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Tour de Francia

¿Dónde empezaron a decidirse las cosas en el Tour?

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Geraint Thomas featured
Ciclovolta

El momento que Alaphilippe pierde el Tour, o empieza a ganarlo Bernal, es un momento de la soledad del campeón

El relato tendría que empezar con el belga Thomás de Gendt luciendo su anacrónica facha de guerrero frisio, temerario, medieval, desafiando a todo el pelotón de ciclistas en una fuga que iba a durar doscientos kilómetros completos con cada uno de sus metros y centímetros rasgándole la piel, la misma fuga que le conduciría solitario hasta el final por esa ruta estrecha y accidentada, más que carretera una montaña rusa de subidas y bajadas abruptas, de curvas y contracurvas.

Cien hombres desperdigados le perseguían escurriendo saliva de la boca, apetito de fieras rapaces, tal vez, o era que iban con los últimos restos.

Era el 13 de julio, la etapa 9 del Tour de Francia, y algunos corrían como si la premiación final fuera esa misma noche y no quince días más tarde en aquel París aún lejano.

 

Corrían sin cabeza, a empellones, a fuerza de codazos y arrancones absurdos, por eso detrás de Tibaut Pinot saltó Julian Alaphilippe, tan pasional él, huyendo del grupo: quería alcanzar a de Gendt, que marchaba apenas unos cuantos segundos adelante, quería vestirse otra vez de amarillo metiendo tiempo frente a sus ocho o diez rivales de la clasificación general.

Ocurría una batalla preciosa, de esas que ya no son frecuentes en el ciclismo contemporáneo, arruinado con tantas computadoras y algoritmos y cálculos exactos que evitan el error. Y el error, lo aprende uno con los años, es un equivalente de la belleza.

Además ocurría una batalla justa, si cabe hablar de justicia en el deporte.

Thomas de Gendt,  el valiente de Gendt (esa barba anticuada, ese casco negro de guerrero frisio, esa obsesión de fugarse del lote en cuanta carrera participa, siempre adelante con dos o tres aventureros, agachado sobre el manillar, la respiración agitada, siempre cazado a la puerta del último kilómetro cuando el pelotón pasa por encima aplastando la fuga; un ejército que con su marcha pisotea y castiga a los insumisos) retorcía el cuello, doblaba la cerviz con cada pedalazo, se incorporaba sobre el sillín y su rostro arrugaba mil gestos de contorsión.

 

Volteó a mirar atrás cuatro o cinco veces, Alaphilippe y Pinot le respiraban en la nuca.

Y pensó, de eso estoy seguro, que otra vez lo iban a alcanzar a dos pasos de la meta, aún así eligió no rendirse: estuvieron a doscientos metros, a cien, a cincuenta, casi podía escuchar la vibración de los radios y las bielas que ya rebasaban con un acelerón fuerte pero el final estaba ahí, a tres curvas, ahora a dos, ahora al frente.

De Gendt, el eterno escapado, el rebelde que no acepta rodar donde van los demás como borregos y prefiere marcharse sólo, siempre a contracorriente, de Gendt miró atrás de nuevo y vio que no lo cogía el azul tan azul de Alaphilippe que pedaleaba mirando al suelo y el blanco tan blanco de Pinot que se empinaba sobre los pedales, dos guerreros francos fraguando su cacería, tan cerca pero tan lejos, entonces no pudo creerlo.

Dejó de pedalear, alzó la vista al cielo, se agarró la cabeza en un gesto de desconcierto porque doscientos kilómetros le caían a plomo sobre el cuerpo.

Un hombre enfrentado contra cien conseguía por fin la victoria.

 

El relato tendría que continuar con la lucha íntima de Alaphilippe y Pinot persiguiendo al barbudo frisio, cada vez más cercano, cada vez más difícil de cazar.

¿Eran dos hombres contra uno?

O dos hombres contra diez, porque al fin de cuentas lo importante no era ganar la etapa sino distanciar a los grandes patrones, a los pretendidos herederos del trono: Quintana, Geraint, Landa, Urán, Bardet, Yates, Kruijswijk…

Dos franceses anhelando ocupar ese trono que, si hablamos de los suyos, lo tuvo por última vez Bernard Hinault en un año tan antiguo como 1985.

