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Los Juegos Olímpicos, la asignatura pendiente de Valverde
De entre todas las carreras los Juegos Olímpicos se le atragantan a Valverde
Alejandro Valverde Belmonte, veinte años ahí y le siguen quedando retos, muros por derribar y entre otros y muy importante, los Juegos Olímpicos.
Si miramos atrás, Valverde ha ido cumpliendo de forma metódica y sistemática con casi todos los retos que se han terciado, con el paso de los años y llegando a donde quizá muchos no imaginábamos.
Ahí están los podios en las tres grandes, cuando le etiquetamos de ciclista de clásicas.
El tremendo balance en un escenario de la tradición y prestigio de las Árdenas, con cuatro Liejas y cinco Flechas, codeándose con los grandes de siempre.
Su colección de medallas mundialistas y el oro que llegó tras erigirse como el ciclista con más podios pero sin corona.
Todo en Valverde han sido retos que entre él, su equipo y la gente le hemos puesto por mor de una clase que consideramos única e infinita, que perdura más incluso de los cuarenta y que apunta a una temporada más.
“Si me despido, que sea con público” como las folclóricas.
Entre las asignaturas pendientes de Alejandro Valverde, cómo no, las clásicas del pavés, en especial Flandes, preparar a conciencia y disputar una Milán-San Remo, que sin duda siempre le hemos visto en su molde y finalmente, los Juegos Olímpicos.
Pues si hacemos caso de esa norma que dice que el primer año de un siglo es el acabado en uno, Alejandro Valverde ha corrido todos los Juegos Olímpicos de este siglo y milenio.
Viendo lo que da de sí en el resto de competiciones, era de esperar que el murciano estuviera alguna vez arriba o muy arriba, pero lejos de la realidad, la carrera olímpica nunca se le ha dado bien.
Curioso…
Nos vamos a Atenas 2004, la carrera que se celebró bajo un calor demencial, imaginaros capital griega en agosto, en las faldas del Partenón.
Fueron unos Juegos Olímpicos singulares para la selección española que traía a los vigentes campeón y subcampeón del mundo: Igor Astarloa y Alejandro Valverde.
El vasco se retiró, como José Iván Gutiérrez por caída, mientras que Alejandro Valverde se vino abajo por el calor, paradójico en él, que se borró de la etapa de Tignes del Tour por el frío, lo mismo que del Mundial de Yorkshire.
En aquellos años el gran rival de Valverde, fueran o no los Juegos Olímpicos, era Paolo Bettini y aquella tarde ateniense el pequeño italiano se la dio con queso a todos.
No pasaría lo mismo cuatro años después, cuatro años mas viejos, menos pelo y Valverde en Pekín ejerciendo de freno, marcando a Bettini, para que Samuel Sánchez ganara su querido oro.
Aquel Valverde fue de los mejores de siempre, de hecho la campaña de 2008 nos pareció una de las top 3 de las veinte más una que completa en la élite.
Venía de ser líder en el Tour, de ganar la Klasikoa, pero Valverde fue un engranaje más en aquel “dream team” que conquistó el oro en la sombra de la gran muralla.
Vamos a Londres, circuito muy sencillito pero fuga de un nivel top para poner al límite a la poderosa selección británica, que se creyó capaz de llevar, ella solita, una carrera olímpica controlada para Cavendish.
Valverde se metió en el corte bueno, ahí iban buenos galgos como Gilbert, Rui Costa, Chavanel, Fuglsang -cuánto tiempo lleva este tío- y Kristoff, bronce al final.
Como Bettini en Atenas, Vinokourov fue el más listo en The Mall, saliendo de ese grupo y sacando de rueda a Rigoberto Urán, cuando éste miraba a otro lado.
Al final, otra carrera olímpica que no le resultó a Valverde.
Como no le irían bien en Río, hace cinco años.
Valverde llegó a los Juegos Olímpicos brasileños fundido del Giro-Tour, de hecho días antes ya no iba en los entrenos y en la carrera no dudó en ponerse al servicio de Purito cuando España vio que la carrera se le iba con Italia desmadrada por delante.
La de Río fue la cuarta cita olímpica de Valverde que completa en Tokio la quinta, una carrera en la que tiene buenas esperanzas pero la certeza que no es ni de largo el gran favorito.
Quizá ahí pueda residir su oportunidad.






