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Ciclismo

Lo que daríamos por salir en bicicleta, incluso con lluvia

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Recuerdos de bicicleta bajo la lluvia del fin del mundo

He oído caer la lluvia toda la noche y me vi bajo ella, sobre mi bicicleta.

Y no he parado de dar vueltas en la cama.

Entre esto y los nervios, no he pegado ojo, pensando en lo que me esperaba en unas pocas horas.

Estas no son las mejores condiciones para afrontar un gran reto como el de hoy, una fecha que he tenido marcada en rojo en el calendario durante todos estos meses y que me ha supuesto mucho esfuerzo, mucho entreno casi a diario todo el año.

Esto y los casi 400 kilómetros conduciendo que me metí ayer entre pecho y espalda para llegar hasta aquí.

Pero el reloj, inflexible, marca la hora.

No voy a abandonar en este momento.

Mejor es no pensárselo mucho.

Si lo hiciera me quedaría en la habitación del hotel.

O quizás, a lo mejor, seguiría el recorrido en coche.

Pero no me vale.

He venido hasta aquí para cumplir un sueño.

Qué dirían si después de todo no saliera ahí afuera con mi bici, por lo menos a intentarlo, a darlo todo.

Sabía que las previsiones no eran buenas, que las perspectivas meteorológicas daban una jornada pasada por agua, pero siempre pienso que puede que se equivoquen, o que exageren, o que finalmente sean cuatro gotas y no sea para tanto.

No me voy a echar atrás ahora, aunque compruebe, subiendo la persiana, que en efecto está lloviendo, no mucho, pero lo suficiente para dejarme con desasosiego.

Las finas gotas que caen dejan la calzada completamente mojada.

Es de locos tomar la salida, aunque yo ya tengo experiencia suficiente en pasar horas bajo la lluvia, en sufrir mi peor invierno en un día de verano en las montañas, en notar el impacto del granizo en mis brazos y en sentir el fuerte viento que no te deja avanzar, ese que para mí es el enemigo público número 1 del ciclista.

Pero como siempre pienso, si sales y te pilla una borrasca pues mala suerte, apechugas y tiras para adelante, porque el objetivo es llegar, pero si desde la primera pedalada ya lo haces en estas circunstancias cunde el desánimo y son pocas las ganas de montarte en bicicleta para pasar todo el día en remojo.

No es lo mismo.

Ya se oye gente arriba y abajo.

Eso me anima.

No soy el único loco y son muchos los que ya se están preparando.

Oigo como caminan con sus zapatillas puestas, como hablan entre ellos, inquietos.

Muchas dudas.

Muchos interrogantes.

Escucho que quizás alguno haga lo más sensato e inteligente: no salir.

Algunos se preguntan si llegarán con tiempo al primer puerto.

Incluso si lo harán.

Pero la mayoría se visten, que es lo más difícil: ponerse el culote.

Espabilo y voy por faena.

Concentrado, sí, ilusionado, también, pero con el corazón encogido viendo lo que pasa al otro lado de la ventana.

Ansiedad.

Echo un vistazo a la méteo: desencanto.

El pronóstico es terrorífico.

En el puerto más alto, en el techo del recorrido de hoy, anuncian lluvia y una temperatura de 0ºC, con lo que es fácil imaginar que puede que hasta nos nieve.

No sería la primera vez.

Salgo, por fin. 8ºC de temperatura.

Sigue lloviendo.

Día gris, triste.

En el horizonte los claroscuros de las nubes amenazan las montañas.

Son tan desafiantes como bellas.

Están agazapadas, agarradas a los picos más altos.

Hacia ellos me dirijo.

Llueve y deja de hacerlo con diferente intensidad, pero cuando ya me lanzo, en compañía de otros miles como yo, hacia el primer desafío del día, empieza a llover bastante.

Comienzo a subir.

La lluvia no cesa y yo en mi bicicleta.

Por momentos es torrencial, acompañado de rayos y truenos.

Me acuerdo de Santa Bárbara, como dice el refrán, y a ella me encomiendo.

A medida que gano altura la temperatura también va bajando.

Frío intenso.

A todo este recital climatológico se nos añade ahora la niebla mientras asciendo por una carretera estrecha con el pavimento en bastante mal estado y encima no veo a la distancia de dos metros.

