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Van der Poel y Van Aert hacen que el ciclismo merezca la pena

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Van aert Van der Poel
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Flandes nos dio el epílogo soñado: un sprint entre Van der Poel y Van Aert

Cuando Julian Alaphilippe aceleró por primera vez en la cresta del Koppenberg, a más de cuarenta de meta, con Mathieu Van der Poel, primero, y Wout Van Aer, acto seguido, cerca de su rueda, el Tour de Flandes empezó a ser epopeya y poesía.

Lo primero con Alaphilippe callando aquellas voces que le acusan de «posturitas», corriendo a pecho descubierto en un terreno que no conoce, que le era indómito, con los dos mejores, sobre el papel, con él.

Su caída  contra la moto fue un mazazo en una tarde fría y otoñal, como acostumbraban a ser las primaveras en Flandes.

 

Un mazazo que al final nos dejó el duelo que todos esperábamos…

Un duelo que a un kilómetro de meta se inició con los zig zagas, Van der Poel por delante, vigilando que Van Aert no le saltara antes de su distancia, con el pelotón a la vista, poniendo presión a una situación ya de por sí legendaria.

Pasaron el cartel de 500 metros, el de 400, el de 300… nadie se movía.

Van der Poel no quiso cometer el error de la Flecha Brabançona, se puso delante, dejó a Van Aert en las vallas y pam… primer monumento para Mathieu, 34 años después que Adrie, su padre, en un terreno donde el abuelo Poupouno se prodigó en exceso.

El Tour de Flandes soñado, el mano a mano soñado por las rutas que hicieron la fe, maldita sea la moto que se cargó las opciones de Alaphilippe, en una carera que creo nos merecíamos: en un año asqueroso, lleno de incertidumbre y zozobra, con los dos cocos que nos emocionan desde los años del barro, en invierno, mano a mano, a pelo… creo que podemos decir, por primera vez desde que Flandes nos propuso este recorrido hace ocho años.

Ha dado la talla en un contexto de igualdad supina, ente dos que entran en las grandes rivalidades de la historia.

Van der Poel, Leonado, el hombre genio, al que queríamos ver ganar a pelo, sin exhibiciones ni abrumar, tirando de manual y gestionando la situación.

Van Aert, Miguel Angel, dotado de genio cincelado con trabajo.

Ganó Mathieu por un alfiler de ventaja, gracias chavales por hacer grande el deporte que amáis y nos hacer sentir.

El ciclismo, los aficionados, estamos en deuda con vosotros.

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-escrito el 11 de octubre- 

El pique Van Aert vs Van der Poel aterriza del todo en la carretera

Wout Van Aert y Mathieu Van der Poel no han coincidido mucho en la carretera pero lo poco que lo han hecho ya da que hablar…

Las declaraciones son a continuación de una Gante-Wevelgem de otoño corrida a cuchillo, unas declaraciones que suenan a personal, desde luego, pero sobre todo carentes de sentido, en este ciclismo la humildad también se premia.

La carrera fue espectacular, integrada en una tarde de domingo de locura en el que la gestión para ver las carreras era imposible.

Pero vista la Gante-Wevelgem, podemos darnos con un canto que parte de la gloriosa campaña de primavera se haya repuesto en octubre y de paso, como previa a lo que quede de ciclocross, ver un mano a mano Van der Poel-Van Aert, que tuvo sus momentos, pero no fueron los únicos por que en una prueba a pelo como ésta, son muchos los actores que actúan.

Por eso creemos que Van Aert se equivoca en pensar que Van der Poel corrió para joderle, en todo caso le marcó, como podría haber marcado a otro, generalmente el más fuerte: sólo que el del Jumbo era el favorito sobre el papel.

Y eso lo vimos, el belga llevó el peso de los cortes, de las cazas y mostró más que nadie a una semana del Tour de Flandes, Van der Poel estuvo a verlas venir, un poco como la decena larga que entró en ese corte del final, antes de Ypres, tras una persecución de grupos de esas que sólo se dan en Flandes: cuando parece que van a enlazar, los de adelante no cejan.

La historia de Wevelgem la hemos visto muchas veces, podemos pensar que es algo entre ellos, pueden decirlo los protagonistas, en todo caso Van Aert ya sabe qué tiene que hacer en Flandes, no esperar a que nadie se le vaya por que se sienta vigilado, golpear primero y echar mano de ese poder que enfiló el pelotón del Tour.

Todo lo demás es despistar, sinceramente, por que Van der Poel hizo lo que tenía que hacer, contener las pérdidas ante un rival que está en una forma monstruosa desde el primero de agosto.