Las buenas carreras son como novelas llenas de capítulos y personajes y pequeñas tramas que, aunque no sean protagónicas por sí, terminan siendo determinantes para el resto de la historia.

Las buenas carreras son polifónicas, ofrecen versiones, lecturas posibles.

 

¿Qué hubiera pasado si Alaphilippe no ataca ese día, sino que se guarda de conservar energías para la durísima batalla de la semana siguiente?

¿Cómo habría sido la carrera si el agresivo Pinot no la abandona por enfermedad, cuando iba justo con la voracidad contenida de todos sus años y fracasos anteriores?

Alaphilippe & Pinot: Esos ídolos no sólo venden victorias

Nunca podremos decir con precisión dónde empezó a perder este Tour –su Tour- Julian Alaphillipe: probablemente en la primera escapada: ganó la etapa y se puso la apetecida camisa amarilla de líder.

O en la mitad de la competencia, venciendo en la contrarreloj con autoridad inapelable, una autoridad que parecía proclamarlo como el único patrón posible.

Ambas victorias mostraban tal fortaleza y apetito de arrasarlo todo, pero estaban agotando las fuerzas que acabarían por desampararlo dos semanas después.

Es difícil no amar a Julian Alaphilippe, ese ciclista loco que ataca porque sí y porque no, ese corredor que no escatima pedalazos ni esfuerzos, desmedido, tan irracional como carismático, disipado, hasta que se desmorona por completo y experimenta el límite de todo padecimiento posible lanzando manotazos.

Suunto 9: nombre sencillo y lleno de novedades

Difícil no enamorarse de su rostro de niño travieso, de su estilo insolente, arriesgado y pasional sobre la bicicleta, de su fragilidad y sus desfallecimientos apoteósicos.

Dos triunfos atronadores de etapa para labrar el camino más certero a la derrota, he ahí una buena estampa del ciclismo, que es un deporte, pero a veces también es un fresco barroco abundante en claroscuros y contrastes dramáticos.

¿Dónde comenzó a ganar el Tour –su Tour- Egan Bernal?

¿En la contrarreloj por equipos que lo situó desde la segunda etapa entre los siete primeros?

¿En aquella jornada de montaña cuando sobrevivió al ritmo enfurecido de los franceses, Pinot y Alaphilippe, que volvieron a atacar?

¿En el Col du Galibier, la misma cumbre de Marco Pantani y de Juan Mauricio Soler y de Nairo Quintana, reventando a sus rivales con una marcha pesada pero imposible de seguir, un pedaleo que parecía el empuje desbocado de un tractor cuesta arriba?

Si la victoria dependiera de un momento decisivo, de un instante que otorga la consagración o la desgracia, yo diría que aquel momento ocurrió en la penúltima jornada de montaña, subiendo al Col del Iserán, cuando Egan Bernal volvió a atacar y se quedó solo en punta cruzando la cresta de los Alpes.

Atrás, muy atrás, Julian Alaphilippe perdía definitivamente la camisa amarilla: también afrontaba la cuesta solo, también sufría con grandeza.

La ruta labra el destino y pone a cada uno en su lugar, aunque nadie se libra de su suplicio.

Egan Bernal Tour JoanSeguidor

Egan Bernal, solo, irremediablemente solo entre las montañas, sin nadie que le ayudase pasándole una botella de agua, pero también sin nadie que le siguiera ni le hiciera sombra, un espécimen que no fue hecho para rodar con los demás pues ha disfrutado de la soledad esquiva de los campeones.

Atrás, muy atrás, igual de solitario, igual de desamparado, Julian Alaphilippe seguía hundiéndose en su agonía mientras otros corredores de segunda y de tercera lo sobrepasaban.

Entonces recordé la misma soledad de Eddy Merckx remontando el Mont Ventoux, recordé a Induráin llegando “demasiado lejos en el dolor” durante la subida desierta de La Plagne, y pensé en Coppi reventándose contra el Alpe d’Huez y en la soledad de Luis Ocaña rompiéndose los huesos en una cuneta y pegándose un tiro tantos años más tarde, y en Gino Bartali arrancando sin nadie que lo siguiera bajo la nevada y la ventisca atroz de los Alpes.