La montaña me mira a los ojos retándome a la cara empapada en sudor frío.

Llego al puerto y la temperatura es de 2ºC.

Bajar en estas condiciones será peligroso.

Vamos pasando poco a poco.

Los ciclistas casi ni nos miramos.

Tampoco nos vemos con nuestras caras tapadas por los impermeables.

Hay algunos que desaparecen entre las pendientes.

Otros, mal equipados, con ropa y guantes de verano, ponen pie a tierra.

No para de llover.

El espectáculo es dantesco.

Carretera impracticable por el barro.

Ríos de agua surcan la calzada.

El aire frío del descenso es intenso.

Sufro.

Hay gente que se ha refugiado ya en el primer bar camino de la segunda emboscada del día.

Estoy muerto de frío.

Empapado de agua hasta arriba.

Pero ya puestos, decido continuar, prefiero seguir pedaleando hasta donde mis pies me lleven.

No quiero retirarme, aunque la tentación de ver cargados un par de autocares con ciclistas dentro hace que me lo piense seriamente.

Mis piernas, curtidas en mil batallas, empiezan a temblar.

Pero no.

Aquí sigo.

Pensando en qué habré hecho yo para merecer esto.

Con lo bien que estaría en casa, qué hago aquí en medio de una tormenta que no para, entre montañas perdidas, debatiéndome entre continuar y abandonar.

Pero hay algo que me invita a seguir.

Llegar al menos hasta pie de puerto, la última y definitiva escalada, donde tengo aparcado el coche y tomar una decisión.

Porque a pesar de todo, del frío, la lluvia, la niebla… el paisaje es inmortal y el juego de luces y sombras, a partes iguales, el olor a tierra mojada, los colores grises diseminados entre los verdes de estos montes, hacen que prosiga en mi empeño por finalizar, aunque los dioses me hayan abandonado a la buenaventura y hoy tenga que machacar mi bicicleta en el infierno camino del cielo.

Foto: Volta als Ports d’Andorra

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Ciclismo

Mikel Zabala habla sobre el «fair play» y una pregunta: ¿ciclista te alimentas bien?

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Con un técnico como Mikel Zabala dejamos pocos temas por comentar

Maravilla de conversación que nos brinda Mikel Zabala.

Y no es por que sea en esta casa, es que es la verdad.

Sus palabras destilan conocimiento, trayectoria y experiencia, pero también la humildad de quien se hace querer y sabe ser próximo

El lujo de tener a Mikel Zabala en nuestro podcast es algo que hace tiempo que perseguíamos y lo hemos logrado a partir de este tweet.

En él Mikel Zabala le quita hierro a la gravedad de la competición y recuerda que primero de todo, somos personas.

Pero no sólo nos habla de «fair play» también de su época de Movistar, de los jóvenes que vienen, de Van der Poel y el MTB y de otros temas, pues al final con él nunca se acaba el carrete.

La semana pasada comprobamos que el tema de la nutrición no tiene muchos fans entre los ciclistas que nos leen, y no es una buena noticia, pues luego en la ruta suceden sorpresas desagradables.

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Por último, Sergio Baxter es el primer triatleta que pisa nuestro podcast, ojo a sus compañeros de entrenamiento.

En este episodio:

– Mikel Zabala, entrenador de ciclismo y seleccionador sub23, «filosofea» un poco sobre la realidad ciclista y entra en asuntos de «fair play».

– A cuchillo: Desde la Transpyr comentamos si el ciclista medio es consciente de la importancia de una buena alimentación.

– Sergio Baxter, triatleta murciano, que se ha quedado a puertas de París 2024 pero que nos cuenta lo importante que es el ciclismo para él.

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Ciclismo

Adam Yates y Almeida, cómo van los chicos de Pogacar

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El UAE con Yates, Almeida o con quien sea no dudará en trabajar por Pogacar

Aunque queden tres etapas, las tres con llegada en alto, la Vuelta a Suiza es feudo exclusivo de los UAE Adam Yates y Joao Almeida.

Lo suyo es exhibición diaria, destrozo rutinario y reparto del botín.

Adam Yates no estaba teniendo una temporada para tirar cohetes, condicionado por su caída en el UAE Tour, mientras que Joao Almeida ha corrido más bien poco y no le vemos delante desde la Volta.

