Ciclismo
Jan-Willem van Schip y su manillar ya estaban en el punto de mira
No entiendo qué pretende Jan-Willem van Schip con esos manillares
No sucedió en el Giro pero quería dar cuenta de ello.
Hay algo profundamente incómodo en ver a Jan-Willem van Schip tomar la salida de una carrera sabiendo que, en cualquier momento, el brazo ejecutor de la UCI caerá sobre su hombro.
No es la primera vez, y por la amargura que destilan sus palabras tras la expulsión en el Baloise Belgium Tour, parece que él ya ha aceptado su papel de proscrito.
Se lo ha ganado.
El ciclismo se ha vuelto un lugar estrecho para un corredor que simplemente decidió que los manillares estándar no eran lo suficientemente eficientes.
Al neerlandés lo han echado por exceso de imaginación, por volver a tropezar con la misma piedra, y esa es una falta que el reglamento actual no parece dispuesto a perdonar bajo ningún concepto.
Y me parece bien.
Cuando Van Schip dice que no se siente bienvenido está lanzando una pataleta de adolescente.
Sucede eso sí, en la era de las ganancias marginales, donde cada equipo gasta fortunas en túneles de viento y seguro que se rozan los límites del reglamento.
Su descalificación por usar un apoyo de manos no convencional es la continuación de aquel episodio con los manillares estrechos que ya le costó un disgusto en el pasado.
El sistema lo ha marcado con una cruz; se le mira de otra forma, se le miden las piezas con una rigurosidad que pudiera parecer una persecución personal, pero es que es lo que hay.
Al eliminar a los tipos como Van Schip, la UCI retira de la carretera un manillar cuestionable, y lo peor es que no es la primera vez que sucede.





