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El recorrido del Tour: nunca llueve a gusto de todos

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Tour 2020 JoanSeguidor
Tuvalum

A vueltas con el recorrido del Tour, son los corredores quienes lo pueden hacer bueno o malo

Lo cierto, si lo pensamos ahora, cualquier presentación del recorrido del Tour, o de otra grande, es un evento para quedar con amigos y hacer palomitas.

Es increíble lo que genera el mapa de una gran vuelta y cuánto nos gusta darle vueltas.

Recuerdo hace treinta años, cuando esperábamos en «candeletas» el Ciclismo a Fondo previo al Tour o la Vuelta, para indagar el paso de los corredores, los puertos, las posibles trampas, las odiadas llegadas al sprint… como si fueran etapas que no computaran.

Hoy, el organizador del Tour sabe que con su recorrido va abrir heridas en la gente, generar susceptibilidades entre territorios y contentar o mosquear a los ciclistas.

 

Sobre la presentación del recorrido del Tour este domingo por la noche, en prime time, ya dimos nuestra opinión: es mejor que el de otros años, bastante además, aunque como todo en la vida, mejorable.

Se ha cumplido con una demanda generalizada con las contrarrelojes, a la de treinta del final, le han sumado otra de más de veinte, y sin repechos imposibles ni nada parecido, un ejercicio de precisión suiza entre los grandes especialistas del mundo.

Por otro lado, se lamenta la omisión de grandes puertos y que las jornadas de montaña sean cortas.

Como dijimos es mejorable, sí, pero es lo que hay, es una vuelta a la tradición, aún a mitad de camino, pero vuelta, una admisión por parte de los organizadores que lo de estos años ha sido en un 90% infumable.

Ediciones del Tour cuyo recorrido ha sido más bonito en la disputa de etapas que en la pugna por la general.

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Dicho todo esto, cuando nos empachamos de recorridos, de posibilidades, de variantes que se pueden realizar, omitimos el lado humano de la carrera: los ciclistas.

Y es que, señores, podemos estar aquí debatiendo de lo humano y divino de Tignes, Tourmalet o Portet, que si los ciclistas neutralizan la cosa, poco o nada veremos.

Y ese es el problema del Tour, una carrera en la que todos llegan tan bien y con tanto que ganar y perder que el bloqueo se impone.

Llevamos años de Galibier, Izoard, Tourmalet y Aubisque subidos a trenes imposibles de descarrilar, dando una imagen tan engañosa de la realidad que algún incauto ha dicho, con sus santos huevos, que un cicloturista podría ir ahí metido y aguantar a los pros.

 

La gente se queja de ocho posibles llegadas al sprint en el recorrido del Tour, del kilometraje de las grandes etapas de montaña, del llano que precede a la traca final de las jornadas pirenaicas… pero no piensa que, por ejemplo, parte de las mejores etapas de los tiempos recientes se han producido en parajes como la Bretaña, punto de partida de esta edición, donde el viento y los cambios de sentido son perfectos para destrozar pelotones y abrir distancias siderales.

La gente se olvida que la liebre salta en el lugar menos pensado, y que la organización puede meter más de 5000 metros en una etapa que si Jumbo pone sus galgos mirad lo que pasó en el Col de la Loze, hasta muy al final todos juntos y diferencias limitadas.

Al menos tenemos la seguridad que la primera crono abrirá primeras brechas y a la segunda  habrá que llegar con deberes hechos.

Valoremos ese avance, como algo positivo, por que lo es, y esperemos que los corredores den luz a un recorrido que como todos está en manos de ellos.

Ciclo21
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