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Ciclismo antiguo

Tom Simpson eclipsa la gesta más redonda de Bahamontes

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Tour de Francia - Federico Martin Bahamontes JoanSeguidor
DT – 2022 post

Tom Simpson se llevó de los Pirineos las portadas que mereció Bahamontes

Esta historia va de dos ídolos de siempre de Tom Simpson y Federico Martín Bahamontes, y ambos se mecieron en los Pirineos.

El líder que salió un día lider de los Pirineos en un Tour era inglés, de raíces keniatas, pero competía con los colores de su Majestad. Chris Froome sucedía en la línea real a Brad Wiggins, que también cruzó en amarillo los Pirineos y lleva a adentrarse en la edición de 1962, año que vio el primer hijo de la reina en líder.

Fue en Saint Gaudens. Tom Simpson vistió efímeramente por 24 horas la prenda que le perturbó hasta la casi total locura.

Tom Simpson era entonces ya un ciclista de renombre que servía además para darle cierto caché a este deporte tan radicado en la Europa continental.

De veinticuatro años, había sido segundo en la París-Niza de ese año. Afincando en Gante, luego en Saint Brieuc, la oxidada escuela británica le dio su apellido y poco más.

No obstante su bagaje ya escondía éxitos premonitorios para ese país en materia ciclista pues se colgó un presea olímpica en Melbourne en la persecución por equipos.

Simpson escribía semanalmente en el Daily Express sobre ciclismo. Contaba e informaba de esas aventuras sobre bicicletas maltratadas por los elementos más allá del Canal de la Mancha. Ese mes de julio de 1962 dieron mal tiempo en las Islas y las partidas de cricket no celebradas por la lluvia darían más espacio al ciclismo. Hasta The Guardian y la BBC dieron papel y minutos al maillot amarillo de Simpson en los Pirineos.

Y en estas que en Superbagneres, tras una agotadora ascensión en solitario, Simpson empezó a dar que hablar. Atosigado por el esfuerzo, superado por la situación, padece unas extrañas convulsiones en meta. Más de un uno le da una interpretación en términos de dopaje y trampa.

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Está claro que la carencia de escrúpulos no surge por generación espontánea y su fatídica muerte en el Ventoux, años después, había arrojado algún antecedente.

Por que Simpson logró copar titulares que sencillamente Federico Martín Bahamontes se había trabajado a conciencia con un paso casi limpio por la cordillera pirenaica.

El alado y aguileño ciclista de Toledo logró coronar delante de todos Aspin, Tourmalet, Peyresourde y Portet d´ Aspet, al margen de ganar la cronoescalada de Superbagneres, esa que dio pistas sobre el trágico final que aguardaba a Simpson.

Imagen tomada de www.cyclinghalloffame.com

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Ciclismo antiguo

Abraham Olano es y será el primer campeón del mundo español

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Mundial Colombia JoansEGUIDOR
DT – 2022 post

Hasta Olano España no tuvo un campeón del mundo por mucho que escueza

Recordar el mundial de Duitama, año 1995, con Abraham Olano en campeón del mundo y Miguel Indurain entrando segundo, batiendo el puño al cielo colombiano,… eso son palabras mayores.

No sé si fue por que aquella pasó por ser una de las últimas carreras que veía con la inocencia del primer ciclismo o por lo emotivo de un triunfo al horario del telediario de la noche, aquellos momentos no los cambiaría por nada en el mundo.

Ni siquiera que el orden del podio fuera otro, al revés del que guardamos en las fotos.

Abraham Olano fue campeón con todo merecimiento, aprovechando aquella figura enorme, afilada y en forma que era aquellos días Miguel, un tapón en forma de ciclista que hizo su parte de la estrategia, una estrategia de libro, de escuela de ciclismo.

Pero aquel desenlace sigue levantando ampollas y lo hace entre gente que se dice aficionada, cosa que no entiendo.

Una cosa es querer a un corredor como si fuera tu hijo, Indurain esto lo tenía, y otra perder la perspectiva y ver que lo que se hizo se tenía que hacer y que si el grupo, tirado por Casagrande primero y Pantani luego, hubiera dado casa a Olano, ahí estaba Miguel para rematar.

Tanto tiempo después, sigo leyendo auténticas tonterías sobre Olano, minusvalorando los logros de un ciclista que está entre los mejores de la historia en este lado de los Pirineos.

