Ciclismo
¿Y si Steven Kruijswijk hubiera ganado el Giro?
Diez años exactos de la caída que privó del Giro a Steven Kruijswijk
El Giro de Italia ha regresado a Andalo, un escenario que inevitablemente activa el retrovisor de la memoria ciclista.
En la edición de hace diez años, Alejandro Valverde se imponía allí a Steven Kruijswijk en una jornada brutal, disputada a mil por hora y resuelta tras un descenso de infarto que permitió al murciano tachar el Giro en su selecto palmarés.
Sin embargo, la verdadera efeméride que hoy nos ocupa trasciende esa victoria individual; nos devuelve a la totalidad de aquel Giro de 2016, una de las mejores y más fantásticas carreras que nos ha tocado presenciar en directo, un vuelco continuo de alternativas que acabó trocando en desgracia absoluta para el neerlandés.
Hace una década exacta de aquella dantesca etapa del Agnello, el coloso fronterizo entre Italia y Francia.
Allí, Esteban Chaves y Vincenzo Nibali iniciaron un asedio implacable contra el liderato de Kruijswijk, que entonces defendía los colores del Jumbo.
Minaron su resistencia cuesta arriba hasta que el ciclismo dictó su sentencia en el descenso, donde vimos al líder impactar violentamente contra una pared de nieve. Fue el inicio de un hundimiento y el nacimiento de una remontada imposible por parte de Nibali, quien neutralizó una desventaja sideral para rematar la faena al día siguiente, desbancando también al colombiano Chaves.
Aquella victoria del Tiburón de Messina cobra hoy un tinte casi dramático.
Nibali fue, de hecho, el último ganador italiano del Giro de Italia.
Diez años exactos han pasado desde entonces y la nostalgia en la bota itálica debe ser morrocotuda al contemplar el panorama actual de su carrera patria.
La realidad es cruda: el ciclismo transalpino sobrevive en la general con un solo corredor en el top ten, Davide Piganzoli, un gregario de plenas garantías para Jonas Vingegaard.
Mientras tanto, la otra gran esperanza local, Giulio Pellizzari, ha desaparecido por completo de las primeras plazas de la clasificación, víctima de una debilidad propia que, para mayor inri, quedó destapada y en evidencia por la estrategia de su propio equipo.
El contraste entre la grandeza de 2016 y la escasez del presente no puede ser más evidente.
Por cierto que los protas de aquellos días ya están retirados, salvo el neerlandés, quien de haber ganado hubiera sido otro Hesjedal, un ciclista con un palmarés discreto con un todo un Giro en el palmarés.