Así es la realidad de las estrellas del UAE, dos corredores de este calibre, con una temporada descargada, y el equipo lidera con mucha solvencia todos los rankings.

Ambos estaban y están en la lista del equipo para Tadej Pogacar.

Viéndoles en Suiza, uno pensaría que es tentador jugarse algún cuarto por ellos en Francia y alguno sí que podría caer.

Corriendo al lado de Pogacar muchas veces procura alguna oportunidad, como bien nos recordó Marc Soler una vez, pero no os engañéis todo movimiento en este equipo será por y para Pogacar.

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Con el Visma lamiendo heridas, UAE este año ha metido todo el arsenal en la mejor carrera del calendario, repitiendo sólo con Marc Soler respecto a los últimos años.

El poderío del equipo emiratí no sé si excede lo que conocemos, pero casi.

Adam Yates, Joao Almeida y Juan Ayuso saben lo que es pisar el podio de una gran vuelta, pero es que además pueden sacar y rematar el córner, como el luso en esta etapa de Suiza.

Cualquier movimiento amenazante lo puede secar metiéndose en la fuga directamente o tirando de carro por detrás y no, no valdrá economizar.

Pogacar sabe perfectamente que ganar el Tour cuenta y mucho, incluso para un ciclista tan poliédrico como él.

Lo que va a tener consigo en la salida de Florencia mete miedo.

Imagen: FB Tour de Suisse

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Ciclismo

El Tapentadol, el analgésico que crece en ciclismo

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El uso del Tapentadol en ciclismo desplaza el castigado Tramadol

Este post es un día de la marmota, cambiad Tapentadol por Tramadol en ciclismo y seguro que hay alguno muy similar en el pasado.

Leo que crecen las voces preocupadas por el uso del Tapentadol en el ciclismo profesional de una forma exponencial.

El Tapentadol es un opiáceo «diez veces» más potente que el Tramadol, y su objetivo es retrasar los efectos de la fatiga en el ciclista, hecho que llegado un momento puede generar en lo que todos ya sabemos, caídas, percances, percepciones erróneas del peligro y esas cosas que cada poco sacuden al pelotón.

En el movimiento por un ciclismo más creíble, Roger Legay, su presidente ya está con la UCI mirando a quién se le va la mano con esta sustancia.

¿Nos podemos creer a los miembros del MPCC?

No nos queda otra, incluso cuando se ponen en plan llorones acusando al resto de hacer cosas que ellos tienen vetadas por norma.

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Recordad que aquí van en esencia los franceses más Education First, Bora, Intermarché y DSM, el equipo de Romain Bardet, muy crítico siempre con estas cosas y hasta la fecha jamás pillado en un marrón.

El Tramadol ha sido hasta hace un tiempo la estrella de la fiesta, pero ha entrado en la lista de sustancias prohibidas, poniendo por fin coto claro a su utilización y evitando limbos como en los que se movió Nairo Quintana el año pasado.

Si es novico, si es malo, se mete en la lista y a quien le pillen, que pague las consecuencias.

Con la irrupción del Tapentadol, el ciclismo vuelve a dar otra vuelta de tuerca al nivel de stress y exigencia que se da en este contexto.

Ganar sí, es lo que vale, pero transmitiendo el mensaje de a cualquier precio.

Caídas y peligros siempre han ido de la mano del ciclismo, pero con estas sustancias corriendo por el pelotón como que se lo ponen más fácil.

Imagen: A.S.O/Maxime Delobel

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Ciclismo

Delta del Ebro, ciclismo en horizontal

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Humedales, flamencos, arrozales… y parada de almuerzo en nuestra jornada de ciclismo en el Delta del Ebro

No es el perfil, no es la dureza que pueda surgir, que la esconde, como veremos, es el horizonte, el paisaje, la variedad, la diferencia con «tierra firme», la singularidad de una tierra amenazada, pero preciosa, única y perfecta para un día de ciclismo.

Es el Delta del Ebro.

Fueron más de 90 kilómetros, sufriendo al final por un pinchazo, perfectos para conocer los sitios más emblemáticos de un trozo de tierra ganado al mar por el aporte de materiales durante miles de años.

