Ciclismo
El camino de Mathieu van der Poel hacia ser el mejor “killer” del pelotón
Este Mathieu Van der Poel no es el de hace cuatro años con sus pros y contras para el aficionado
Una máquina de ganar inmisericorde y eficaz como Mathieu van der Poel no se hace en el día, necesita rodaje, tiempo y sobretodo aprender de los errores.
Estos días dándole vueltas a la evolución que hemos visto de este ciclista único, el elegido, desde aquel corredor que se pasó un Flandes, el de hace seis años, corriendo como un niño con bicicleta nueva y que saltó la banca en la Amstel al francotirador de la actualidad que es capaz de ganarle una San Remo a un ciclista galáctico.
Yo sitúo en dos capítulos el gran aprendizaje de Van der Poel.
El primero en el Flandes que pierde con Kasper Asgreen, “asaetado” por el poder colectivo del Quick Step de toda la vida, una estructura que hoy ha desaparecido del mapa.
La forma de correr ese día, tan generosa, entrando a los cambios de ritmo de los azules y siendo más lento que el danés en meta debió dolerle.
Luego, a los pocos meses, la famosa Roubaix de otoño, irreconocibles rostros y maillots llenos de barro que le levantó Sonny Colbrelli, meses antes de abandonar el ciclismo,
En esos dos actos se acabó el Van der Poel de los ataques estúpidos.
Esto está sacado de valoraciones hechas por estas fechas, pero hace tres años… es el resumen de un artículo que cuenta el cambio de paso del astro neerlandés:
Mathieu van der Poel está cambiando el chip. El ciclista neerlandés reconoció que ya no puede darse el lujo de hacer ataques locos desde lejos como antes, como ese recordado esfuerzo en solitario en Kuurne-Brussel-Kuurne del año pasado. “Cada vez pesa más el palmarés”, dijo en una entrevista con Sporza. “Esos ataques ‘estúpidos’ son divertidos, pero pueden costarte la victoria”, reconoció con sinceridad.
Este año, se lo notó más calculador, sobre todo en el Tour de Flandes, donde resistió los ataques de Pogačar en los tramos más duros y lo venció en el sprint final con inteligencia. Aunque acepta que su estilo agresivo le dio muchas alegrías en el pasado, admite que hoy en día, con el nivel tan alto, equivocarse se paga caro: “Ya no se puede correr ‘a lo loco’, eso te castiga”.
Después de arrastrar una lesión en la espalda que le retrasó el inicio de la temporada, volvió en San Remo con un tercer puesto, ganó una etapa en la Settimana Coppi e Bartali y se impuso en Dwars door Vlaanderen. Luego coronó una gran primavera ganando su segundo Tour de Flandes en un mano a mano tremendo con Pogačar. Terminó su campaña de clásicas con un 4° en Amstel Gold Race y 9° en París-Roubaix.
A pesar del dolor de espalda, que podría seguir molestándolo a largo plazo, Van der Poel dice estar disfrutando más que nunca de la bici: “Dicen que uno valora más el ciclismo después de una lesión, y es cierto. Estoy disfrutando de entrenar otra vez. Antes vivía de carrera en carrera, ahora veo que descansar también sirve”.
Por ahora, se tomará una pausa hasta el Giro de Italia, que arranca el 6 de mayo en Budapest. También planea volver al Tour de Francia, donde el año pasado se puso el maillot amarillo. Y después, los ojos puestos en el Mundial. “Quiero mostrar cosas lindas en el Giro, en el Tour y después enfocarme en el Mundial”, cerró confiado.
Luego fue al Giro y se vació a diario, salvando la edición del tedio total.
Otro aprendizaje, sin duda, pero nada comparable a las desilusiones de perder sendos Flandes y Roubaix que tenía a tocar.








