Ciclistas
Paul Seixas, éste no viene a probar en el Tour
En este ciclismo, Paul Seixas si ve opción, por pequeña que sea, va a por el Tour
Lo de Paul Seixas en la lista del Tour de Francia es mucho más que un debut precoz; es la confirmación de que el ciclismo actual ha decidido saltarse todas las pantallas de aprendizaje.
Si estuviéramos en aquella época de jerarquías de plomo y maduraciones a fuego lento, un corredor de diecinueve años llegaría a la salida con la curiosidad afilada y la orden de pasar desapercibido.
Pero ese deporte ya es historia.
Seixas no aterriza en el Tour para entender cómo funciona la carrera, sino porque la inercia del sistema lo ha empujado al centro del tablero.
Equipo, afición y hasta la organización, tras un recelo inicial que parecía más decorativo que real, han terminado por bendecir una apuesta que respira una urgencia histórica casi febril.
El francés asume una carga que, por calendario vital, no le correspondería, pero lo hace con la determinación de quien no quiere excusas.
Francia vive instalada en una nostalgia eterna que ya dura más de cuatro décadas, desde que Bernard Hinault cerrara el grifo de los éxitos en París.
Es la misma sombra que persigue en Rolland Garros a los tenistas tras Noah y que ahora proyectan sobre este chaval que escala como los ángeles y no se descompone frente al crono.
Sobre el papel, Seixas tiene el kit completo del ciclista moderno, ese que no necesita años de oficio para rodar al nivel de los elegidos.
Es evidente que hablar de victoria frente a nombres como Pogacar o Vingegaard suena a quimera, casi a falta de respeto a la lógica.
Sin embargo, el precedente de Pogacar en su primer Tour, ganando a quien debía ganar por naturaleza como era Roglic, ha dinamitado cualquier prudencia.
Seixas no viene a probarse ni a ver qué pasa en la tercera semana; viene a pescar en río revuelto si los grandes muestran un solo síntoma de duda.
Su mera presencia ha logrado algo inaudito: que se hable más de su debut en julio que del arranque del propio Giro de Italia.
Es una apuesta de riesgo máximo, una locura que solo se entiende en este ciclismo de combustión espontánea donde esperar un año más se considera tiempo perdido.
Si las fuerzas le acompañan y logra gestionar esa mochila que él mismo ha decidido cargar, el espectáculo está asegurado.
Imagen: A.S.O./Billy Ceusters