90 kilómetros recomendados por nuestros amigos de Ebre Cycling, hablaremos de ellos más adelante, con salida y llegada en el SB Corona de Tortosa, la capital de la zona, en un trazado mixto en el que se aprecia, en primera persona y sobre la privilegiada visión que te da la bicicleta, las peculiaridades que tiene el Delta del Ebro para el amante del ciclismo.

90 kilómetros de ciclismo para hacer el mejor «tastet» del Delta, «tastet» en toda la acepción de la palabra, tanto del territorio como del producto de kilómetro 0.

Un recorrido que partió de Tortosa, resiguiendo el canal izquierdo del río, hasta llegar al mismo límite del Delta.

 

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Es una línea imperceptible en un principio, pero cuando avanzas por ella, te percatas de la singularidad geológica del lugar.

Tomando la carretera que bordea el Delta, de L´ Aldea a L´Ampolla, atravesamos Camarles, y paramos en la entrada de su Penya Ciclista, buscando el momento y la complicidad de la imagen.

Es esa línea, la que viene de Sant Carles de Ràpita, atraviesa Amposta y sigue hasta L´Ampolla, pasando por L´ Aldea y Camarles, la que nos da la visión certera de lo que es el Delta y lo que implica.

En la larga recta hasta L´Ampolla, a nuestra izquierda el paisaje es horizontal y chato, revestido de un hermoso verde ante el primer sol de la mañana, pero plano a más no poder, confundiendo la línea de tierra firme con cielo y el mar.

Eso es el Delta del Ebro, terreno ganado al mar por la propia lógica de la naturaleza, ofreciendo un espacio único para la bicicleta.

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Los tramos ya por el Delta no esconden la placidez que la orografía indica.

Tuvimos la suerte de escoger un día algo nublado y con escaso viento, pero los continuos cambios de sentido de la ruta propician también cambios en la dirección del viento si éste sopla.

Como queda en el mapa: primero vamos dirección mar hasta Deltebre-San Jaume d´ Enveja y luego hasta el inicio de El Trabucador y la Tancada, para luego volver por la línea más al sur hasta el otro vértice del Delta, ya en Sant Carles de la Rápita.

Por el camino, el espacio que se nos abre es infinito, de vistas perdidas, construcciones típicas, grandes arrozales en un primer momento y luego humedales llenos de flamencos que seguro detendrán vuestra marcha, aunque sea un ratito.

Merece la pena parar y merece la pena tomarle el pulso a un lugar en el que te puedes exprimir en las largas rectas, un esfuerzo también muy psicológico, como disfrutar con la familia de un «slow cycling» merecido por la perfecta visión del lugar y el poquísimo tráfico que suele acontecer.

En el tramo anterior a Sant Carles, aún por el Delta, atravesaremos el Poblenou del Delta, un pequeño municipio con una arquitectura blanca muy singular fruto de la instalación de los agricultores de arrozales hace menos de un siglo.

Bonus Track…

Si trazáis esta misma ruta, o incluso si queréis dormir en el corazón del Delta y abordar con calma sus diferentes lugares, os recomendamos conocer Deltaic, un espacio de ecoturismo integrado 100 x 100 en el entorno, en el mismo centro de Deltebre.

En Deltaic tienen un coqueto comedor y un patio a la sombra para hacer la pausa en la ruta o tomarlo como kilómetro cero para salir en todas las direcciones del Delta.

Aquí hicimos parada más o menos en mitad del recorrido y degustamos platos hechos con producto del mismo Delta, como la tortilla de rovelló de xop, muy característico en este bello ecosistema por crecer en lo chopos de ribera, acompañado por un pan de semillas con tomate ecológico y aceite virgen extra de la zona.

De postre, el yogur natural se acompañó de frutas como fresas del propio huerto junto a naranjas y nísperos del mismo Delta y manzanas de Lleida.

Completamos el desayuno con un zumo «coldpress» de naranja local y un café ecológico.

Todo adquirido en comercios y entornos locales. 

El precio de este desayuno ciclista oscila entre los 9 y 12€.

Porque si en algún sitio la bicicleta es perfecta para sumergirse en el entorno es en éste, ciclismo de proximidad, amable y 100% horizontal, honesto y disfrutón.

+ INFO

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DESTACADO: DAUPHINÉ

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