Y sí vacilan, los hay que saben aprovechar las oportunidades, y Mads Pedersen es de todo menos desconocido.

-escrito el 12 de agosto-

Van der Poel y Van Aert JoanSeguidor

Si Van der Poel fuera Da Vinci, Van Aert sería Miguel Angel

En la historia del ciclismo, la reciente, hay una dualidad que nos ha caído en mano que es una bendición: Wout Van Aert – Mathieu Van der Poel.

Hablamos de «archirivales», al punto que cuando Van Aert gana la Strade o San Remo, todos ponemos el dedo en la pantalla y miramos dónde ha llegado Van der Poel…

https://www.instagram.com/p/CDW53tajA71/

 

Es una rivalidad que no siempre se da en la carretera, pero que flota en el ambiente y sigue parámetros ya conocidos.

Antagonías de genios siempre han existido, recordarla y evocarla no significa no querer el ciclismo, o ser más o menos futbolero, como nos gusta decir con desprecio respecto al deporte rey, implica buscar el aliciente y la salsa que viene desde el inicio de los inicios del ciclismo.

¿Quién sería Van Aert y quién Van der Poel?

Si nos dais a elegir lo tendríamos claro.

Wout Van Aert, lo decíamos el otro día, sería Greg Van Avermaet, trabajo, trabajo y más trabajo, incluso si nos vamos amas allá seria el Poupou de la gente -el más aplaudido el año pasado en la Grand Place de Bruselas, en el estreno del Tour-, sería Gino Bartali «ora et labora», un ciclista que viene de la raíz del pueblo, que bate todas las dificultades y obstáculos, que se cae, se descuelga, pero no se deja llevar, Roubaix del año pasado, que se estrella, se hace polvo, recoge los pedazos y vuelve, la caída del Tour del año pasado.

Mathieu Van der Poel es otra cosa, una estrella, rutilante, que desprende clase y categoría, a veces un poco amanerado en sus celebraciones, pero tremendo cuando le dan las fuerzas y la categoría.

Sería Peter Sagan, brillo y focos, en todo caso Jacques Anquetil, clase y distinción, y si me apuráis Fausto Coppi, siempre perfecto en la foto, un físico que se alarga, como un gato enervado y saca el látigo para desgracia de los rivales.

 

Van Aert vs Van der Poel ¿qué ciclismo preferimos?

Partiendo de la base que son imprescindibles de su tiempo, si nos apuráis, nos estrujáis, seguimos con ese concepto clásico de esfuerzo, sacrificio y agonía del ciclismo, un concepto que encajamos mejor con Wout Van Aert, un ciclista que es rocoso, con un motor tremendo, un rodillo físico equipado con una cabeza privilegiada.

Kalas: En el armario de Mathieu Van der Poel

No es la primera vez que se levanta cuando se cae, no es la primera vez que da la medida de su solidez, su calidad de diamante no es sólo por su brillo, también por la medida de su dureza.

Entendedme, Van der Poel es Da Vinci -genio de pelo liso, ropa fina y aspecto cuidado-, pero Van Aert es Miguel Angel -genio de cincel prodigioso, siempre manchado, siempre preocupado por mejorar-, y si tuviéramos que quedarnos con un genio, el segundo nos ganó hace tiempo.

Imagen: Jumbo Visma

 

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2 Comentarios

2 Comments

  1. Josep Masjuan Gotarra

    12 de agosto, 2020 En 19:08

    Gran artículo ! Me han encantado las comparaciones sobre todo las de Leonardo y Miguel Angel.
    Me encantan los dos, siendo tan diferentes.
    Muchas gracias Ivan por tus acertados artículos,se nota a la legua la pasión por el ciclismo que tienes y tan bien transmites.
    Felicidades.
    Josep

    • Iban Vega

      13 de agosto, 2020 En 12:08

      muchas gracias 🙂
      son dos símiles muy convenientes en este caso

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Ciclismo antiguo

Centrum De Ronde Van Vlaanderen: La caja que guarda la esencia

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Centrum De Ronde Van Vlaanderen
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En el Centrum De Ronde Van Vlaaderen hay una Tour de Flandes diario

Este primer domingo de abril, dicen que han corrido un Tour de Flandes virtual que cumplió con el deseo, disfrazado de pronóstico, que muchas veces hemos lanzando al aire, que Greg Van Avermaet ganara en Oudenaarde

Van Avermaet ha ganado la que esperamos que sea primera y última edición de Flandes virtual

Obviamente Greg Van Avermaet no entrará en el hall of fame que viste el epílogo de la vista al  Centrum Van Vlaanderen.