Y también pensé en Ramón Hoyos y la legendaria diarrea que lo obligaba a parar cada diez minutos para cagar en la primera o segunda Vuelta a Colombia que ganó, y en el Zipa Forero con aquella travesía solitaria por el Páramo de Letras para descubrir que había un país intransitable que, no obstante, él atravesó en bicicleta.

Sigue siendo intransitable nuestro país, donde Julian Aliphilippe estuvo entrenándose en la soledad lluviosa de los Andes, que ahora también son un poco suyos.

¿Hace cuánto no veíamos un ciclista ganando así un Tour?

¿Hace cuánto a uno perdiendo igual?

Prefiero creer que el ciclismo puede contarse como una historia cuyo epílogo no es ese aburrido podio de flores y champaña y triunfadores, un trámite predecible, sino que acaba un día antes en la plenitud del furor, del desgaste y la tragedia.

Prefiero creer que las buenas carreras son polifónicas, como las buenas novelas que admiten siempre nuevas lecturas.

Yo he leído un relato con muchos protagonistas y dos héroes enormes.

Y aunque el sufrimiento en la ruta al final los colocó en lugares distintos, ambos conquistaron la soledad que sólo está reservada a los grandes.

Ninguno debería faltar cuando volvamos a contar la historia, porque la escribieron juntos.

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1 Comentario

1 Comentario

  1. Clara

    21 de agosto, 2019 En 15:56

    Muy buen escrito.

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El recorrido del Tour: nunca llueve a gusto de todos

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Tour 2020 JoanSeguidor
Ciclovolta

A vueltas con el recorrido del Tour, son los corredores quienes lo pueden hacer bueno o malo

Lo cierto, si lo pensamos ahora, cualquier presentación del recorrido del Tour, o de otra grande, es un evento para quedar con amigos y hacer palomitas.

Es increíble lo que genera el mapa de una gran vuelta y cuánto nos gusta darle vueltas.

Recuerdo hace treinta años, cuando esperábamos en «candeletas» el Ciclismo a Fondo previo al Tour o la Vuelta, para indagar el paso de los corredores, los puertos, las posibles trampas, las odiadas llegadas al sprint… como si fueran etapas que no computaran.

Hoy, el organizador del Tour sabe que con su recorrido va abrir heridas en la gente, generar susceptibilidades entre territorios y contentar o mosquear a los ciclistas.

 

Sobre la presentación del recorrido del Tour este domingo por la noche, en prime time, ya dimos nuestra opinión: es mejor que el de otros años, bastante además, aunque como todo en la vida, mejorable.

Se ha cumplido con una demanda generalizada con las contrarrelojes, a la de treinta del final, le han sumado otra de más de veinte, y sin repechos imposibles ni nada parecido, un ejercicio de precisión suiza entre los grandes especialistas del mundo.

Por otro lado, se lamenta la omisión de grandes puertos y que las jornadas de montaña sean cortas.

Como dijimos es mejorable, sí, pero es lo que hay, es una vuelta a la tradición, aún a mitad de camino, pero vuelta, una admisión por parte de los organizadores que lo de estos años ha sido en un 90% infumable.

Ediciones del Tour cuyo recorrido ha sido más bonito en la disputa de etapas que en la pugna por la general.

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Dicho todo esto, cuando nos empachamos de recorridos, de posibilidades, de variantes que se pueden realizar, omitimos el lado humano de la carrera: los ciclistas.

Y es que, señores, podemos estar aquí debatiendo de lo humano y divino de Tignes, Tourmalet o Portet, que si los ciclistas neutralizan la cosa, poco o nada veremos.

Y ese es el problema del Tour, una carrera en la que todos llegan tan bien y con tanto que ganar y perder que el bloqueo se impone.

Llevamos años de Galibier, Izoard, Tourmalet y Aubisque subidos a trenes imposibles de descarrilar, dando una imagen tan engañosa de la realidad que algún incauto ha dicho, con sus santos huevos, que un cicloturista podría ir ahí metido y aguantar a los pros.

