Ciclismo
Pogacar ya es “león de Flandes”
Con 3 victorias, pocos dudan que Pogacar acabe siendo el mejor de siempre en Flandes
De uno en uno, diferencias abismales, cual etapa alpina.
Flandes 2026 ha sido el duelo, el definitivo y con mayúsculas.
El asalto que debía dictar el empate numérico a favor de Tadej Pogacar o el desempate histórico en beneficio de Mathieu van der Poel en la cronología total, que no solo parcial, de De Ronde.
Hablamos de la gran fiesta de Flandes, esa que aquí nos gusta llamar Tour de Flandes aunque sepamos que no es lo más preciso, pero que define mejor que nada la magnitud de lo vivido.
Permitidnos un símil futbolístico para entender al esloveno: Pogacar para, saca de puerta, defiende, crea, organiza, conduce, centra y marca el gol.
Llena la escena de forma absoluta.
Es el ciclista total.
Sé que lo hemos dicho mil veces, que nos repetimos, igual que se repite él ganando, ganando y volviendo a ganar.
Con este triunfo, Pogacar iguala a los grandes de siempre en los muros de Flandes, suma otro monumento más a su vitrina y empieza a mirar de tú a tú, ya sin complejos, a la figura de Eddy Merckx.
Ha sido una carrera total, con y sin compañía, rodando entre gigantes de la talla de Wout van Aert, Mads Pedersen o Remco Evenepoel.
Son nombres y son hombres curtidos en mil batallas, pero cuando Pogacar decide abrir el gas, todos parecen un poquito peor, un poquito más amateurs.
El esloveno voló desde mucho más allá de los cien kilómetros a meta, protegido inicialmente por esa guardia pretoriana que forman Nils Politt y Gianni Vermersch bajo un aguacero que confería tintes épicos a la jornada.
Fue él quien hizo la selección clave, desgajando un corte de estrellas en el segundo paso por el Oude Kwaremont.
Lo suyo empieza a ser una tiranía histórica: encadena cuatro monumentos seguidos, conquistándolos todos menos la consabida Roubaix, ese territorio donde el año pasado ya avisó terminando segundo.
Incluso hubo tiempo para la mística de los pequeños gestos, como cuando le entregó sus guantes a un niño a treinta kilómetros del final, justo cuando ya solo quedaba Van der Poel a su rueda.
La sentencia llegó donde se esperaba, en la base del tercer paso por el Kwaremont.
Allí Pogacar soltó al neerlandés, una imagen que nos recordó a lo sucedido en el Poggio, para iniciar un pulso agónico manteniendo una distancia mínima pero suficiente hasta la línea de meta.
Con este triunfo, Pogacar empata a Van der Poel en el palmarés de Flandes y acecha su sombra en San Remo.
Ahora la gran pregunta es qué pasará en una semana en Roubaix, el reducto final de Van der Poel y la pieza que le falta al esloveno para completar el puzzle.
Decíamos ayer que Boonen y Cancellara tuvieron el jardín íntegro para ellos; aquí los cocos del pavé se la juegan contra el mejor en todo, contra el mejor que han visto nuestros ojos.








Galego da área mindoniense
5 de abril, 2026 at 18:48
Yo lo dudo. Mathieu van der Poel perfectamente puede acabar siendo el mejor de siempre en esta clásica. Está empatado con los mayores vencedores del Tour de Flandes y lleva ya 7 podios seguidos en esta prueba (algo que nunca nadie había logrado antes en la historia de esta carrera).
En esta edición, incluso podría haber estado disputando el triunfo hasta el final de haber sido más inteligente y no haber dado relevos a Pogacar; como dijo Alberto Contador en numerosas ocasiones durante la retransmisión. El esloveno hizo un derroche de fuerzas descomunal durante las últimas decenas de kilómetros, y dudo que fuese capaz de sostener eso ante la Bestia teniendo que correr en todo momento dándole el aire en la cara; mientras que Mathieu van der Poel se iría reservando unos valiosos vatios a su rueda. Al entrar a relevos con Pogacar, perdió esa ventaja táctica que podía tener a su favor. Y lo peor es que la perdió sin ningún motivo, porque lo peor que podía pasar es que llegase Remco; el cual no suponía ninguna amenaza para el neerlandés. Lo sucedido hoy me recordó a aquella Paris-Roubaix que perdió ante un ciclista cualquiera precisamente por haber sido demasiado generoso cuando no tocaba (en aquella ocasión, estuvo tirando llevando el otro a rueda hasta la meta; si no recuerdo mal). Pensé que ya habría aprendido de aquellos errores, pero se ve que no…