 

Oudenaarde es un típico pueblo flamenco, tranquilo, reposado, cerrado en las tardes de otoño, frío e inhóspito, que cae en la euforia cada primavera, presa de la pasión y calor que el ciclismo desierta en estas tierras.

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En el corazón de Oudenaarde, tenemos el Centrum Van Vlaanderen, la caja que guarda los secretos de la mejor carrera de Flandes y posiblemente una de las mejores del mundo.

Centrum De Ronde JoanSeguidor

Su visita es una inmersión en la atmósfera que fija ojos de medio mundo en este pequeño territorio encajado entre Francia, Valonia y el mar del norte.

Es la caja de las esencias, entrar en él, desde la gran plaza de Oudenaarde ofrece un Tour de Flandes diario.

Saborear una cerveza acompañada por las frites, mientras las imágenes de Tchmil, Bugno o Van Petegem en bucle llenan nuestra mirada y tocan los recuerdos.

Una sorpresa, y no es raro, cruzarse con un tal Johan Museeuw, inquirirle sobre el dominio que alcanzó en esta carrera, de las pasiones que desató, y sigue desatando, pues una marabunta se concita alrededor suyo, justo en la entrada de la exposición permanente.

Y aquí el Centrum Ronde Van Vlaanderen pone sobre la mesa los recortes de la historia, una historia que escribieron las leyendas del «hall of fame», pero también periodistas, gente, equipos y sobre todo lugares.

Y entre ellos el Kappelmur…

Lo cierto es que lo que nos cuenta Sander, responsable de marketing de Centrum Van Vlaanderen, lo compartimos al 100 x 100, creemos que aquel recorrido que empalmaba Kappelmur y Bosberg era mucho más atractivo, primero por el valor icónico de ese encadenado y segundo porque el circuito actual parece enfriar los ánimos a los ataques cargados de épica.

Y no es para menos, las pantallas de aquella edición de 2011, memorable carrera, no paran de poner en bucle el duelo Cancellara vs Chavanel que ganaría Nick Nuyens.

Antes habremos pasado por rotativas flamencas, por estudios de radio, por plazas flamencos y pululado entre kioskos de patatas y cervezas, viajando de esas ediciones que se salvaron del veto de los nazis a la carrera global que es hoy en día.

Si queréis una experiencia ciclista basada en uno de los grandes símbolos de este deporte, si queréis partir hacia el Kwaremont o el Koppenberg, si queréis echar una cerveza con Johan Museeuw id al Centrum Ronde Van Vlaanderen, en Oudenaarde, donde la bicicleta y el ciclismo se plasman hasta en los pasillos de los hoteles.

 

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Ciclismo de carretera

Gante-Wevelgem, la más singular de las clásicas flamencas

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UAE TOUR JoanSeguidor
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La fama de «clásica para sprinters» no se corresponde con la realidad de Gante -Wevelgem

Eso viene a ser la Gante-Wevelgem…

“Sin Esperanza se encuentra lo inesperado” (Heráclito de Éfeso)

“Una y a casa… para terminar siendo un noche inolvidable”. (Miguel González)

Se dice de la carrera flamenca que es teóricamente “de sprinters” pero que arroja un ratio de ediciones entretenidas por década que ya lo quisiera algún Monumento.

En Flandes el ciclismo es una religión.

A esta región le seduce el ciclismo de contacto, de ataque, del si parpadean se lo pierden

Es por ello que tienen configurado un calendario en el que el cierre de la campaña de ciclocross precede a la apertura rutera de clásicas flamencas, en concreto con la actualmente denominada Omloop Het Nieuwsblad.

A partir de aquí viene una retahíla de pruebas de un día -en un radio de acción muy acotado- que culmina con la celebración de la prueba reina: De Ronde (Tour de Flandes).

La Vuelta a Flandes es su prueba estrella pero hay una clásica que exige a sus ganadores unas aptitudes no tan esenciales en sus primas hermanas, esa es Gante-Wevelgem.

Esta carrera es tan peculiar que verdaderas leyendas del adoquín como Museeuw y Cancellara nunca la pudieron conquistar

En ella el ganador tiene el imperativo de la destreza en el adoquín -lógicamente- pero primeramente ha de pasar el más que probable filtro de los abanicos.

Una vez superado el último muro (Kemmelberg) debe afrontar una hora de esfuerzo en asfalto en la que o bien tendrá que marcar a sus rivales -en grupo reducido- o en su defecto batirse con ellos al sprint.

Si bien el viento condicionó notablemente el desarrollo del Tour de Flandes en sus primeras ediciones con el paso del tiempo su esencia pasó a ser los muros, colocación, caídas y tácticas de equipo; por tanto Gante-Wevelgem actualmente tiene un extra que no tiene De Ronde: los abanicos.