 

La gente se queja de ocho posibles llegadas al sprint en el recorrido del Tour, del kilometraje de las grandes etapas de montaña, del llano que precede a la traca final de las jornadas pirenaicas… pero no piensa que, por ejemplo, parte de las mejores etapas de los tiempos recientes se han producido en parajes como la Bretaña, punto de partida de esta edición, donde el viento y los cambios de sentido son perfectos para destrozar pelotones y abrir distancias siderales.

La gente se olvida que la liebre salta en el lugar menos pensado, y que la organización puede meter más de 5000 metros en una etapa que si Jumbo pone sus galgos mirad lo que pasó en el Col de la Loze, hasta muy al final todos juntos y diferencias limitadas.

Al menos tenemos la seguridad que la primera crono abrirá primeras brechas y a la segunda  habrá que llegar con deberes hechos.

Valoremos ese avance, como algo positivo, por que lo es, y esperemos que los corredores den luz a un recorrido que como todos está en manos de ellos.

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Recorrido del Tour 2021, el guiño que estábamos esperando

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Ciclovolta

Más cronos y encadenados montañosos en el recorrido del Tour 2021

A veces, los que somos muy de una cosa, corremos el riesgo de ser insoportables y dogmáticos, hecho que ocurre mucho en ciclismo y en especial con los recorridos que miramos con lupa, como el del Tour 2021 en este caso, exigiendo trazos sobre el mapa que creamos respetan la tradición.

Pero ¿qué es tradición en ciclismo?

Es seguir con lo que te ha hecho grande, potenciarlo y mostrarlo orgulloso, en el caso del ciclismo, de las grandes vueltas, entendemos por tradición una forma de hacer que ponga al Tour 2021 frente al espejo y se reconoce.

Eso sucede, y es un paso adelante.

 

Tras varias ediciones deambulando, que les habrán sido rentables en captar nuevos públicos, otra cosa es que sean fieles, creemos que el Tour da un paso atrás en el tiempo y se arma de un recorrido que en este 2021, esperemos que para entonces con cierta normalidad, bebe de esos valores que creemos inherentes a una gran vuelta.

Por ejemplo, el fondo, con la presencia de alguna etapa que supera los 200 kilómetros, un hecho que se potencia en una en especial, con final en alto, que se irá hasta casi los 250, un hito en el ciclismo moderno.

Es cierto que las grandes etapas de montaña siguen patrones de distancia similares, pero ello no nos quita de admitir que hay más kilómetros en general, al menos en apariencia.

Queda otro rasgo que nos gusta, el Tour 2021 mete dos cronos individuales en su recorrido, otro hito, un hitazo, que habla de justicia y equilibrio.

Nairo, Landa, Bardet, Pinot y toda esa generación al asalto de los cielos de París lo van a tener muy complicado, los Tours a los que optaron les daban chance, esta vez pesan dos cronos ante los fenómenos que crecen, más los especialistas sempiternos como Dumoulin o Roglic, sin saber qué será de Froome.

La lacerante dejadez de la organización frente al noble ejercicio de la lucha contra el reloj tiene un ¿paréntesis?

Que venga una hornada con Pogacar, Evenepoel y Ganna merece el premio a una disciplina que en el Tour 2021 tiene dos brochazos de 27 y 31 kilómetros en primera y tercera semana, en vísperas de llegar a París.

Premio.

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Y luego la montaña, que es montaña de verdad, que no se reparte por maratonianas etapas, pero que implica grandes cumbres y encadenaros que pondrán el foco sobre los equipos y lo que quieran hacer.

El pliego alpino no hollará las grandes cimas, pero le dará otra oportunidad a Tignes, descartada por el aguacero el día que Bernal se vistió de amarillo, tras Saisies y Roseland.

Eso tras un entremés que nos suena, la dupla Romme-Colombiére camino de Le Grand Bornard, allí donde Contador sacó los colores a Kloden y la mala hostia de Bruyneel.

 

Entre macizos una etapa que hemos de admitir nos pone, y mucho, por que se programa justo a mitad de carrera una doble ascensión al Mont Ventoux, una idea que nos entusiasma en un bucle de 200 kilómetros y el último paso por el monte pelado a veinte kilómetros largos de meta.

Eros Poli tendrá sucesor.

