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Van der Poel y Van Aert hacen que el ciclismo merezca la pena

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Van aert Van der Poel

Flandes nos dio el epílogo soñado: un sprint entre Van der Poel y Van Aert

Cuando Julian Alaphilippe aceleró por primera vez en la cresta del Koppenberg, a más de cuarenta de meta, con Mathieu Van der Poel, primero, y Wout Van Aer, acto seguido, cerca de su rueda, el Tour de Flandes empezó a ser epopeya y poesía.

Lo primero con Alaphilippe callando aquellas voces que le acusan de «posturitas», corriendo a pecho descubierto en un terreno que no conoce, que le era indómito, con los dos mejores, sobre el papel, con él.

Su caída  contra la moto fue un mazazo en una tarde fría y otoñal, como acostumbraban a ser las primaveras en Flandes.

 

Un mazazo que al final nos dejó el duelo que todos esperábamos…

Un duelo que a un kilómetro de meta se inició con los zig zagas, Van der Poel por delante, vigilando que Van Aert no le saltara antes de su distancia, con el pelotón a la vista, poniendo presión a una situación ya de por sí legendaria.

Pasaron el cartel de 500 metros, el de 400, el de 300… nadie se movía.

Van der Poel no quiso cometer el error de la Flecha Brabançona, se puso delante, dejó a Van Aert en las vallas y pam… primer monumento para Mathieu, 34 años después que Adrie, su padre, en un terreno donde el abuelo Poupouno se prodigó en exceso.

El Tour de Flandes soñado, el mano a mano soñado por las rutas que hicieron la fe, maldita sea la moto que se cargó las opciones de Alaphilippe, en una carera que creo nos merecíamos: en un año asqueroso, lleno de incertidumbre y zozobra, con los dos cocos que nos emocionan desde los años del barro, en invierno, mano a mano, a pelo… creo que podemos decir, por primera vez desde que Flandes nos propuso este recorrido hace ocho años.

Ha dado la talla en un contexto de igualdad supina, ente dos que entran en las grandes rivalidades de la historia.

Van der Poel, Leonado, el hombre genio, al que queríamos ver ganar a pelo, sin exhibiciones ni abrumar, tirando de manual y gestionando la situación.

Van Aert, Miguel Angel, dotado de genio cincelado con trabajo.

Ganó Mathieu por un alfiler de ventaja, gracias chavales por hacer grande el deporte que amáis y nos hacer sentir.

El ciclismo, los aficionados, estamos en deuda con vosotros.

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-escrito el 11 de octubre- 

El pique Van Aert vs Van der Poel aterriza del todo en la carretera

Wout Van Aert y Mathieu Van der Poel no han coincidido mucho en la carretera pero lo poco que lo han hecho ya da que hablar…

Las declaraciones son a continuación de una Gante-Wevelgem de otoño corrida a cuchillo, unas declaraciones que suenan a personal, desde luego, pero sobre todo carentes de sentido, en este ciclismo la humildad también se premia.

La carrera fue espectacular, integrada en una tarde de domingo de locura en el que la gestión para ver las carreras era imposible.

Pero vista la Gante-Wevelgem, podemos darnos con un canto que parte de la gloriosa campaña de primavera se haya repuesto en octubre y de paso, como previa a lo que quede de ciclocross, ver un mano a mano Van der Poel-Van Aert, que tuvo sus momentos, pero no fueron los únicos por que en una prueba a pelo como ésta, son muchos los actores que actúan.

Por eso creemos que Van Aert se equivoca en pensar que Van der Poel corrió para joderle, en todo caso le marcó, como podría haber marcado a otro, generalmente el más fuerte: sólo que el del Jumbo era el favorito sobre el papel.

Y eso lo vimos, el belga llevó el peso de los cortes, de las cazas y mostró más que nadie a una semana del Tour de Flandes, Van der Poel estuvo a verlas venir, un poco como la decena larga que entró en ese corte del final, antes de Ypres, tras una persecución de grupos de esas que sólo se dan en Flandes: cuando parece que van a enlazar, los de adelante no cejan.

La historia de Wevelgem la hemos visto muchas veces, podemos pensar que es algo entre ellos, pueden decirlo los protagonistas, en todo caso Van Aert ya sabe qué tiene que hacer en Flandes, no esperar a que nadie se le vaya por que se sienta vigilado, golpear primero y echar mano de ese poder que enfiló el pelotón del Tour.