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Cuatro son los muros cinco estrellas de la Bélgica flamenca, los tres primeros han tenido y tienen peso en De Ronde: Oude Kwaremont, Koppenberg y Kapelmuur.

El cuarto es el Kemmelberg, sito en el Flandes occidental y “marginado” por su lejanía en el recorrido del Monumento.

En palabras de Andrei Tchmil su bajada -por entonces adoquinada- era el punto más peligroso del ciclismo profesional de ruta.

El propio corredor nacionalizado belga lo vivió en sus carnes con un accidente grave en 2002, aunque la caída se produjo en los Tres días de La Panne.

Paradójicamente este percance supuso alargar su carrera pro ya que al no poder disputar Flandes ni Roubaix quiso despedirse unos meses más tarde en la Vuelta a Bélgica; con victoria, cómo no.

Desde 2003 Gante-Wevelgem parte de Deinze -este año arranca en Ypres– y no de Gante, pero esta circunstancia no afectó en que se siguiese rodando en los kilómetros iniciales pegados a la costa.

Como sabréis, en ciclismo pedalear junto al mar implica que la probabilidad de abanicos sea elevada. Sin tabla en mano – los belgas no son como los estadounidenses de medirlo todo- nos atrevemos a asegurar que GW es la clásica con mayor número de abanicos formados en la historia moderna del ciclismo.

#Top2015 – El infierno estuvo entre Gante y Wevelgem

Es por ello que esa fase previa a tocar el primer muro tenga más importancia que el resto de subidas si exceptuamos el juez de esta carrera: Kemmelberg.

Otras subidas como Catsberg, Monteberg o Baneberg tienen su dureza pero han jugado más el papel de anticipación -o rotura de corte consolidado- que de verdadero filtro.

El último paso por el Kemmelberg es el que configura el vagón ganador, si quedas apeado de él las opciones de victoria son mínimas, salvo que se forme un pelotón muy numeroso respecto a los fugados y termine neutralizando a éstos.

Uno de los encantos de la carrera reside en que en su palmarés figuran grandes velocistas como Abdoujaparov – el año de su victoria no se subió el Kemmelberg-, Cipollini, Bontempi, Freire, Steels y por supuesto los sprinters totales como Freddy Maertens en la edición nevada del 75.

Pero a su vez tiene ganadores de otro perfil – el guerrillero con punch- como Van Avermaet o Paolini.

También tienen sitio los gregarios de lujo como Burghardt, Peeters o Eisel.

Ni que decir tiene que Van Looy y Merckx la “coleccionaron” por partida triple y que Hinault -el adoquín no fue santo de su devoción- ganó aquí su primera gran clásica en el 77, que a su vez es la edición con mayor kilometraje (277 kms).

En el ciclismo moderno -hasta la temporada 2010- esta clásica estuvo ubicada en el miércoles que enlaza Flandes con Roubaix.

Por ello siempre tuvo ese punto de precaución por miedo a comprometer la participación en La Pascale.

Pero como la cabra tira al monte la mayoría de clasicómanos cinco estrellas eran de la partida con esa colocación en el calendario clasicómano.

El bloque de cada equipo reclutado para Flandes y Roubaix tomaba la salida en GW y a lo sumo realizaban un par de cambios para incluir sprinters con poca capacidad de pedrusqueo.

A raíz de su nueva ubicación -previa al domingo anterior a Flandes- y que con la extinción de la Copa del Mundo pasó de ser HC a World Tour ha cogido más peso todavía.

Actualmente -ignorando claro este 2020 loco- viene precedida de un Harelbeke que se disputa 48 horas antes, dejando así un fin de semana (viernes-domingo) con doble menú y variado ya que son dos clásicas con distinto desarrollo.

Como sucede en la apertura belga: OHN y Kuurne-Bruselas-Kuurne.

El único pero reside en que su hueco del calendario -entre Flandes y Roubaix- lo ha ocupado Scheldeprijs (anteriormente post Roubaix) y dado el alto riesgo de caídas en Escalda (con casos de 4 montoneras gordas en 7 ediciones) los capos pedrusqueros se borran o salen a soltar piernas y retirarse.

Mirar la tabla wikipédica para formarse una idea general de los desarrollos de GW en base a los pódiums de cada edición no conduce a nada.

Al margen que los guiones pueden variar radicalmente: desde ediciones bluff como la de 2014 -Zanatta tras el último Kemmelberg susurrando “tranquilo Peter”- y con sólo un año de margen encontrarte con la versión apocalíptica de 2015 en la que el viento nos deparó escenas del inicio de Mary Poppins, cambiando empotramientos en casas por corredores que terminaron en acequias.