Una puesta a punto de la bicicleta en cinco pasos

Luego unos Pirineos que vienen con su sabor de siempre, primero llegando a Andorra, a la capital, tras descenso, y luego con dos encadenados que identifican la tradición de la cordillera en la historia del Tour.

Primero Peyresourde, Val Louron y Portet, allí en los confines donde dominó Nairo Quintana, luego Tourmalet-Luz Ardiden, una dupla de manual que otras veces venía quizá con Aspin, pero que suena bien.

En fin, que el Tour 2021 pone un recorrido que cumple con lo que se le supone a la mejor carrera del mundo, seguimos lejos de los kilometrajes contrarreloj de hace un cuarto de siglo y muchos símbolos quedan en la cuneta, pero la música que suena nos gusta, nos recuerda que, alguien ahí dentro, se ha percatado que más de cien años de historia no se pueden omitir por las modas.

Otra cosa es cómo estarán las cosas el próximo verano e hilando más fino qué querrán hacer los corredores, por que los superequipos que tantos disgustos nos dan algunas tardes ya están maquinando cómo hacer suya a mejor carrera del mundo.

 

 

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Ciclismo de carretera

Ocho corredores que explican el Tour 2020

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Tour 2020
Ciclovolta

 

En el ocho del Tour 2020 vemos un revolcón importante de nombres

Hay un pelotón de ocho ciclistas que hemos escogido de entre todos los que han corrido el Tour 2020 que creo explican lo que ha sido una edición muy singular.

El primer Tour en septiembre ha sido un milagro en lo social, que haya podido llegar hasta París, pero también la renovada fotografía de un ciclismo que muda de nombres, permuta protagonistas.

Así vemos que si el podio es inédito, en este ocho, apreciamos nombres que nunca habían asomado a la ventana del Tour, la vida cambia, el ciclismo con ella…

Ciclismo en Gran Canaria, la ruta blanca por Fataga

Empezamos por Caleb Ewan, uno de los dos de esta lista que no es un extraño, el velocista de videojuego, que corre y esquiva rivales con el golpe final más demoledor que existe en el mercado de la velocidad, un nicho algo menoscabado por el ciclismo moderno.

En unas ediciones en las que las llegadas al sprint no son tan abundantes como antaño, Ewan lleva cinco etapas en dos ediciones, argumentando con resultados los motivos que le llevaron a dejar el Mitchelton hace un año y medio.

 

 

Proseguimos por otro doble ganador de etapa, y el verde, Sam Bennett, un velocista que ha corrido a cara perro buena parte de la prueba merced al acoso de Peter Sagan por su maillot de la regularidad.

Bennett se ha tenido que comer salidas a cuchillo, tener que entrar en fugas con el mentado Sagan y Trentin para evitar perder puntos… todo para culminar París con un triunfo.

La emotividad que le puso a su primera victoria en el Tour fue para recordar, luego en París su éxito ha sido por partida doble, el espejo de un trabajo extraordinario.

Tanto como el de su compañero Julian Alaphilippe, que ha sabido reinterpretarse en condición de animador de lujo, olvidándose de ese sueño que veíamos imposible para él, la general del Tour, y basándose en una presencia casi constante en carrera, presencia que además no es estéril, pues se llevó una etapa y varios días de un amarillo que perdió por desconocer el reglamento.

En esa línea Wout Van Aert se impone como uno de los corredores más valiosos del pelotón.

Es el ciclista multiherramienta que surge en el seno del equipo más potente, capaz de hacerlo todo y todo bien, y cuando decimos todo hablamos de marcar un paso matador subiendo, portar bidones a los líderes, ganar sprints y ser capo contra el reloj.

De locos…

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Proseguimos por la línea dura, y vemos los estandartes de ese magnífico bloque que es el Sunweb.

Por un lado Kragh Andersen, un prodigio de rodar en solitario, recordad que ya ha ganado cronos del nivel de París-Niza y clásicas otrora prestigiosas, París-Tours, pero también leyendo la carrera, saltando en pleno descontrol de Lyon y dejando atrás un grupo de ilustres en la jornada previa a la crono.

Marc Hirschi

Luego Marc Hirschi, el bichito que nos entró por los ojos en Niza e insistió e insistió hasta ganar su etapa, no sin estar perennemente delante, marcando clase, rodando como los ángeles, subiendo compacto y metiendo medio en los descenso.