Todo lo demás es despistar, sinceramente, por que Van der Poel hizo lo que tenía que hacer, contener las pérdidas ante un rival que está en una forma monstruosa desde el primero de agosto.

Y sí vacilan, los hay que saben aprovechar las oportunidades, y Mads Pedersen es de todo menos desconocido.

-escrito el 12 de agosto-

Van der Poel y Van Aert JoanSeguidor

Si Van der Poel fuera Da Vinci, Van Aert sería Miguel Angel

En la historia del ciclismo, la reciente, hay una dualidad que nos ha caído en mano que es una bendición: Wout Van Aert – Mathieu Van der Poel.

Hablamos de «archirivales», al punto que cuando Van Aert gana la Strade o San Remo, todos ponemos el dedo en la pantalla y miramos dónde ha llegado Van der Poel…

https://www.instagram.com/p/CDW53tajA71/

 

Es una rivalidad que no siempre se da en la carretera, pero que flota en el ambiente y sigue parámetros ya conocidos.

Antagonías de genios siempre han existido, recordarla y evocarla no significa no querer el ciclismo, o ser más o menos futbolero, como nos gusta decir con desprecio respecto al deporte rey, implica buscar el aliciente y la salsa que viene desde el inicio de los inicios del ciclismo.

¿Quién sería Van Aert y quién Van der Poel?

Si nos dais a elegir lo tendríamos claro.

Wout Van Aert, lo decíamos el otro día, sería Greg Van Avermaet, trabajo, trabajo y más trabajo, incluso si nos vamos amas allá seria el Poupou de la gente -el más aplaudido el año pasado en la Grand Place de Bruselas, en el estreno del Tour-, sería Gino Bartali «ora et labora», un ciclista que viene de la raíz del pueblo, que bate todas las dificultades y obstáculos, que se cae, se descuelga, pero no se deja llevar, Roubaix del año pasado, que se estrella, se hace polvo, recoge los pedazos y vuelve, la caída del Tour del año pasado.

Mathieu Van der Poel es otra cosa, una estrella, rutilante, que desprende clase y categoría, a veces un poco amanerado en sus celebraciones, pero tremendo cuando le dan las fuerzas y la categoría.

Sería Peter Sagan, brillo y focos, en todo caso Jacques Anquetil, clase y distinción, y si me apuráis Fausto Coppi, siempre perfecto en la foto, un físico que se alarga, como un gato enervado y saca el látigo para desgracia de los rivales.

 

Van Aert vs Van der Poel ¿qué ciclismo preferimos?

Partiendo de la base que son imprescindibles de su tiempo, si nos apuráis, nos estrujáis, seguimos con ese concepto clásico de esfuerzo, sacrificio y agonía del ciclismo, un concepto que encajamos mejor con Wout Van Aert, un ciclista que es rocoso, con un motor tremendo, un rodillo físico equipado con una cabeza privilegiada.

Kalas: En el armario de Mathieu Van der Poel

No es la primera vez que se levanta cuando se cae, no es la primera vez que da la medida de su solidez, su calidad de diamante no es sólo por su brillo, también por la medida de su dureza.

Entendedme, Van der Poel es Da Vinci -genio de pelo liso, ropa fina y aspecto cuidado-, pero Van Aert es Miguel Angel -genio de cincel prodigioso, siempre manchado, siempre preocupado por mejorar-, y si tuviéramos que quedarnos con un genio, el segundo nos ganó hace tiempo.

Imagen: Jumbo Visma

 

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2 Comentarios

2 Comments

  1. Josep Masjuan Gotarra

    12 de agosto, 2020 En 19:08

    Gran artículo ! Me han encantado las comparaciones sobre todo las de Leonardo y Miguel Angel.
    Me encantan los dos, siendo tan diferentes.
    Muchas gracias Ivan por tus acertados artículos,se nota a la legua la pasión por el ciclismo que tienes y tan bien transmites.
    Felicidades.
    Josep

    • Iban Vega

      13 de agosto, 2020 En 12:08

      muchas gracias 🙂
      son dos símiles muy convenientes en este caso

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Ciclismo antiguo

Centrum De Ronde Van Vlaanderen: La caja que guarda la esencia

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Centrum De Ronde Van Vlaanderen

