Ciclismo de carretera
Flandrien Challenge, en la “bucket list” del buen ciclista
El Flandrien Challenge propone las 59 cotas de Flandes en 72 horas
Ya conocemos en qué consiste el “Flandrien Challenge”, pero antes queríamos ir a la raíz de la propuesta, a algo que ya hemos comentado aquí mismo…
¿Qué es un flandrien?
Echando mano de literatura del lugar, encontramos una descripción muy exacta de la amplitud del término.
Amante del mal tiempo, su rostro está castigado, trabajado por los elementos.
El flandrien original llevaba en cruz el tubular, el último de estos fue, dicen Albéric «Briek» Schotte, un armario ropero de los años cuarenta con un físico que abrumaba con el cuchillo entre los dientes cuando olía el triunfo.
Decir que un buen ciclista debería rodar una vez en la vida por Flandes podría resonar algo redicho, sin embargo, la recomendación alcanza el nivel de prioridad cuando has visto lo que hay por la zona, un territorio con el ciclismo en el ADN y no es de palabra, es la fotografía más fiel que podemos haceros de Flandes.
Aquí hasta los balancines de los niños, los pinta y colorea del cole son de bicicletas, de ciclismo, una aventura que no sólo hace célebre el lugar, también lo moldea y colorea por todo el territorio.
El Museo del Tour de Flandes, en Oudenaarde, es el epicentro de la actividad.
No lejos d0nde cada año finaliza De Ronde, se sitúa el kilómetro cero del ciclismo en Flandes y donde os recomendamos echar mano del mapa para trazar en 72 horas pasar por las 59 cotas.
En otras palabras cumplir con el plan del “Flandrien Challenge”.
Son dos grandes zonas de movimiento.
La primera en la misma Oudenaarde, con Geraardsbergen no lejos, el Koppenberg en el otro, siendo el meollo anual del Tour de Flandes.
Son las Ardenas flamencas, pequeñas pero violentas colinas en medio de grandes pastos y paisajes calmados, con una red infinita de carreteritas que te llevan por mil sitios al mismo lugar.
Completar el mapa, trazar la X sobre cada cota es un placer que sube enteros según va evolucionando un reto que se asienta sobre nombres que, ya me perdonaréis, sugieren tocar el cielo con las manos: Paterberg, Oude Kwaremont, Koppenberg, Kapelmuur, Berendries, Kruisberg, Bosberg…
Cada subida está marcada en el suelo, dejando impronta escrita del nombre de la leyenda.
Luego si nos alejamos al oeste, hacia Francia, conoceremos la zona de Ypres, el otro gran polo del lugar, por los lugares de la Gante-Wevelgem, posiblemente la segunda gran carrera flamenca.
Para llegar a ese estatus hay que cumplir con las 59 cotas en 72 horas, moviéndote por toda la geografía, al ritmo que consideres, en el orden que te plazca.
Todo conectado a tu Strava.
Al final del viaje, a la satisfacción de batirse donde los grandes de siempre, sumarle dejar el nombre esculpido en una piedra del Museo del Tour de Flandes, una muesca que quedará para la eternidad.
Saben hacerlo bien estos flamencos.