Y cuando digo entre los mejores, le sitúo entre los diez de siempre, en noveno lugar, entre Marino Lejarreta y Miquel Poblet.

Claro que ese listado que hice hace un tiempo es como todo en este mal anillado cuaderno, subjetivo.

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De lo que no cabe duda es que el Mundial que gana Olano es historia con mayúsculas y que aquella hazaña encierra mucho mérito, pues al vasco no se le conocía precisamente por ser un gran escalador y ahí estuvo, siendo campeón del mundo en la edición más dura de la historia.

Luego todo lo que siguió a ese triunfo, la Vuelta que gana, a pesar del Chaba, las muchas veces que se cae y se levanta, la crono del mundial de Valkenburg, cuando España brillaba en esta disciplina, el podio en el Giro y otras tantas cosas que hablan de uno de los grandes de verdad.

No fue, eso es cierto, el más vistoso en el recorrido, lo pasaba muy mal en la montaña, pero el tío se dejaba los huevos en cada subida, achicando agua y minimizando pérdidas, picando piedra como pocas veces hemos visto a nadie.

Que un día, hubo alguien que le marcó como sucesor de Indurain, que venga y nos lo explique, porque eso no es una losa, eso es un plomo al cuello en alta mar.

Olano hizo lo que pudo y fue mucho, dio resultados y la estadística ahí lo pone, además abrió el camino en el maldito mundial, que no es poca cosa.

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Ciclismo antiguo

La primera etapa de la primera Vuelta ciclista a España

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DT – 2022 post

Camino de 90 años del nacimiento de la Vuelta ciclista a España

Así conté un día la primera etapa del la primera Vuelta ciclista a España…

El día 29 de abril, a primera hora de la mañana, con el sol asomando sobre la coronilla de la arboleda de la Puerta de Hierro madrileña y una multitud congregada para la ocasión, se dio la salida a la primera edición de la carrera nacional.

Los diarios rezumaban titulares que retrataban el ambiente.

Un fotomontaje ponía en valor los bustos de las esperanzas españolas frente a la pequeña, pero muy experimentada, delegación extranjera. De izquierda a derecha: Federico Ezquerra, faz como desdentada, rehundida, presa de una extrema delgadez, pelo hacia atrás como recién lavado.

Un cadáver sobre la máquina. Luciano Montero, de mirada desconfiada, ceño arrugado y rostro ligeramente escondido, como si una sombra aplacara algún sentimiento frustrado.

Vicente Trueba, como ausente, ido.

Se vio que aquella no fue su carrera.

Mariano Cañardo, esbelto, frente ancha, peinado marcado, gruesa nariz, ojos vigorosos y cara angulosa. Sonriente, fue el único en vestir camisola oscura, como distinguiéndose entre tan mal disimulado blanco.

Porque Mariano Cañardo era el hombre de la afición. Las miradas de la España que entronizaba su primera Vuelta eran para él. Las esperanzas se cernían sobre sus espaldas anchas y delimitadas por aquellos tubulares de recambio que tenían que llevar cual chaleco, en previsión del seguro reventón. El negro asfalto de la ruta lucía a menudo una marca hecha a mano.

Emborronada y tosca, la leyenda no iba más allá del “Viva Cañardo”, así, simple, escrito por miles de carreteras a yeso, con la muñeca en escorzo imposible.

Niños, mayores, todos se desgañitaban al paso del navarro.

Espachurraban tiza en el suelo como quien empuja sus sueños hacia el cielo.

Casi de forma premonitoria, las portadas avanzaron lo que el sentir de la gente y la suerte de la competición corroborarían.

Mariano, dorsal uno a la espalda, era el hombre a seguir de salida, y lo fue a cada paso hasta Madrid, esa Madrid que rezumaba obras de Federico García Lorca por los carteles de sus teatros.

Las razones de aquella pasión de Semana Santa por Mariano derivaban de una excelsa lista de victorias en el panorama nacional desde el mismo momento en que decidió ser ciclista y se colgó un dorsal.

Aquel fornido ciclista de Olite, aunque instalado en Barcelona, desde su mayoría de edad presentaba credenciales sobradas en el panorama doméstico, tales como la Volta a Catalunya, la carrera que entonces marcaba el paso, que había ganado cuatro veces, sumada a campeonatos de España y la Vuelta al País Vasco.