En el Centrum De Ronde Van Vlaaderen hay una Tour de Flandes diario

Este primer domingo de abril, dicen que han corrido un Tour de Flandes virtual que cumplió con el deseo, disfrazado de pronóstico, que muchas veces hemos lanzando al aire, que Greg Van Avermaet ganara en Oudenaarde

Van Avermaet ha ganado la que esperamos que sea primera y última edición de Flandes virtual

Obviamente Greg Van Avermaet no entrará en el hall of fame que viste el epílogo de la vista al  Centrum Van Vlaanderen.

 

Oudenaarde es un típico pueblo flamenco, tranquilo, reposado, cerrado en las tardes de otoño, frío e inhóspito, que cae en la euforia cada primavera, presa de la pasión y calor que el ciclismo desierta en estas tierras.

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En el corazón de Oudenaarde, tenemos el Centrum Van Vlaanderen, la caja que guarda los secretos de la mejor carrera de Flandes y posiblemente una de las mejores del mundo.

Centrum De Ronde JoanSeguidor

Su visita es una inmersión en la atmósfera que fija ojos de medio mundo en este pequeño territorio encajado entre Francia, Valonia y el mar del norte.

Es la caja de las esencias, entrar en él, desde la gran plaza de Oudenaarde ofrece un Tour de Flandes diario.

Saborear una cerveza acompañada por las frites, mientras las imágenes de Tchmil, Bugno o Van Petegem en bucle llenan nuestra mirada y tocan los recuerdos.

Una sorpresa, y no es raro, cruzarse con un tal Johan Museeuw, inquirirle sobre el dominio que alcanzó en esta carrera, de las pasiones que desató, y sigue desatando, pues una marabunta se concita alrededor suyo, justo en la entrada de la exposición permanente.

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Y aquí el Centrum Ronde Van Vlaanderen pone sobre la mesa los recortes de la historia, una historia que escribieron las leyendas del «hall of fame», pero también periodistas, gente, equipos y sobre todo lugares.

Y entre ellos el Kappelmur…

Lo cierto es que lo que nos cuenta Sander, responsable de marketing de Centrum Van Vlaanderen, lo compartimos al 100 x 100, creemos que aquel recorrido que empalmaba Kappelmur y Bosberg era mucho más atractivo, primero por el valor icónico de ese encadenado y segundo porque el circuito actual parece enfriar los ánimos a los ataques cargados de épica.

Y no es para menos, las pantallas de aquella edición de 2011, memorable carrera, no paran de poner en bucle el duelo Cancellara vs Chavanel que ganaría Nick Nuyens.

Antes habremos pasado por rotativas flamencas, por estudios de radio, por plazas flamencos y pululado entre kioskos de patatas y cervezas, viajando de esas ediciones que se salvaron del veto de los nazis a la carrera global que es hoy en día.

Si queréis una experiencia ciclista basada en uno de los grandes símbolos de este deporte, si queréis partir hacia el Kwaremont o el Koppenberg, si queréis echar una cerveza con Johan Museeuw id al Centrum Ronde Van Vlaanderen, en Oudenaarde, donde la bicicleta y el ciclismo se plasman hasta en los pasillos de los hoteles.

 

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Ciclismo antiguo

¿Cuántos Indurain vs Rominger hemos visto?

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Indurain Rominger JoanSeguidor

Si echamos cuentas sobre duelos directos entre Indurain y Rominger no recordamos tantos

En estos tiempos en los que estamos viendo un Van der Poel vs Van Aert cada poco, incluso en meses de invierno, echamos cuentas sobre otros grandes duelos y no hemos tenido la misma suerte con otros pulsos míticos tipo Cancellara vs Boonen o Indurain vs Rominger…

Recuerdo los días duros de confinamiento el año pasado, cuando Teledeporte nos rescató dos piezas que explican el punto de inflexión de Tony Rominger y su acceso a la primera línea de rivales históricos de Miguel Indurain.

Si en el Galibier puso su pica en el Tour, cabe decir que en la jornada de los Lagos de Covadonga el suizo alcanzó la convicción que la Vuelta del 92 estaba a su alcance.