La combinación de Cruz para tu portabicicletas

Las condiciones meteorológicas son tan caprichosas en esta carrera que se ha llegado a ver en su edición del 89 a Sean Kelly totalmente de largo de la chupa de agua que se comieron los ciclistas.

El corredor irlandés ni en nochevieja se duchaba con agua caliente.

En 2013 las temperaturas fueron gélidas y presenciamos el primer gran triunfo clasicómano de Sagan

El ciclista eslovaco es el mejor corredor de la historia aquí, al margen de sus tres victorias tiene tres podiums más y en la edición de 2011 fue el más fuerte en el último Kemmelberg -auspiciado por una avería de Gilbert en la base-.

Se quedó a sólo un kilómetro de que cuajase su fuga de cuatro junto a Chavanel, Stannard y su compañero Body.

También hemos vivido en esta clásica momentos rocambolescos como el del año 85.

Vanderaerden venía de ganar en Flandes y a los tres días quiso regalarle la victoria a su compañero Phil Anderson, Panasonic tenía asegurado el 1-2 pero el belga no pudo frenar lo suficiente y entró igualmente el primero. Un Anderson que se sintió marginado y se dio el piro a TVM en busca de plenos galones. Por cierto, el gran Ángel Arroyo -sin pelos en la lengua para variar- lo calificó algo así como un hype vueltómano… y acertó de pleno.

La edición del 88 cambió de fechas y se colocó al final de la campaña primaveral, después de Lieja.

Hecho poco significativo a priori pero ese año la Decana vivió un bochorno con rotondas sin señalizar, coches mal aparcados, múltiples caídas y montoneras que propiciaron que en Gante viésemos con vendajes a la mayoría de integrantes del pelotón.

Una carrera muy entretenida en la que Kelly derrotó al sprint a Gianni Bugno.

Una de las contadísimas clásicas con resolución en grupo reducido que el italiano palmó.

Los 90 se abrieron con el mentado triunfo de Abdou en el 91 -bandazo marca de la casa incluido- y al año siguiente subió la puja agarrando del sillín a Cipollini con lo que fue descalificado.

Cipo logró así su primer entorchado, no tardaría en revalidarlo ya que en el 93 -el único año que formó sociedad con Museeuw- se impuso con facilidad al sprint, como el 95% de las veces que arrancó con la pole.

La edición del 94 fue delicatessen

Museeuw y Ballerini llegaron picadísimos de Flandes y se liaron a guantazo limpio en los dos pasos por el Kemmelberg.

Finalmente Franco se jugó la carrera al sprint con Wilfried Peeters y el italiano volvió a perder una clásica en la Photo Finish. En el recorrido afrontaron la subida a Schomminkelberg, una especie de Kwaremont asfaltado.

En 1998 el “elegido” por Mapei era Nico Mattan, se quedó junto a su compi Vandenbroucke para jugarse la carrera contra Michaelsen.

Pero el danés cerró los cortes de Nico y ante la primera réplica de Franky nada pudo hacer y VDB se anotó el triunfo.

Al final en estas carreras el factor lotería está siempre presente, el bueno de Frank vivió la otra cara de la moneda en De Ronde 99.

Un Mattan que tendría su recompensa en 2005 en lo que fue un bochorno absoluto por los rebufos de vehículos que pudo aprovechar el belga en el kilómetro final, privando así a nuestro Flecha de una más que merecida victoria.

2001 nos dejó la victoria del mejor Hincapie clasicómano de siempre

George a los cuatro días perdería Roubaix por infortunio y la tremenda superioridad numérica de Domo.

Un año más tarde tenemos otra prestación hit de otro corredor, en este caso Cipollini.

Mario superó un filtro grande del Kemmelberg y logró conectar en solitario con un corte de cuatro formado kms más tarde para batirlos al sprint. Un Cipo que no dejaría de ser noticia porque en 2003 en su afán por enganchar -tras ceder 10 segundos en el Kemmelberg- se fue al suelo.

Desesperado y con el hueco in crescendo se puso a rebufar, el jurado le dio un toque y acabó lanzándole un bidón al motorista.

Edición que fue un verdadero hype de Boonen con un sprint lamentable -caída post meta incluida-.

No pudiendo materializar la superioridad de Quick y la gran labor de desgaste de Knaven.

Ese año Andreas Klier se llevó el gato al agua, encuadrado en un Telekom en el que había más clasicómanos top -sobre todo el infravalorado Wesemann- al margen del acaparador Zabel.

