Ciclistas
Éste es el hogar de Mathieu van der Poel
La figura de Mathieu van der Poel se ha convertido en una suerte de deidad ciclista a la que parece que solo conocemos a través del filtro del éxito, la potencia bruta y esa capacidad casi insultante para domar el barro o el adoquín. S
in embargo, el ciclismo, ese deporte que a menudo peca de endiosar el resultado, olvida que detrás de cada arrancada en el Carrefour de l’Arbre hay una rutina, un paisaje cotidiano y, sobre todo, un hogar.
Shimano, compañero de viaje de Mathieu desde sus inicios, ha decidido levantar ligeramente el velo con el cortometraje “Este es mi hogar”, una pieza que nos aleja del ruido de los podios para situarnos en el silencio de sus carreteras de entrenamiento entre Amberes y Moraira.
Dice el propio Mathieu que era el momento de mostrar una imagen más completa de quién es, no solo como el atleta que pulveriza registros, sino como la persona que convive con la normalidad de su pareja y su perra.
Es un matiz interesante.
En un ciclismo moderno obsesionado con el marginal gain, este relato de Anthill Films nos devuelve a la esencia: el rendimiento de élite no surge del vacío, sino de los kilómetros constantes y las subidas repetidas en los mismos lugares de siempre. Es la mística de la repetición.
Para Van der Poel, el hogar es el yunque donde se forja el acero que luego vemos brillar en los monumentos.
El peso del apellido es una constante en su biografía, con la sombra alargada de Poulidor y el rigor de su padre Adri.
Pero este documento subraya que el legado no es solo una carga, sino una responsabilidad que se gestiona mejor cuando el entorno es familiar. La pieza no busca el artificio técnico, sino la honestidad visual.
Ver a Mathieu rodar con sus componentes Dura-Ace o XTR en la intimidad de su refugio alicantino o belga nos recuerda que la excelencia técnica de Shimano es, en sus manos, una herramienta de instinto.
El neerlandés confía en su material porque es la constante en una vida de variables extremas.
A las puertas de intentar la gesta histórica de cuatro Roubaix consecutivas, este regreso a los orígenes nos dice que, para ganar en el infierno, primero hay que estar muy a gusto en casa.







