Ciclismo
Mathieu van der Poel ¿Y ahora qué?
El año es largo y los objetivos de Mathieu van der Poel se han cumplido en gran parte
Tras una primavera excelsa —dos monumentos más a la cuenta, exactamente igual que hace dos años: San Remo y Roubaix—, qué nombres, qué ciudades, y qué significado tienen para los cafeteros del ciclismo, Ahora nos preguntamos: ¿qué será del 2025 de Mathieu van der Poel?
Hace unas semanas ya comentamos que este año había sido elegido para volver al escenario del MTB. Crans-Montana lo espera en septiembre para los mundiales, al igual que a Tom Pidcock, campeón saliente, y quizá una de las razones por las que creemos que la Vuelta se decantó por invitar al Q36.5.
Mathieu van der Poel ya ha confirmado que su primavera ha terminado, y lo hace con cuatro victorias y un podio: los consabidos monumentos, además de La Samyn, Harelbeke y el podio en Flandes.
También compitió en la Tirreno-Adriático, pero nada que ver con aquella edición de hace cuatro años, cuando nos sacó las lágrimas con aquella actuación fenomenal frente a Pogacar, Van Aert y Alaphilippe.
Como decía, primavera finiquitada para el astro neerlandés, que desata las pasiones —y a veces las iras— de los fanáticos flamencos. Sin Amstel ni Lieja, su siguiente cita más o menos clara es el Tour de Francia.
Y no es ningún secreto que la Grande Boucle no es del agrado del nieto de Poulidor.
Una carrera de tres semanas que sólo lo ha premiado en la edición de 2021.
Allí, ciclistas como Ion Izagirre le pintaron la cara, y su rol como lanzador de Jasper Philipsen difícilmente le compensa, por mucho que sea accionista de Alpecin y se lleve de maravilla con el belga.
Así las cosas, el grueso de la primera mitad del año para Mathieu van der Poel está completado al 75% de su capacidad.
Con el pequeño lunar del Tour de Flandes, creo que lo veremos a cuentagotas: no sé si en el Tour, pero seguro en el Mundial MTB, como paso previo a un nuevo intento por el oro olímpico, tras aquella experiencia fallida en Tokio.
Y es que este corredor, convertido en uno de los grandes “killers” del pelotón, se ha transformado en un lujo contenido y esporádico. Nada que ver con lo que era hace unos años.
Ojo, que esta actitud le ha traído más éxitos importantes, de esos que marcan una carrera deportiva, y al mismo tiempo puede alargar su presencia en la élite.
Por eso, conviene disfrutarlo cada vez que sale a jugar. Porque si lo hace, es porque el objetivo lo motiva, y un Mathieu van der Poel motivado… es caviar del bueno.








