Ciclismo
¿Relevar a Pogačar? Sí, pero con matices
Los relevos de Seixas a Pogačar tenían que ser sí o sí
La Lieja-Bastogne-Lieja de 2026 ha vuelto a situarnos ante el mismo tablero de ajedrez donde las de ganar siempre cae del lado Tadej Pogačar.
Tras San Remo, Flandes y Roubaix, la “Decana” ha certificado una hegemonía que ya no solo se mide en zapatazos, sino en la parálisis psicológica que genera en sus rivales.
El dilema es eterno y se repite como un mantra en cada grupeta de profesionales: ¿se debe relevar a un ciclista que es manifiestamente superior a ti?
La teoría clásica dicta que ante la fuerza bruta, la mejor defensa es la racanería.
Aprovecharse del motor ajeno, esconderse en el rebufo y esperar a que el gigante flaquee para clavarle por la espalda.
Pero no es tan fácil.
Sin embargo, con Pogačar esa máxima parece papel mojado, una alquimia fallida que se deshace cuando las pulsaciones superan las ciento ochenta por minuto.
En los muros de La Redoute y la Roca de los Halcones, Tadej aplicó dos recetas distintas para un mismo fin: la asfixia del adversario.
Si en el primer punto el ataque fue seco y demoledor, en el segundo optó por un ritmo de desgaste que vació los depósitos de quienes intentaron seguir su estela.
Lo vimos con Tom Pidcock en San Remo y con Mathieu van der Poel en Flandes.
Aquí, la historia no varió.
Escatimar esfuerzos ante el esloveno puede parecer inteligente, pero también es una invitación a que te martirice a tirones.
Relevar no es solo una cuestión de cortesía o de asegurar una segunda plaza en el podio; es una declaración de intenciones.
Al entrar al relevo, el rival le comunica a Tadej que no se limita a ser un mero espectador de su victoria, sino que está presente en la contienda.
Es cierto que dejar que entren más corredores por detrás podría favorecer el “pescar en río revuelto”, pero las diferencias que abre Pogačar son tan salvajes que cualquier persecución por detrás acaba siendo estéril.
Solo Wout van Aert, con una confianza de hierro y un estado de forma excepcional, supo leer esa ambición en el velódromo de Roubaix para batirle.
Sin ese punto de forma perfecto, el intento de derrotar al astro esloveno se convierte en una misión imposible.
Al final, batir a Pogačar requiere una combinación de piernas y una frialdad mental que pocos poseen, poniendo aún más en valor lo logrado por Van Aert en esta primavera de monumentos frente a la frustración de quienes, como Pidcock o Van der Poel, se vieron superados por la realidad de un ciclista que corre en otra dimensión.
Imagen: A.S.O./Billy Ceusters






