Ciclismo
Romandía, un cromo que le falta a Pogačar
Si Pogačar gana Romandía seguirá poniendo checks a su listado de objetivos
El Tour de Romandía siempre ha sido, desde que tenemos memoria, el baremo que nos avisa de que el Giro de Italia está a la vuelta de la esquina.
Es ese punto de inflexión necesario donde el calendario cambia de piel, abandonando el aroma a pavés y los muros imposibles de las clásicas para sumergirse en la liturgia de las vueltas por etapas.
Es la inercia de un ciclismo que devora citas a una velocidad pasmosa y que ahora mira hacia los cantones suizos con una mezcla de curiosidad y, por qué no decirlo, cierta pereza tras el empacho de adrenalina de las semanas previas.
Es el riesgo de siempre: quedar eclipsado por el brillo de las grandes citas de un día.
El foco, como no podía ser de otra manera, se posa sobre Tadej Pogačar.
Tras haber dictado sentencia en la primavera, el esloveno inicia en Romandía su aproximación hacia el gran objetivo del año, que sigue siendo el Tour.
Es un cambio de ciclo estratégico y vital; si el año pasado su hoja de ruta pasó por otros lares, este 2026 apuesta por el doblete helvético con Romandía y Suiza.
Pogačar llega con el hambre del coleccionista que busca la pieza que falta en su vitrina, esa que viste de amarillo a su líder por las carreteras de la Suiza francesa.
Es el gran favorito, el gigante que todo lo eclipsa en un recorrido que, a decir verdad, nos deja un sabor agridulce por su falta de colmillo comparado con ediciones precedentes.
Hablamos de una edición que arranca con un prólogo de tres kilómetros y medio que roza lo anecdótico y se estructura sobre etapas con aroma a mundial, con ascensiones seguidas de descensos vertiginosos.
El final en alto en Leysin será el juez, pero se echa de menos la épica de antaño.
No podemos evitar recordar aquellas ascensiones a Thyon 2000 que de verdad ponían a cada uno en su sitio.
Quizás los rumores sobre las estrecheces económicas que atraviesa la organización suiza tengan algo que ver en este diseño más contenido y menos accidentado.
Resulta muy complicado imaginar otro ganador que no sea el esloveno, a pesar de que el cartel presente nombres como Florian Lipowitz, Oscar Onley o Antonio Tiberi.
Pero el morbo real reside en el reencuentro con Primož Roglič.
Esa rivalidad fratricida entre eslovenos, que algunos ya daban por extinguida ante el dominio absoluto de su compatriota, tiene aquí un último reducto de interés.
Roglič solo necesita la Vuelta a Suiza para completar su Grand Slam particular de vueltas de una semana.
Entre un Roglič que navega en la incertidumbre de su ocaso y el otro que parece no tener techo, Romandía transcurrirá como ese trámite necesario, aunque nos deje esa sensación de vacío tras la intensidad de los monumentos.