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Harina de otro costal era hablar de sus activos más allá de los Pirineos, esa extraña frontera para los ibéricos de la época que Mariano sí que había osado cruzar, pues un año antes había sido noveno nada menos que en el Tour de Francia, en una edición ganada por Antonin Magne, con Vicente Trueba décimo.

No obstante correr en suelo no español, para aquella generación de ciclistas que, más que aprender el oficio, tuvieron que inventarlo, fue un cénit no solo físico sino también mental que habría que trabajar con calma, tiempo y pasión para superarlo.

La carrera partió muy temprano dirección Valladolid.

En el alto de los Leones el suizo Leo Amberg soltó el primer ataque de la primera etapa en la primera edición.

Pronto Mariano se erigió en protagonista. El navarro-catalán se soldó a la rueda del belga Antoon Dignef.

El infortunio quiso que los pinchazos hicieran acto de presencia bien pronto.

Los tubulares de Mariano parecieron de mantequilla durante toda la carrera, cosa que ya se vio en la primera jornada.

Varios pinchazos, y Dignef voló. El belga ganó en Valladolid una etapa para la historia, lo que le supuso ser el primer líder de la carrera.

Se vistió de naranja, algo que por mucho que lo intentara, Mariano no lograría jamás, aunque portara el dorsal uno en tan singular ocasión.

No obstante su historia mereció ser plasmada en los anales del ciclismo. Estuvo llena de grandes gestas, heroicidad y grandeza sin igual.

Pocos días antes de empezar, Cañardo manifestaba un disimulado optimismo ante la Vuelta.

No quiso entrar en el detalle de su estado de forma, no quiso concretar rivales, pero sí puso de relieve que los malos momentos del Gran Premio de la República, disputado poco antes, ya eran historia. Su ambición se tapaba a duras penas.

Confiado en sus posibilidades, la modestia solapaba lo que sus piernas le daban a entender.

Mariano quería ganar, y la magullada teoría de la superioridad foránea no iba a detenerlo.

Texto de libro «El primer campeón, el mundo que vio Mariano Cañardo«

 

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Ciclismo antiguo

El último dorsal de Miguel Indurain

Publicado

en

DT – 2022 post

La retirada de la Vuelta 1996 fue la última vez que vimos con un dorsal a Indurain

Aunque en el santoral de los devotos de Miguel Indurain, entre los que me incluyo, hay una fecha marcada a fuego, el 2 de enero de 1997, día de su retirada, lo cierto es que tendríamos que irnos unos meses atrás, a un 20 de septiembre, para recordar la última imagen del campeón navarro con un dorsal a la espalda.

Once años después de debutar en la Vuelta, pasados cinco de su última actuación, Miguel dejaba la carrera a medias, camino de los Lagos de Covadonga, enfrente de aquel tramo antes de Cangas en el que tenemos un pequeño hotel llamado Capitán.

Al igual que en 1989, el Mirador del Fito, habitual compañero de los Lagos en los perfiles de la Vuelta, fue maldito para Indurain.

Si en la primera ocasión tuvo que dejar la carrera, que dominaba su compañero Perico, por caída y fractura de muñeca, esta vez su último calvario como ciclista profesional iba a tener lugar en esas rampas.

Aunque hacía días, y en especial en El Naranco, que Indurain no lucía el dorsal en cabeza, lo cierto es que el cielo se desplomó sobre la Vuelta y la afición cuando Tony Rominger buscó la aventura en la base del Fito.

Rápido emergió por detrás la figura de Indurain descolgándose, con evidentes problemas para seguir la rueda de su querido Marino Alonso.

Barruntando la retirada desde el primer momento, Indurain se dejó ir, a sabiendas que a la altura del Hotel Capitán podía poner pie al suelo.

La caravana de coches le adelantaba entre susurros y miradas de complicidad hacia el español.

Incluso el gregario más carismático del equipo rival, la ONCE, Herminio Díaz Zabala le acompañó hasta el momento de poner pie a tierra, tras estrechar la mano del ciclista cántabro.

Indurain había abandonado la Vuelta…

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Desconozco si ahora sigue en el lugar, pero he leído esta mañana que en el lugar de autos había una placa conmemorativa de la retirada de Miguel… con la fecha errónea.

No es sencillo encontrar testimonios ciclistas en España, como sí sucede en Francia o Italia, pero para uno que teníamos, o tenemos, se equivocaron en la fecha.

En todo caso, a lo que vamos.