Un pletórico Freire en 2007 pagó el peaje de la inferioridad numérica ante Telekom y “sólo” pudo ser tercero.

Pero en la temporada siguiente logró la victoria, convirtiéndose así en el primer corredor español en levantar los brazos en esta carrera.

Pero el que de verdad pagó peaje en 2007 fue Jimmy Casper con una caída -aterrizando literalmente con la cara- que provocó que la bajada por la vertiente adoquinada fuese sustituida por la asfalda.

2011 nos dejó la victoria “maquilladora” de un Boonen en annus horribilis -se llegó al sprint de chiripa y Tom no dio palo al agua escudado en el corte de Chavanel-.

Situación opuesta a la de 2012 ya que Tommeke se llevó de una tacada Flandes, Roubaix, E3 y Gante, dejándose por el camino únicamente su gafe Het Nieuwsblad, única clásica de adoquines que no tiene en su palmarés y por la que su equipo firmó un ridículo espantoso en lo táctico en 2015.

Alexander Kristoff: Si gana ¿qué más da su peso?

2016 fue una edición super estresante: abanicos de salida, cada vez más selección y un Kemmelberg final a cuchillo

Sagan y Cancellara además de buscar el vagón ganador (ellos dos, Vanmarcke y un Kuznetsov que se había anticipado) se picaron por ser el primer arriba.

Triunfo moral para Peter en la cima y a su vez se impuso en el sprint final.

De este modo pudo estrenar su casillero de victorias con su primer arcoíris.

Por desgracia en esta edición se produjo la muerte de Demoitié al ser arrollado por una moto de la organización.

En 2017 se decide meter tramos de tierra, afortunadamente no varía la esencia de la carrera -seleccionan pero los sprinters siguen teniendo opciones- y aquí el ganador fue Van Avermaet (año sideral el suyo) aprovechándose de un Sagan que absurdamente le aplicó teoría de juegos a Terpstra: no me importa quedarme sin victoria si me aseguro que tú no ganes.

Unos Sagan que fueron noticia por partida doble ya que Juraj realizó un carrerón, no sólo por su puestazo final sino porque realmente fue de los 30-40 más fuertes.

De esta manera se desprendió de su etiqueta de corredor hermanísimo mascota.

Sagan -Peter- en 2018 dejó llorando a Viviani en lo que calificó como victoria más fácil de su triplete y el año pasado tuvimos edición raruna con un abanico previo al Kemmelberg que -contra todo pronóstico- no prosperó. Van Aert nos regaló un KOM sideral en el Kemmel y Kristoff volvió a su fase comeniños en los sprints clasicómanos obteniendo así un nuevo triunfo en clásica belga.

Este año sólo el noruego y Degenkolb pueden repetir victoria debido a las ausencias del resto ganadores en activo. Por las restricciones el recorrido se ha modificado ligeramente, destaca el paso extra por el Kemmelberg, pero la esencia de la carrera no debe alterarse.

Por Miguel González

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Ciclismo de carretera

El homenaje de la Volta al ciclismo

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Volta Catalunya ciclismo documental
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Casi cien ediciones de la Volta son la excusa para abrir el ciclismo en canal

Hace más de siete meses la Volta a Catalunya nos había convocado un jueves por la tarde para disfrutar de su documental «Volta», la pieza maestra antes de una edición tan especial como es la 100 en una carrera que se sitúa, tras Giro y Tour, como la vuelta más antigua del ciclismo mundial.

Justo esos días, en víspera del estado de alarma, la convocatoria se tuvo que aplazar.

La Covid19 que empezaba a cobrarse víctimas entre el calendario de ciclismo, acabaría obligando a la cancelación de la Volta 2020, o lo que es lo mismo la Volta 100.

Ésta espera realizarse en marzo del año que viene, si bien antes quedaba la cuenta pendiente del documental «Volta».

Se nos volvió a convocar, esta vez en vísperas del cierre de bares y restaurantes que se ha concretado este viernes en Barcelona.

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A diferencia de marzo, esta vez hemos podido ver el documental: vamos a mejor podríamos, o querríamos, decir.

Lo vimos, 70 minutos de ciclismo puro y duro, y disfrutar de una amena charla con sus creadores Jon Herranz y Gerard Peris, acompañados por Rubén Peris, presidente de la Volta.

No sólo disfrutamos de la criatura, también pudimos hablar con los padres de la misma, en un contexto tan complejo como el que nos envuelve.

El documental «Volta» sin embargo viene muy bien en este entorno, encaja a la perfección con un paisaje que hoy vemos tétrico e inesperado, pero que no varía mucho del que han tenido que sortear las 99 ediciones de carrera que se han celebrado hasta la fecha.

