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El Giro en Milán, Vingegaard, otra vez como el malo de la película
El ciclismo ha cambiado y Vingegaard lo ejemplifica
A una semana del final, y no al final, el Giro de Italia aterrizó en Milán, la ciudad que tantas veces hemos visto darle epílogo a la carrera.
Una jornada que dejó al descubierto la fragilidad organizativa del Giro
Una etapa completamente llana que se preveía como un trámite de transición para los favoritos, el caos y la tensión se apoderaron del pelotón debido a las deficiencias en las condiciones de seguridad del circuito.
La mecha de la protesta la encendió el propio líder de la carrera, Jonas Vingegaard, quien no dudó en descolgarse hasta el coche del jurado para denunciar, a su juicio, el lamentable estado del asfalto.
El ciclista danés recriminó a los comisarios la presencia de baches que casi provocan su caída en varias ocasiones, sumado a una deficiente colocación de las vallas en la recta de meta que ponía en riesgo la integridad de los corredores.
Ante la presión del líder del Visma y de otros ciclistas del pelotón implicados en la queja en plena carrera, los comisarios se vieron obligados a reaccionar.
Finalmente, el jurado de la carrera claudicó ante las exigencias de seguridad de los corredores y determinó que los tiempos para la clasificación general se congelarían al paso por la línea de meta a falta de una vuelta para el final, neutralizando así los últimos kilómetros para los hombres de la general.
De este modo, el circuito final por Milán quedó reservado exclusivamente para la disputa de los puntos y la victoria de etapa entre los velocistas y los escapados.
Una decisión in extremis que evitó males mayores en un pelotón visiblemente crispado y tenso en una etapa que a priori no debía tener más historia.
Llana, incrustada al final de la segunda semana, sin trascendencia, la etapa se decidió con la primera victoria del Uno X en el Giro, a través de Fedrik Dversnes, en un desenlace genial que destapó las vergüenzas de los equipos de los velocistas.
Sin embargo el foco volvió a centrarse en otro nórdico, en el líder Vingegaard que vuelve a quedar como el malo, el que cambia los planes, el que obliga a “amputar” el espectáculo…
No es la primera vez, el danés es sensible al peligro, como todo hijo de vecino, más desde la caída en la Itzulia de hace dos, pero antes ya personificó recortes similares, inicio de la Vuelta 2023 en Barcelona.
Son momentos en los que se le señala, pero dos cosas a tener en cuenta: no sabemos cuán mal estaba el recorrido de Milán y me cuesta creer que esto sea sólo cosa suya.
Sea como fuere, el ciclismo ha cambiado, los ciclistas deciden como no lo hacían hace 10, 20 ó 30 años.
Y eso es tan real como que Jonas Vingegaard siempre queda como el malo.
Imagen: FB Giro d´Italia