Indurain admitía, tras la etapa, que no estaba para luchar por una quinta plaza al tiempo que tranquilizaba al respetable diciendo que no había motivos contundentes para pensar en el abandono.

Recuerdo, semanas después, estar en su rueda de prensa del Criterium de Hospitalet, y seguir con la zozobra de una retirada que finalmente tuvo lugar.

Fueron curiosas las reacciones de algunos ese día, más cuando el propio corredor había dicho, ante la audiencia de La 2, que no estaba católico para correr la Vuelta.

Eusebio Unzué admitió el error de haberle obligado, Echávarri argumentó una congestión como motivo del abandono.

En todo caso, el limón no daba más zumo.

De aquellos días nos quedaremos con las ganas de saber qué pasó realmente, porque el final de Indurain no fue ni mucho menos el soñado, resultó triste, tanto como verle echando pie a tierra en la cuenta atrás de su abandono del ciclismo.

Imagen: Twitter @davidguenel

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Damiano Cunego fue el primer gran rival de Valverde

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DT – 2022 post

Hace 18 años, un tal Cunego amenazaba el horizonte de Valverde

Leo que Damiano Cunego cumple hoy 41 años y recuerdo el tiempo que se le señaló como el gran enemigo de Alejandro Valverde.

Leyendo esta celebración del príncipe veronés me vinieron varias ideas a la mente.

Por un lado que jóvenes prodigios el ciclismo siempre ha tenido, no quizá en la proporción del presente, pero campeones precoces siempre ha habido

Damiano Cunego fue uno de ellos, pasó de 0 a 100 en unas semanas, pues el ciclista que estrenó su campaña 2004 fue muy diferente al que concluyó.

Cunego arrancó como un prometedor mozalbete en las huestes de Glberto Simoni, quien había arrasado en el anterior Giro, y acabó firmando una campaña en la que brillaron los dos Giros, el de Italia y Lombardía, entre otros éxitos.

Fijaros si fue potente aquella campaña que Damiano acabó como el mejor ciclista del mundo, UCI mediante.

Su pequeña figura había emergido antes del Giro, al que se postuló casi de inicio, como sin querer, vistiendo un rosa que resultaba horroroso con el culotte rojo de Saeco.

Aquello parecía transitorio, pero al veronés nadie le apeó de ahí, ni siquiera su cabreadísimo compañero Simoni, quien no fue lo que se dice un aliado en la carretera y fuera de ella.

A lo que planteaba en la ruta, se unía lo que soltaba Gilberto por aquella boca para minar la confianza de su joven rival.

Cunego ganó el Giro más cuatro etapas, en una general muy de la época, pues a la grande italiana no iban precisamente las grandes estrellas: en aquel top ten vemos a Hontchar, el ucranio que rodaba en las cronos dejándose la vida, y la elegancia, Brad McGee, pistard que tocó techo en las grandes vueltas esos días y otros que hoy siguen el pelotón con otros roles, como Dario Cioni o Juanma Gárate, décimo en la general.

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El pequeño ciclista de Saeco no tenía esos días los 23 años, una edad temprana que, sin embargo, fue su tope.

Nunca más ganaría el Giro ni grande alguna.

Mientras Damiano Cunego ganaba ese Giro, en España emergía Alejandro Valverde

Ya sabéis que en ciclismo cuando surgen dos talentos tan jóvenes y tan similares en su rendimiento, somos muy de rivalizarlos, por eso Valverde y Cunego fueron muy de la mano en los titulares esos días.

La progresión de uno y otro sólo hay que verla.

El murciano dejará el ciclismo a los 42 años, el italiano lo había hecho hace unos años.

Damiano Cunego fue un ciclista con un buen palmarés, lograría tres Lombardías y etapas en la Vuelta –fue el típico italiano que volaba en el Giro, pero poco o nada en el Tour-.

Valverde ha construido una carrera monstruosa de forma paralela, aunque su rivalidad con Cunego duró lo que el veronés se mantuvo entre los mejores, cosa que no se sostuvo durante mucho tiempo, aunque, bien es cierto, que de forma esporádica iba alimentando ese palmarés.

Sólo con citar a Cunego, esos años y lo lejos que nos pillan, una mayoría de edad, nada menos, volvemos a poner el pie a tierra sobre lo que Valverde ha logrado en ciclismo, ahora que le quedan pocos días para colgar la bicicleta

Imagen: BikeRaceInfo

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