Tras el estreno de Luz Ardiden en la Vuelta, durante aquella jornada de primavera hostil, en la cima astur Rominger tuvo la certeza que el pequeño murciano, Jesús Montoya, era asequible.

Entre ambas etapas pasaron 14 meses, más o menos, y entre, las dos Rominger se erigió como el rival directo de Indurain, incluso más peligroso de lo que Chiapucci y Bugno habrían soñado jamás serlo.

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Sin embargo, visto hoy, lamentamos que estos dos gigantes no nos dieran la cantidad de duelos que muchos habríamos querido.

No, al menos, en la cantidad que imaginábamos, pues si quitamos ese Tour del 93, las coincidencias de los dos astros y en plenitud de condiciones no fueron tantas.

Y lo lamentamos, viéndoles destrozar el Tour mano a mano en el Galibier, sin olvidad que los dos sumaron once grandes vueltas en cinco años, una barbaridad de dominio al que sólo se escaparon talentos como Chioccioli, Mauri, Berzin y Jalabert.

Si hiciéramos una pinza entre el primer y último Tour de Indurain, la lista sólo tendría un nombre extraño: Eugeny Berzin, ganador del Giro 94 

En medio, dominio total de ambos.

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Pero ¿cuántos Indurain vs Rominger vimos?

Pues el Tour de 1993 y poco más.

Esa carrera pudo haber estado más igualada de no haber mediado el desastroso inicio del suizo, que llegó muy perjudicado a la gran montaña.

Hizo falta aquel prodigio hacia el Galibier entre ambos, para que Rominger entrara en aquella carrera que se le había cruzado.

Una subida en la que los dos talentos fueron en paralelo, sacando un mundo al resto, aguantaron Hampsten, Mejía, qué clase tenía, y ese polaco de la goma, Jaskula.

Fuera de esos días, poco más dio esta rivalidad.

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Rominger no volvió a ser rival de Indurain en el Tour.

En los años sucesivos llegaría al Tour con Vuelta, la tercera y la mejor de largo, y Giro en el zurrón, pero quizá pasado de forma.

Otra cosa fue ese particular pulso por la hora que mantuvieron en otoño de 1994, en el que el suizo voló por muy delante.

Y es que la historia, caprichosa ella, muchas veces nos pone y nos quita los grandes del mapa, con azar e improvisación, dejándonos con las ganas de lo que pudo ser y no fue.

Foto: Parlamento Ciclista

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Ciclismo antiguo

Esta sería mi Copa del Mundo de ciclismo

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Una Copa del Mundo de quince pruebas con final sorpresa para el ciclismo más clásico

Pues sí, yo extraño la Copa del Mundo, especialmente estos días de Lombardía y Tours, ese ranking de clásicas que empezaba en la Milán-San Remo y acababa en Lombardía, cuando no en el Gran Premio de las Naciones o una contrarreloj por equipos, recuerdo que una en Eindhoven con el nombre de Gran Premio Liberación.

Aquel ranking de siete meses largos distinguía al primero con un maillot que llevaron referentes del tipo de Paolo Bettini, Michele Bartoli, Johan Museeuw, Olaf Ludwig, Sean Kelly, Maurizio Fondriest o Gianni Bugno.

Casi nada, pronunciar su nombre es la «flor y nata» de las clásicas durante los ochenta, noventa y bien entrado el nuevo milenio.

Copa del Mundo ciclismo JoanSeguidor

De esos años guardamos un cariñoso recuerdo y aquella prenda no pervivió más allá de 2004 con el grillo portándolo hasta el final.

Si ahora nos dijeran de configurar una Copa del Mundo nuestra apuesta iría a por quince carreras, repartidas un poco como las etapas de las grandes: cinco para adoquines, esencia clásica donde las haya, seis «wallonées», es decir para vueltómanos, tres de velocidad o veloces y una sorpresa contra el reloj.

Una Copa del Mundo que se jugaría en el periodo fértil de clásicas, es decir la primavera, salvo las excepciones de verano con San Sebastián y otoño como Quebec, Tours y Lombardía, junto a la recuperación de una crono.

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Hete aquí nuestra humilde apuesta y el porqué…

Arrancaríamos con la Het Nieuwsblad, la apertura belga, final de siempre de De Ronde y por ende inicio de la campaña de clásicas a nivel mundial.

