Ciclistas
Remco Evenepoel nos vuelve locos con los guantes
Evenepoel vive sin guantes en carrera y con ellos en el podio
Lo vimos en la Lieja, creo que fue Contador quien se dio cuenta, Remco Evenepoel compitió sin guantes y en el podio apareció con ellos puestos, cuanto Seixas y Pogacar no llevaban.
Es una de las eternas dicotomías del ciclista, sobretodo cuando el mercurio aprieta se resume en una pregunta que sobrevuela cada grupeta: ¿guantes sí o guantes no?
En estos tiempos donde el calor empieza a ser el protagonista y cada gramo de tejido boicotea la comodidad, la tentación de salir a pelo gana adeptos.
En invierno el debate fenece antes de empezar; pedalear sin protección en ciertas latitudes es una temeridad que solo unos pocos elegidos, o muy castigados por la épica, se atreven a desafiar.
Hemos visto a tipos muy duros como Julian Alaphilippe desafiar al aguacero y al frío cortante de toda una París-Niza con las manos desnudas, una imagen que estremece solo de verla, pero que refuerza esa mística de dureza que rodea a este deporte.
Yo me confieso del bando de los que prefieren no llevarlos.
Quizá sea porque mis salidas no son lo suficientemente largas como para que el callo reclame su cuota de protagonismo, o tal vez sea una cuestión de suerte.
He tenido la fortuna de que, en las pocas veces que he besado el asfalto, mis manos no han sido las encargadas de frenar el impacto contra el suelo, ahorrándome esas averías en las palmas que tanto tardan en cerrar y que condicionan cualquier actividad cotidiana.
Sin embargo, la seguridad que aporta ese fino tejido es innegable cuando la técnica falla o la suerte nos da la espalda.
Lo que realmente me ha roto los esquemas últimamente es esa actitud de Remco Evenepoel en las recientes clásicas de primavera.
Verle rodar por los muros de Flandes o las cotas de la Amstel Gold Race con manguitos pero sin guantes no es ninguna novedad en él, pues no acostumbra a usarlos en competición.
Como decimos lo curioso, lo que roza lo comercialmente histriónico, es su transformación al subir al podio.
Nada más cruzar la meta, Remco se enfunda los guantes para saludar al respetable, para estrechar la mano de Van der Poel, Skjlemose, Pogacar o de quien se cruce.
No es una cuestión de confort, es puro marketing.
La marca de su bicicleta aparece estratégicamente situada en la palma de su mano, convirtiendo un gesto de cortesía o de victoria en un valla publicitaria en movimiento.
Resulta fascinante cómo una prenda diseñada para la protección y el agarre acaba convertida en un objeto de venta puramente estético y comercial.
Evenepoel nos demuestra que el guante ya no solo sirve para evitar rozaduras o absorber vibraciones, sino que tiene una función fuera de la carrera.
Mientras nosotros seguimos dándole vueltas a si la transpiración compensa el riesgo de una caída, el belga le otorga al guante esta dimensión, dejando en el aire esa pregunta que nos hacíamos al principio y que cada cual resuelve según su propia piel.
Imagen: A.S.O./Billy Ceusters






