Tom Dumoulin
Tom Dumoulin en retirada: tres momentos para quererlo
Qué pronto nos ha llegado la retirada de Tom Dumoulin
Las no por esperadas no lamentas oírlas o leerlas, por eso la retirada con efecto inmediato que anuncia Tom Dumoulin no es una buena noticia.
Algo cambió aquella tarde en el neerlandés se cayó en el Giro 19, entrando en meta con la rodilla sangrando y la moral por los suelos.
De aquella ya no volvió a ser lo mismo.
El ciclista que le plantó cara a los Sky en el Tour de Geraint, que dudó en salir a por Froome en la Finestre, y aún se debe estar arrepintiendo.
Con la retirada de Tom Dumoulin, ya sé que lo digo muchas veces, el ciclismo pierde.
Pierde un competidor excelso, en todos los sentidos, tanto en los terrenos que le son hostiles, como en los favorables, pero no sólo eso, pierde elegancia, eficacia, clase y buenas maneras.
Tom Dumoulin es, como Fabio Aru, la esencia del ciclismo de la pasada década, que la tenemos aquí, a tocar, pero que parece muy lejos, con todo lo que ha pasado en estos dos años y medio.
Hay una imagen de Tom Dumoulin que me viene a la mente el día de su retirada.
Fue en el mundial de Innsbruck, persiguiendo al grupo de Valverde, en la subida final, casi haciendo eses.
Un tipo hecho para rodar y rodar, volar por grandes planos y eternas rectas, batiéndose con ciclistas cien veces más ligeros que él en cuestas imposibles, de esas que no queremos en la salida del garaje del coche.
Porque Tom Dumoulin rodó y compitió con lo que hubo, un ciclismo muy complicado para gente como él, pero el que había y se imponía.
Ay, si Tom hubiera vivido el ciclismo de hace veinte años.
En todo caso, hay tres instantes que, para mí, definen al corredor.
Vamos por ellos…
El primero, el día que aprendí a apreciar su calidad y valentía, cuando le disputó y le ganó el entonces Eneco Tour a Tim Wellens, otro de su generación al que le cuesta encontrar su sitio.
El duelo que ambos mantuvieron al fresquito de un agosto en las Ardenas fue antológico y bonito recuerdo de una carrera que, por desgracia, dejó de celebrarse.
La otra, la estampa de Tom Dumoulin es la de las cronos, da igual cuál escojáis.
Era la perfección sobre la máquina, qué manera de rodar acoplado, casi uno con la máquina.
Entre muchas, aquella de Burgos en la Vuelta 2015 que le ganara Fabio Aru en la Sierra Madrileña.
Esa fue una, hay unas cuantas más.
Y la imagen final, la del Giro que gana, haciéndolo en grandes colosos, hasta con problemas gástricos en el pie del Umbrailpass, ante escaladores como Nairo Quintana y Vincenzo Nibali.
Tom paró las ofensivas a base de defenderse como gato panza arriba, pero defendiéndose con honor y éxito.
Mucha suerte en lo sucesivo, Tom, una pena que esa historia que te colmó en Tokio 2022 y su crono no tenga continuidad, pero en nuestro recuerdo quedas como uno de los mejores que hemos tenido la suerte de disfrutar.