Strade Bianche: símbolo del nuevo ciclismo, carrera que ha crecido una barbaridad en tiempo récord, siendo un referente que excede a veces el mismo ciclismo.

Con la Milán-San Remo: huelgan las palabras, 300 kilómetros donde se cincelan las grandes leyendas y ciclistas veloces.

Gante-Wevelgem: lo vemos cada año, la clásica flamenca más original y alejada del prototipo, donde el adoquín influye tanto como otras vicisitudes.

El Tour de Flandes es la fiesta nacional de Flandes, el día que se para al mundo en este rincón del mundo.

La Epic Gran Canaria, en versión otoñal

París-Roubaix es la clásica con mayúsculas.

Entraríamos en la Amstel Gold Race abriendo el mal llamado tríptico de las Ardenas, que seguirían Flecha Valona y Lieja-Bastogne-Lieja, mucho mejor en su versión de meta en el corazón de la ciudad.

Mayo sería el momento de la clásica alemana, Frankfurt, en un ciclismo alemán que poco a poco recupera brillos del pasado tras caer en el ostracismo más oscuro.

La vuelta de la competición tras Giro y Tour sería como en los buenos tiempos, en San Sebastián, la clásica de este lado de los Pirineos, que aunque haya desdibujado su esencia con el Murgil Tontorra, es una buena opción para los clasicómanos completos.

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El cierre sería otoñal, Quebec o Montreal, una de las dos, ambas espectaculares, junto a Lombardía y Tours, que son carreras centenarias y muy diferentes entre ellas, la primera preñada de dureza en un escenario de magia como el Lago di Como -no Bérgamo- y la otra con su renovado brío en los caminos de viñas, que rompen totalmente con el guión de una de las carreras más antiguas del mundo que ofrece un espectáculo y unas persecuciones interesantes.

Y para el cierre la recuperación del Gran Premio de las Naciones, haciendo dupla con el mundial como reducto recuperado para los croners.

No en vano sería devolver a la vida una carrera que nació en 1932 y aguantó a duras penas hasta 2004, contándose entre sus ganadores buena parte de los mejores especialistas, destacando Jacques Anquetil.

Eso lo dice todo.

Esta sería nuestra Copa del Mundo, dejando en la cuneta muy buenas carreras, sobre todo adoquinadas, pero pensada para volver a esos años de Kelly, Bugno, Bartoli y Bettini, en los que una prenda más movía la pasión del buen aficionado.

Imagen: @gzlz11

 

 

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Ciclismo antiguo

Las primeras Vueltas en los Lagos de Covadonga

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En los Lagos de Covadonga el ciclismo se vestía de gala

Aseguraban desde la moto, Emilio Tamargo en concreto, aquella tarde de abril de 1985, que algunos colombianos ponían una corona de 22 para subir a los Lagos de Covadonga.

Era el tramo más duro de aquella etapa con final en los Lagos, en la Vuelta del 85.

Robert Millar, de quien bromeaba Angel María De Pablos, con música de fondo, que iba bien «especialmente por el whisky», hizo un derroche en aquella subida que llevaba primero a Ercina, luego a Enol.

Millar, que con el tiempo sería Philippa York, apuraba aquellas rampas imposibles de Covadonga, imposibles para la época.

Un 15% entonces era el 22% de ahora.

Aquella subida a los Lagos de Covadonga era silvestre, salvaje, con los primeros hervores de la primavera, un sol que no siempre fue tan generoso hacia la cima la asturiana, y de lana y acero.

La gente del ciclismo somos curiosos: vemos hoy aquella subida, hace ya 35 años a los Lagos, y decimos aquello sí que era ciclismo.

Con una pléyade de nombres, Álvaro Pino, Raimund Dietzen, Fabio Parra, Peio Ruiz Cabestany, Perico Delgado, Pedro Muñoz… que eran mitos en vida, adorados en las llegadas y salidas de media España, aquel ciclismo posiblemente sería peor que el actual, pero sí que estaba más interiorizado entre la gente,

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Bahamontes se lamentaba que hubieran tantos juntos, tan cerca de meta, él tan racial, tan de romperlo todo cuando se terciaba.

«Hay que hacer hueco en las rampas duras» repetía Bahamontes, con Jesús Álvarez desde el estudio.

