo decir que lo esperaba y que me ha parecido lógico y coherente para como se están poniendo las cosas en este deporte.
El ciclismo de 2024 se diferencia del de 1988 en que el ciclista está en el centro de todo.
Se piensa más en él, se le escucha y sus equipos se preocupan mucho más por su salud
Aquella situación del Gavia se saldó con épica y mucha suerte que no ocurriera nada peor, como luego podréis leer.
En cada etapa de éstas, surgen las mil veoces de quienes no estamos en la carrera, pero creemos tener la razón, pero esta vez, creo que los corredores tenían razón.
La nevada en la salida, ya lo veis en la foto, era importante, y el ridículo diseño de la etapa abocaba a los corredores a un larguísimo descenso bajo cero, mojados y con muchísimo frío.
El pelotón se podía haber quedado en la mitad.
Cierto es que en 1988 posiblemente se hubiera hecho, o no, porque pocos recuerdan -como sí lo hizo Perico en Eurosport- que al día siguiente cancelaron el Stelvio tras el sustazo del Gavia.
Hoy la carrera no iba a dar más de sí por realizar la etapa entera, y es cierto, en 2014 se bajó el Stelvio bajo una tormenta de nieve y un año antes Nibali ganó en Lavaredo en una tremenda nevada, pero que se hiciera entonces respondió a que el pelotón posiblemente no corriera los riesgos de esta jornada.
Va a llegar el día que el Giro no desafíe las alturas de los Dolomitas y Alpes, tienen las montañas más bellas, pero en estas primaveras caprichosas se hacen querer.
No hubo Stelvio, tampoco Umbrailpass, ni nada.
Jornada recortada y a tirar, mientras los nostálgicos iban pasando imágenes del Gavia
Pero ¿qué pasó en el Gavia hace 36 años?
Fue un cinco de junio, primavera en los Dolomitas, primavera a medias -como cuando Perico y Carlos de Andrés hablan del verano francés-, más cuando la tarde antes a esa jornada todos los informes apuntaban a un tiempo apocalíptico en la subida al Gavia.
Por la mañana, a sabiendas que la cosa se iba a poner fea, Mike Neel, director deportivo del Seven Eleven, ya planteó una logística especial.
A trescientos metros de la cima del Passo di Gavia, situó un coche con bebidas calientes para los corredores
Arriba del todo, aposta un segundo vehículo cargado de ropa seca.
Antes de llegar allí, el fin del mundo.
Ya en el tramo sin asfaltar del principio, el escapado Johan Van der Velde trepaba en medio de una nevada que convierte la ruta en un lodazal, pues el Gavia tiene tramos sin asfaltar.
La suya fue una aventura feroz, que ha pervivido en el tiempo y el recuerdo del aficionado, que no tendría el final perseguido, pues en el grupo de contraataque salieron los capos, con Erik Breukink en cabeza, y Andy Hampsten con él, para conquistar el Gavia más indomable de la historia.
Aunque Van der Velde fue el primero en coronar, sería cazado por neerlandés y americano al pararse en la cima por abrigarse ante un descenso que se anunciaba horrible
Perico no trató ni ponerse los guantes ante la inutilidad de sus manos ateridas de frío y humedad, lo hizo en medio de aficionados que prestaron sus anoraks a los ciclistas.
La bajada presentaba curvas cerradas con pendientes del 16%, un reto que dejaba la monstruosa subida en una anécdota, una cuestión de supervivencia que los del Seven Eleven supieron prever mejor que otros.
Al margen de los coches en la cima del Gavia, Andy Hampsten se había untado de vaselina de la cabeza a los pies.
El resultado lo vimos, Hampsten llegó con Breukink escapado a la meta de Bormio para empezar a encarrilar un Giro histórico, pues sería el primero que ganaría un estadounidense, algo que no hemos visto repetirse.
A media hora de los ganadores, llegaron los preferidos de la afición, Visentini & Saronni, como muestra de las diferencias que se abrieron ese día.
El Gavia, un puerto con más de sesenta años de tradición en el Giro había pasado a la historia para ser recordado anualmente, cada vez que el pelotón afronta una jornada que entra en los cánones de los extremos del frío.
«Poco sabíamos del Gavia y ni si siquiera quisimos reconocerlo por adelantado. De repente me vi en pistas de tierra y en medio de paredes de seis metros de nieve. Me sentí como Fausto Coppi» dijo Imerio Massignan, el primero en coronarlo el año 1960.
Imagen: FB de Giro d´Italia




