Ciclismo
Tim Rex, detrás de los vatios hay caras rotas
Cuando Tim Rex se apartó de tirar por Vingegaard todos empatizamos con él
El ciclismo moderno mide la gloria en vatios/kilo, pero la realidad oculta tras los datos suele escribirse con gestos de puro sufrimiento.
La decimocuarta etapa del Giro de Italia, final en Pila, ha dejado una de esas estampas que definen el funcionamiento interno de una estructura profesional.
Mientras Jonas Vingegaard cruzaba la línea de meta exhibiendo un control absoluto y enfundándose la maglia rosa, la trastienda de su éxito se reflejaba en el rostro desfigurado por el dolor de su compañero Tim Rex.
El joven gregario belga personificó el sacrificio extremo que exige el ciclismo de máximo nivel, rodando al límite para mantener controlada una peligrosa escapada de veinte corredores y asfixiar el ritmo de la carrera desde lejos.
El bloque del Visma ejecutó una estrategia milimétrica para desbancar al líder Afonso Eulálio.
En una jornada corta pero brutal de 133 kilómetros y más de 4.000 metros de desnivel, la escuadra neerlandesa esta vez sí asumió el peso del pelotón sin titubeos.
Fue en ese escenario donde emergió la figura de Tim Rex, cuyo esfuerzo sosteniendo ritmos extenuantes limó las opciones de los fugados mucho antes de lo previsto.

Tras el relevo de Rex, corredores como Bart Lemmen, Sepp Kuss y Davide Piganzoli continuaron el asedio, preparando el terreno idóneo para el ataque definitivo.
Pocas veces hemos visto semejante cara de sufrimiento, pero Tim Rex recordó que los números los mueven personas, nadie más.
Una apreciación que viene al caso por lo que le oímos creo que a Contador tras la etapa, cuando habló de Visma con un equipo de videojuego controlado desde el sofá, y no por mal, y sí porque el ciclismo mantiene y mantendrá, por suerte, el sello humano, por muchas interferencias que se le apliquen con tal de mejorar los rendimientos