Y sí, vemos aquellas imágenes y nos entra nostalgia, esa carretera que dudo no tuviera boñigas de vaca entre los socavones del frío y el invierno, esos maillots, esas retransmisiones sin conocer el recorrido, como las actuales, en las que el periodista de meta, Alberto Barcia se picaba por que había compañeros muy agresivos para conseguir las palabras del ganador.

Pero ya entonces recuerdo, lo mucho que nos gustaría saber sobre los ciclistas, su vida menos pública, sus entrenamientos, los lugares por donde competían, tener 24 horas de ciclismo, como puede suceder hoy en día.

Entonces queríamos lo de hoy, hoy queremos lo de entonces, somos así, inconformistas, nunca es suficiente, y si nos permitís viajaremos a la primera vez que los Lagos de Covadonga iluminaron la televisión y la historia de la Vuelta.

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Recuerdo perfectamente aquel día de primavera del año 1983.

Por primera vez la Vuelta se retransmitía en directo por TVE.

La expectación era enorme.

Nadie conocía aquella subida que iban a afrontar los corredores.

Decían que era muy dura.

Y muy bella.

No decepcionó a nadie.

Aquella tarde pegado a la pantalla de televisión asistí al nacimiento de una estrella en la montaña asturiana de los Picos de Europa: los Lagos de Covadonga, y también por extensión al ganador de aquella épica jornada: Marino Lejarreta, que dio toda una exhibición en sus espectaculares rampas batiendo en los porcentajes más duros al mismísimo Hinault.

Desde entonces la leyenda de los Lagos creció a pasos agigantados y ganar en su cima daba prestigio y se convirtió en toda una hazaña para todos los que alzaban sus brazos junto al lago Ercina.

Por recordar algunos pocos, y épicos nombres, me vienen a la memoria ciclistas como Perico, Millar, Lucho o Pino. Vencer allí arriba, a 1070 metros de altitud, no era fácil en los años 80 que tenían que mover desarrollos mucho más duros que los de hoy en día para superar muros como la Huesera o el Mirador de la Reina que por aquel entonces, muy lejos aún de los descubrimientos de Mortirolo, Angliru o Zoncolan, eran paradigmas de dureza extrema ya que no se conocían los exagerados porcentajes que actualmente sufren los corredores.

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Ascender los Lagos en aquella época era el sueño dorado de muchos iniciados al cicloturismo que, como yo, veíamos en fotos las imágenes de aquella espectacular ascensión. En mi caso fue una que debí ver en alguna de las muchas revistas que tenía por ahí amontonadas.

En la imagen tres cicloturistas, de espaldas y sobre las monturas de sus bicis, contemplando el hermoso lago de Enol.

El de en medio apoyado en sus dos compañeros, manteniendo el equilibrio.

No se les veían las caras, pero era fácil imaginarlas.

Una estampa preciosa.

Esta fue mi primera visión onírico-cicloturista que resumía a la perfección los valores que buscaba en este deporte: amistad, satisfacción, naturaleza y esfuerzo, el que suponía llegar en bici hasta la orilla de los lagos, y me dije: “yo quiero estar ahí”.

No tardé en cumplir aquel deseo junto a otros tres amigos y recuerdo, una vez superadas sus cuestas más duras, descender un corto pero duro repecho que nos mostraba, allá abajo a la derecha, en medio del verde asturiano, el anhelado lago.

¡Ya me encontraba allí! Pero para coronar la mítica montaña teníamos que llegar hasta arriba.

No pudimos ver bien el lago de la Ercina ya que una espesa niebla nos lo impedía.

Dimos media vuelta y la foto de rigor nos la hicimos donde años antes soñaba con estar.

Un paraje venerado por muchos asturianos que año tras año han puesto el nombre de Enol a sus hijos.

Por Jordi Escrihuela

Imagen tomada de www.eyeonspain.com

 

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Pues no es complicado ganar un Tour, que el pobre Roger Walkowiak casi tuvo que pedir perdón...

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Todo es ciclismo en la vida de Ane Santiesteban. @ivoox https://go.ivoox.com/rf/79000804?utm_source=twitter&utm_medium=social&utm_content=audio&utm_campaign=tw_autopublish

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Omar Fraile, «Ojalá hubieran más equipos como Ineos»

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