El mensaje de que si la Volta siguió, nosotros también podremos, cundió en el ambiente.

Pero cundió también otro mensaje, y es que al margen de la efeméride, de la importancia probada de la Volta en la historia de Catalunya y en el territorio, ésta es Ciclismo, y lo es con mayúsculas y letras grandes.

Por que ese «pequeño milagro» que es un día de carreras, como dijo uno de los creadores del documental, se refleja a en toda su amplitud en esa hora larga de documental.

Es un homenaje de la Volta al ciclismo, un crisol de personajes de toda época y procedencia, desde Federico Martín Bahamontes a Chris Froome, que pasan por las cámaras con mayor o mejor locuacidad para dibujar qué es el ciclismo en torno a varios tópicos que lo embellecen y cincelan ante el gran público.

Y así se habla de la logística y organización de este deporte, de la prensa, de la importancia de la televisión, de las épocas, de la alimentación, de épica pasada y técnica presente y, como no, del sufrimiento.

La Volta, casi 100 ediciones, aprovecha su documental para homenajear el ciclismo y no sólo eso, abrirlo en canal ante los ojos de la gente, que no tiene porqué ser experta, y retratarlo como lo que es: un deporte ambulante, que monta y desmonta en tiempo récord para pasar un día por la puerta de tu casa.

Excelente… gracias por el rato.

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Ciclistas

Íñigo Elósegui es el ciclista que quiere hablar japonés

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Íñigo Elósegui
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Pocos ciclistas demuestran las inquietudes de Íñigo Elósegui

En ocasiones la vida te depara premios no escritos e inesperados, uno de ellos fue la conversación que mantuvimos con Íñigo Elósegui, ciclista que este año debuta en el Movistar.

Todo surgió cuando vimos este tweet con el abuelo de Íñigo Elósegui, José Antonio Momeñe en el grupo del maillot amarillo…

Y a partir de ahí descubrimos un tipo sencillo, culto, con inquietudes, amante del pasado, arrogante para el futuro.

Lo iban a ser veinte minutos se convirtieron en casi una hora, una gozada que tocó no pocos temas y porque dijimos basta.

¿Qué sentimiento sobrevino a Iñigo Elósegui cuando vio la foto de su abuelo compitiendo en el Tour de 1966 en twitter?

«De bondad y cariño, es que era mi abuelo, ahí en la foto, mi espejo de pequeño en casa. Yo siempre quise seguir sus pasos. Hice fútbol un tiempo, sobretodo porque se podía practicar entre semana, con la cuadrilla y el ambiente era bonito»

¿Por qué lo dejaste?

«Por que vi que no había más recorrido»

¿Y en la bicicleta sí?

«Sí, me veia mucho mejor en la bicicleta y acerté»

¿Cuándo empezaste con ella?

«Con catorce años acabo el fútbol en mayo y pruebo la bicicleta en junio, para empezar a competir como infantil con el Automoción Trapagaran»

¿El ciclismo sí que te conquistó?

«Totalmente, quizá porque se desarrollaba en entornos que yo siempre he apreciado mucho, como entre la naturaleza y por el monte, poder ir a ver rincones que ya has visto por el Google Earth, ver tus límites. Los deportes de resistencia siempre me han gustado»

¿Te gusta machacarte?

«No sabría decirte, a veces estás por ahí en la carretera, deseando llegar a casa y luego cuando estás en el sofá por la tarde estás feliz por haberte exprimido. Estás vital y activo, con el tiempo ves que mejoras, y esas cosas motivan»

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¿Estudias?

«Estoy dedicado cien por cien al ciclismo, pero aún en la universidad, si bien me he dado un pequeño respiro porque mentalmente a veces es muy complicado. Estudio asignaturas de Administración y dirección de empresas por mi cuenta»

Ciclista con inquietudes

«Me gusta estar al corriente de lo que pasa por el mundo»

¿E idiomas?

«Buen nivel de inglés, castellano y euskera, obviamente, alemán un poco oxidado y mucho interés por aprender japonés«

¿Japonés?

«Sí, en general me interesan los idiomas, pero es que Japón en especial me gusta mucho. Sigo el manga y ya viajé a Japón el año pasado. Además si aprendo japonés, tendría la base para el chino»

¿Te consideras un «rara avis»

«Quizá»

¿Otro como tú?

«En el pelotón cuesta encontrar ciclistas con estas inquietudes, pero no creo que sea una cosa exclusiva del pelotón»

Alguno habrá

«Sí claro, Tom Bohli es un ciclista del UAE que habla siete idiomas. Mi compañero Johan Jakobs me dijo que es un tipo muy inteligente, que le interesaba todo. Por ejemplo una pasión que tuve de niño fue tocar el piano, y me consta que Chad Haga también lo toca»

La combinación de Cruz para tu portabicicletas

Volviendo con tu abuelo, ¿qué sabe Iñigo Elósegui de José Antonio Momeñe?

