Ciclismo
Rivales para Pogačar
Cuando surgen rivales de su nivel, Pogačar eleva el listón
No es la primera vez que lo decimos, y no nos cansaremos de repetirlo: lo que Tadej Pogačar necesita, por el bien de este deporte y de su propia leyenda, son rivales.
Ni más ni menos.
Gente que le ponga en apuros, que le obligue a sacar lo mejor de su repertorio y que, por ende, añada ese plus de espectáculo que a veces echamos de menos cuando la superioridad es insultante.
Porque si algo sucede cuando el esloveno se ve acorralado por alguien que le complica la existencia, es que redobla su apuesta y el nivel de la función se multiplica exponencialmente.
Lo hemos visto sin ir más lejos en esta última Lieja-Bastogne-Lieja.
Fue necesario verle acosado por Seias, sintiendo el aliento de un rival que no cedía, para asistir a una exhibición de estrategia, piernas y mente.
Hubo momentos de duda, de darle vueltas a cómo batir a ese corredor que se le había pegado a rueda en el tramo más duro de la carrera, justo donde Tadej acostumbra a sentenciar y dejar diferencias visuales que matan cualquier emoción.
Al verse forzado a jugársela, como aquel sprint con Tom Pidcock en la Milán-San Remo, Pogačar articuló un segundo tramo de dureza extrema que le llevó a exigirse al límite en la Roca de los Halcones.
Cuando finalmente logró descolgar a su perseguidor, respiramos.
De no haberlo hecho ahí, señor@s, hubiésemos tenido un sprint en las calles de Lieja con un resultado mucho más incierto.
Esa fue la sensación que nos dejó el desenlace de la Decana: una situación que aplaudimos y a la que damos la bienvenida.
Al final, se trata de extraer la esencia del mejor ciclista que hemos visto, uno que pasará a la historia como top 2.
Pogačar es un corredor que eleva el espectáculo hasta el infinito cuando tiene que exprimirse para soltar a Van der Poel camino de San Remo o a Jonas Vingegaard en las cumbres del Tour.
Es un ciclista mayúsculo que no se detiene hasta desplazar a sus rivales del foco, un foco que quiere solo para él mientras sigue engordando su palmarés.
Por eso, celebrar que le salgan enemigos íntimos no es desear que pierda; es querer que su leyenda, esa que vemos construirse en directo, sea eterna.
Para los amantes de la estadística será un placer ver crecer sus números, pero para los que amamos el ciclismo, lo que realmente nos hace gozar es verle obligado a firmar gestas que recordaremos cuando, dentro de muchos años, nos dediquemos a otra cosa.
Imagen: A.S.O./Jennifer Lindini