Si Hirschi ha sido parte del paisaje, no le ha ido a la zaga Lennard Kämna, completísimo alemán, que venía precedido del éxito del Dauphiné.

Lo suyo también ha sido buscar el triunfo que Daniel Martínez le robó en una soberbia llegada al Puy Mary, una escena que no le amilanó para seguir en el filo: su nombre habla por esa generación que ha venido a tomar las riendas del Tour, una generación en la que está el citado Hirschi, como Daniel Martínez, como posiblemente Higuita o el propio Pogacar, pero también un ecuatoriano que ha roto su techo de cristal.

michal Kwiatkowski Tour

Por que el final de Tour de Richard Carapaz  es de traca, con tres fugas seguidas que al final le han valido más reconocimiento que resultados: cedió la victoria a Kawiatkowski y el «polka jersey» a Pogacar.

Sin embargo la actitud de La Loze, delante hasta muy al final, eso es lo que seguro persistirá en el futuro para corroborar que este Tour 2020 ha sido un revolcón en nombres y perspectivas, en manos de estos está lo que ha de venir.

Imagen: ©Tim De Waele / Getty Images

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Tadej Pogacar

«Lo mejor es que Pogacar tiene margen» Matxin

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Pogacar Matxin JoanSeguidor
Ciclovolta

 

El relato de Matxin de cómo Pogacar ganó el Tour de Francia 2020

En las imágenes posteriores a la crono de La Planche des Belles Filles, las imágenes de Matxin zarandeando, casi acosando, a Tadej Pogacar ponían brillo a un triunfo que no es cualquier cosa, acababa de sentenciar un Tour de Francia.

Así las cosas tenemos a Matxin al otro lado de la línea…

Muy buenas Josean, ¿qué tal se duerme en días como estos?

«Con este cansancio, muy bien, tampoco soy de darle muchas vueltas a las cosas en la cama»

¿Qué tal es Pogacar para Matxin en lo personal?

«Un tipo muy normal, educado, que sabe escuchar y entender lo que necesita el equipo«

¿Y en lo profesional?

«Excelente, aunque tiene cosas de la edad. A veces no es tan estricto con la comida como lo son otros, y nos choca. Entiéndeme, come sus hidratos y todo lo necesario, pero a partir de ahí, igual caen unos Doritos o unas chips, cosas que son un capricho pero para nada un desmán en la preparación»

Una de las cosas que nos llamó la atención es cuando ganó Algarve el año pasado con esos mofletes…

«Es que tiene margen, también en este sentido. En esa carrera que dices no estaba definido y mira lo que hizo. Yo le conozco desde febrero de 2017 y entonces era una persona de constitución normal. Sus piernas eran normales, de hecho en un masaje de este Tour, le vi por primera vez una vena aflorar»

 

¿Puede Matxin decir que Pogacar vino con idea de ganar el Tour desde el principio?

«Eso nadie lo puede decir, al menos de inicio, a sabiendas que no eres el único que compite y que hay rivales muy duros. Hay que ser realista, progresar siempre recordando quién es tu rival»

Visto ahora, la etapa en la que perdió tiempo Pogacar hasta os benefició viendo lo mermado que estuvo el UAE

«No hay que olvidar que perder tiempo nunca es bueno, pero fue un incentivo. Tadej es muy de mi estilo, le gusta atacar y dejarse ver. Sabíamos que podía remontar, mira la Vuelta que hizo el año pasado en la que nunca dejó de explorar sus límites»

¿Por qué se cortó ese día?

«Pinchó un par de kilómetros antes, cuando la caída de Mohoric y Bilbao. Llegó al grupo cuando el corte ya estaba hecho, a partir de ahí ya sabes que corres para perder tiempo, con cuatro o cinco equipos por delante a tope contra ti»

Pirineos, cuando ataca en Peyresourde ¿es con idea de meterse en el podio?

«Desde luego que sí, pero la estrategia no nos salió bien del todo, pues Formolo debía pillar escapada, esperarle y tirar con él hasta meta. Se llevó cuarenta segundos, pero podían haber sido más, aunque también al revés, si los demás ven que Formolo está ahí, quizá no le habrían dejado. No es sencillo»

Roglic ahí pareció correr con el freno de mano o es que no tenía más

«Eso deberías preguntárselo a él»

Ya, pero ¿qué percepción merodeaba vuestro coche?

