Ciclismo
Esto es sobre Alejandro Valverde, pero no por Milán-San Remo
Ojo a cómo se resuelve al atropello de 2022 a Alejandro Valverde
Hoy no hablamos de Alejandro Valverde por las Milán-San Remo que dejó de disputar, por mucho que nos pareciera una carrera ideal para él.
Hoy hablamos de Alejandro Valverde por una noticia que emergía en el radar de la prensa internacional, concretamente en Cycling Weekly, recordándonos que la realidad de los ciclistas fuera de los focos, a menudo, mucho más cruda y persistente que cualquier rampa del 20%.
No, no hablamos de Valverde por sus ausencias en la Vía Roma, sino por un episodio que en España ha pasado sin pena ni gloria, pero que no es cualquier cosa. .
El tema se remonta al accidente de Valverde en julio de 2022.
De aquellos barros estos lodos: La Fiscalía solicita una pena de quince años de prisión para el conductor que arrolló al ciclista murciano y a sus compañeros de grupeta en las carreteras murcianas.
Lo que en su día se despachó como un “incidente de carretera” más, una de esas noticias que consumimos con la resignación de quien lee el parte meteorológico, ha derivado en una acusación formal por intento de homicidio.
Los hechos, para quienes no los tengan frescos, hablan de una discusión previa, un adelantamiento temerario y una maniobra posterior donde el vehículo, lejos de seguir su camino, dio marcha atrás para embestir deliberadamente a los ciclistas antes de darse a la fuga.
Es curioso, y a la vez desolador, que tengamos que mirar hacia medios extranjeros para calibrar la dimensión real de lo que se juzga.
Mientras aquí nos perdemos en el análisis de si el Valverde sigue teniendo piernas para el gravel, en la Audiencia Provincial de Murcia se dirime una causa que pone nombre y apellidos a la violencia vial más descarnada.
La petición de quince años no es una cifra al azar; responde a la consideración de que hubo una voluntad manifiesta de hacer daño, de usar el coche como un arma tras un reproche por una maniobra mal ejecutada.
Valverde salió de aquello con magulladuras y un susto que dio la vuelta al mundo, pero uno de sus compañeros de entrenamiento necesitó más de un año para ver cicatrizar sus heridas.
Ese es el ciclismo real, lejos de lo que vemos y disfrutamos.
Es el ciclismo que se encuentra con la intolerancia en una carretera secundaria un sábado por la mañana.
Que la justicia apunte ahora a penas de esta magnitud por un intento de homicidio es un mensaje que nos gusta, una frontera que separa el accidente de la agresión pura y dura, algo que en la burbuja de la competición a veces olvidamos que sucede cada día.