«De mi abuelo he leído muchísimo»

¿Cómo era?

«Muy sencillo, no le gustaba nada vanagloriarse de sus logros como ciclista. Sé muchas cosas de él gracias a un tío mío y a compañeros suyos que no viven lejos de mi casa como Gregorio San Miguel o Aurelio González»

¿Qué te han contado?

«Gregorio le contó a mi tío cómo fue el Tour de 1966 que mi abuelo acabó cuarto. A falta de tres etapas para el final iba escapado y estaba de líder virtual para ganar el Tour, pero en ese momento le mandaron parar porque el director de su equipo, Dalmacio Langarica en el Kas, quería asegurar la clasificación por equipos. Mi abuelo se paró y estuvo cerca de abandonar por la orden y San Miguel le convenció para que siguiera»

Y aún así acabó cuarto

«Ya ves»

Sobre esta historia dos cosas, Jaume Mir ya nos habló de la obsesión de Langarica por las clasificaciones por equipos, al punto que la clave para que Bahamontes ganara el Tour fueron las consignas de Fausto Coppi, y eso de priorizar la clasificación por equipos es algo que aún hoy se practica.

Pero no queremos ser malo, ni poner a Iñigo en un compromiso.

Sea como fuere, seguimos… ¿tu abuelo nunca te contó nada de ese Tour?

«Nada absolutamente, era muy humilde»

¿Cuándo falleció?

«Hace casi die años»

¿Pasaste mucho tiempo con él?

«Mucho, tengo grandes recuerdos, Todos los días iba a su casa al salir del cole, merendaba en su casa. El ciclismo nunca fue un tema de conversación»

¿Le gustaba verte en el fútbol?

«Sí»

¿Saliste con él en bicicleta alguna vez?

«Si, un día»

¿Por qué este pasar de puntillas por el ciclismo?

«Quizá porque era muy consciente de lo mal que se pasa. De hecho no quiso que mi tío Álvaro fuera ciclista»

Pero su ciclismo nada tiene que ver con el actual

«Nada, ha cambiado todo radicalmente, desde las carreteras al los kilometrajes, pero también las estrategias, antes te tenías que buscar la vida solo, hoy el equipo cobra importancia»

¿Cómo es Iñigo Elósegui?

«Es un diésel y de fondo»

¿Oigo muchos comentarios que eres de clásicas?

«La gente me sitúa en las clásicas, pero soy de vueltas y tiradas largas, y no muy explosivo»

¿Eres de recuperar bien?

«Así es»

Menudo año, por eso, para debutar…

«Todos lo estamos pasando mal, pero sinceramente peor sería que fuera un año de todo o nada para mí. la clave creo que está el relativizar las cosas, no cabe otra»

¿Qué pazos se da Íñigo Elósegui?

«No soy de marcar plazos, pero no quiero dejar escapar oportunidades. No sé cuánto tardaré en madurar, pero crezco a buen ritmo. Lo entrenamientos va saliendo y los números on buenos, poco a poco voy encadenando bien los esfuerzos, y eso ya es un cambio grande»

Vivimos en un ciclismo de niños prodigio…

«Las cosas son diferentes, ahora estamos muy controlados y la progresión es otra»

¿Vas a tu rimto?

«La gente no me presiona, pero yo me considero un perfeccionista. Si no doy aún el 100%, ya lo daré, cuando hablamos de ciertos corredores, lo hacemos de superdotados»

¿Les cogerás?

«Para eso trabajo. para cogerles y superarles algún día, pero paso a paso, me considero joven todavía»

¿Qué has hecho este año?

«San Juan, Almería, Murcia y el UAE Tour que ya sabemos cómo acabó»

Y ¿dónde te podremos ver?

«En Getxo y luego en las clásicas»

Imagen: La Guía del Ciclismo

 

 

 

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Este ciclismo ha superado a muchos y entre ellos creo que se encuentra Mikel Landa, quien ya no es referencia y la luz con sus ataques. Ahora se dedica a trabajar buenos puestos, trabajando desde atrás y persiguiendo.

https://joanseguidor.com/mikel-landa-itzulia/

La Itzulia retrata el ingrato presente de Landa

https://joanseguidor.com/mikel-landa-itzulia/ by @JoanSeguidor

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"Crecí escuchando @lavuelta con JM García y el ciclismo me entró por el ojo" @m_marchante
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