«Que Roglic intentaba controlarlo todo y mucho, minimizando cualquier riesgo de ceder tiempo. Hemos de pensar que con la crono al final, él también estaba confiado, es un especialista, de haber sabido que se iba a hundir de esa manera, habría sido más agresivo» 

Nos dice Manolo Saiz que «no puedes defender nada sin atacar antes» ¿qué impresión te causa el Tour de Jumbo?

«Han ejercido un control excepcional y lo han logrado. Han sido el mejor equipo del Tour, hay que felicitarles»

Pero no han ganado…

«Ya, visto ahora quizá habría cambiado algunas cosas de la estrategia, pensaron que era suficiente superar al Ineos y luego mimetizar su patrón, se fijaron mucho en ellos. Es que han ganado siete Tours en ocho años. Eso les dio para dominar el Tour de l´ Ain, el Dauphiné… pero el Tour es otra cosa»

Algunos pensamos que tras el Col de la Loze Pogacar no podía optar al Tour…

«Puede ser, pero hay que tener en cuenta que esa etapa para Tadej es la primera de su carrera de esas características, con puertos de 2000 metros y varias horas de ascensión. Roglic fue quince segundos mejor, pero salió vivo»

¿Cómo preparasteis la crono final?

«Dos meses y medio antes fue un grupo del equipo con masajistas, técnicos y mecánicos. No hicimos nada estratosféricamente diferente al resto, pero lo controlamos absolutamente todo»

DT Swiss: la rueda mejora la experiencia sobre la bicicleta

¿Como qué?

«Desde los vatios a mover, a la actitud, cada curva y los desarrollos. Ensayamos el cambio de bicicleta, la primera llevaba un 58 y las bielas más aerodinámicas del mercado, la segunda las más ligeras y un plato único…»

Eso es ir muy convencido para el amarillo…

«No podemos ocultar que era un objetivo que veíamos realizable, esa era la idea ganar: pero no dependía sólo de nosotros, había otras cuestiones, Pogacar debía tener una superprestación y Roglic no estar en su mejor día«

Se dio todo…

«Ya lo viste»

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Ahora viene lo difícil… mantenerse

«Los ciclos no son eternos, eso está claro. Tenemos el ejemplo de Bernal, el año pasado todos hablaban de su época y su dominio y mira cómo le ha ido este Tour»

A parte de Pogacar, quiero leer un par de comentarios de Matxin sobre dos nombres, el primero es Fabio Aru

«Sabíamos que no estaba en los parámetros de ganador del Tour, pero sí en los mejores números de los últimos tres años. No fue grato verle retirarse, lo tengo que decir así pues debo defender al grupo y no permitir que la individualidad pase por encima del resto. Necesitábamos a Fabio Aru en el equipo, es sencillo, y lo que habíamos apreciado de él no era malo, al contrario, mira lo competitivo que estuvo en Ventoux y Ain»

El otro es David de la Cruz

«Chapeau, olé sus huevos. Es su mejor versión de siempre, y mira que hace tiempo que lo conozco. Aguantó los peores días en el grupo de velocistas con su fisura de sacro, y estuvo hasta el final con nosotros, haciendo una gran carrera junto a Pogacar. Llegó a aguantar en el top 6 del Col de la Loze»

Ahora que Matxin gana el Tour con Pogacar, vuelven a aflorar los recuerdos a tu pasado con Riccó, Cobo y cia…

«Es mi historia, es lo que he pasado, no puedo obviarlo , pero ahora me debo a UAE. Al final son opiniones y las respeto y cada uno cree tener la razón, en cada opinión. Prefiero dedicar esas energías a gente que me felicita y se alegra, sinceramente»

Imagen: FB UAE Team Emirates

 

 

 

 

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Hoy se cumplen justo 4 años de la muerte de #michelescarponi ❤️💫

Mi más sincero recuerdo para un ciclista único, pero para una persona aún mejor. Esa sonrisa, esas bromas, ese plato de 53 dientes que no quitaba ni en el Zoncolan.....😍

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