Ciclismo
Alta, que no altísima, montaña en la semana final del Giro
Echamos de menos los clásicos y eso en el Giro es altitud
El Giro de Italia se adentra en su territorio más hostil con una tercera semana que otra vez viene cargada de dureza, siendo la última oportunidad para alterar un orden que muchos ya dan por sentado.
Tras quince días de competición, la carrera llega a su bloque definitivo marcado por la alta montaña septentrional, un escenario propicio para el hundimiento o la consagración definitiva, donde los desfases de tiempo acumulados obligan a propuestas valientes y desesperadas.
La situación en la clasificación general sitúa a Jonas Vingegaard en una posición de control aparente tras vestirse de rosa en Pila, consolidando una ventaja de casi dos minutos y medio sobre Afonso Eulálio.
Sin embargo, el ciclismo de tres semanas castiga la complacencia, y el bloque de etapas que resta por disputarse no permite especulaciones sencillas.
Por detrás del dúo de cabeza, hombres como Felix Gall, Thymen Arensman, Giulio Pellizzari, Jai Hindley o Ben O’Connor apuntan al podio que ahora tiene el luzo, en un terreno donde las fuerzas suelen flaquear de manera repentina.
Antes de entrar en el relato de lo que falta, hablaré de lo que no estará.
Hasta la fecha el Giro no ha resultado entretenido, con disputas de etapa memorables, no necesariamente las más duras, hablo de la victoria de Arrieta o el desenlace de Milán.
Sin embargo, los que ya tenemos cierta edad echamos de menos los clásicos y eso en el Giro es altitud -Stelvio, Gavia… – y por ende, peligro de recorte o suspensión.
El menú final arrancaentre Bellinzona y Carì, un reinicio en suelo suizo que propone un final en alto sin preámbulos, ideal para calibrar cómo ha sentado el parón a las piernas de los favoritos.
A partir de ahí, el trazado regresa a Italia para encadenar jornadas extenuantes: los doscientos dos kilómetros camino de Andalo, el paso por Fai della Paganella rumbo a Pieve di Soligo, y la posterior incursión en los Dolomitas con el trayecto entre Feltre y Alleghe.
La traca final de montaña quedará vista para sentencia en la vigésima jornada, un parcial de doscientos kilómetros con la llegada a Piancavallo que conmemora los cincuenta años del terremoto de Friuli, dejando únicamente el trámite final del circuito urbano en Roma para coronar al vencedor definitivo.
La fatiga acumulada tras quince días de competición, sumada a la dureza de los encadenados montañosos del norte, convierte esta fase en un ejercicio de resistencia extrema más que de pura estrategia.
Con diferencias consolidadas pero un terreno lo suficientemente quebrado como para propiciar emboscadas, la tercera semana del Giro se presenta bajo la premisa del todo o nada para quienes pretenden discutir las plazas del podio, pues a Vingegaard sólo lo echaría una hecatombe.
Imagen: FB Giro d´Italia






