Ciclismo
La historia de Alfonsina Strada sólo podía suceder en el Giro
Así cumplió Alfonsina Strada su ilusión por correr el Giro
Cien años después sigue siendo un ejemplo, un “historión”, inspiración pura y dura ya tiene guasa, por eso, que Alfonsina se apellide de Strada, casi como carretera en italiano.
Hablar de Alfonsina Strada es rebeldía sobre dos ruedas.
En una época donde el corsé apretaba más el juicio que la cintura, Alfonsina decidió que su destino no estaba entre fogones, sino en el polvo de las carreteras italianas.
La historia es conocida, pero no por ello queremos dejar de recordarla: una bicicleta desvencijada recibida a los diez años fue el detonante de una obsesión que sus padres intentaron conjurar sin suerte.
Se casó con Luigi Strada, sí, pero él, lejos de cortarle las alas, se convirtió en su cómplice, manager y el hombre que le regaló una máquina de competición.
La trayectoria de Alfonsina es un bofetón de realidad a quienes creen que el ciclismo femenino nació ayer.
En 1907 ya era la mejor de Italia y sus registros en el récord de la hora, superando los 37 kilómetros.
Su fama cruzó fronteras, llegando a recibir la medalla de oro del Zar Nicolás II en San Petersburgo y llenando velódromos parisinos como el Buffalo. Pero el verdadero nudo gordiano de su leyenda se apretó en las grandes clásicas y en el Giro de Italia.
En 1917, con el rugido de la Gran Guerra de fondo, Armando Cougnet le permitió asomarse al Giro de Lombardía.
Fue la primera vez que se midió al pelotón masculino, terminando la carrera cuando casi la mitad de los hombres habían puesto pie a tierra.
El momento cumbre llegó en el Giro de 1924. Inscrita como “Alfonsin” para burlar la burocracia, el dorsal 72 escondía una identidad que estalló tras una caída camino de Perugia.
La organización descubrió el “engaño”, pero el impacto mediático era ya imparable.
Emilio Colombo, director de la Gazzetta, entendió que Alfonsina era el alma de esa edición y financió su continuidad de forma extraoficial.
De los 90 valientes que salieron, solo 30 regresaron a Milán. Alfonsina fue una de ellos. Aunque nunca más la dejaron volver oficialmente, su huella pasó por lugares tan insospechados como Elche en 1929.
Murió con 68 años, dejando una plaza en el Piamonte y canciones que recuerdan que, antes de las estructuras profesionales, existió una mujer que corrió contra el mundo y ganó por fuera de tiempo.






