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Ciclismo antiguo

¿Por qué es injusto llamar «eterno segundón» a Raymond Poulidor?

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DT – 2022 post

Que la palabra «segundón» acompañe a Raymond Poulidor es una gran injusticia

Con Mathieu Van der Poel saboreando sus horas en amarillo, el mismo color que Raymond Poulidor una pudo lucir en su querido Tour, queríamos acordarnos porqué llamar «eterno segundón» a la leyenda de Limoges es algo muy injusto.

A la parte estadística, que luego describiremos, queremos acordarnos de la figura de Raymond en Francia.

Recuerdo a Jaume Mir decirme «si Raymond Poulidor fuera por una acera, y Jacques Anquetil por la contraria, no lo dudes se irían todos a la primera«.

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En efecto, no hubo ciclista en Francia como Poupou, nadie que llenara los corazones como él, nadie que representara la Francia rural que emergió de las cenizas de la Segunda Guerra Mundial.

Ahí Raymond Poulidor no era un segundón, era Dios.  

Cuando murió hace año y medio largo, leímos no pocos titulares sobre su  muerte y ese adjetivo de forma perenne, el «eterno segundón», una cuña que puede parecer atrayente pero que creo que no le hace justicia.

Sólo mirar el palmarés de Raymond Poulidor nos da la medida de que éste no era el «eterno segundón».

Por ello recuperamos esta pieza de nuestro querido Gerardo Fuster, el hombre que esbozaba una sonrisa cuando hablaba de ciclismo…

Este post está firmado en enero de 2016 y lo traemos al presente por que justifica plenamente nuestra percepción de que llamar segundón a Poulidor es una completa injusticia:

Cavilando entre las muchas historias que ha vivido el Tour en su pasado que no nos ha de volver, no podemos por menos que escribir algo concerniente  a este ciclista de otros tiempos llamado Raymond Poulidor, al que se le denominó popularmente como “El eterno segundón”, apelativo de la que se hizo justo acreedor a raíz de sus actuaciones precisamente en el Tour de Francia, prueba en la que participó en nada menos catorce ocasiones.

Logró concluir en todas las ediciones en las que concurrió salvo en dos en las que se vio obligado a abandonar por sufrir sendos accidentes, concretados en los años 1968 y 1973.

No dejó de ser un hecho singular el de que este bravo ciclista que alcanzó una gran popularidad en su país, en su Francia, se vio ante la imposibilidad de saborear la satisfacción de ganar siquiera un Tour de Francia.

Coincidentes en su camino se interpusieron muy particularmente su compatriota Jacques Anquetil y el belga Eddy Merckx.

Los dos, nadie lo ignora,  fueron dos figuras indiscutibles del ciclismo de aquel entonces. Por cinco veces cada uno, fiel demostración, se adjudicaron la ronda gala.

Otra circunstancia que choca en esta exposición que realizamos es que Poulidor, al que llamaban familiarmente con el sobrenombre de “Pou Pou, cuando las multitudes le vitoreaban en el lugar que fuera, ni siquiera tuvo la  compensación siquiera de poder lucir la camiseta amarilla de líder, aunque hubiera sido por una sola jornada. No en vano había concurrido, repetimos, catorce veces en tan prestigiosa prueba sin lograr vestir la casaca de oro.

Lo fundamental es constatar que Poulidor, oriundo de una pequeña aldea agrícola que cuenta con un poco más de 400 habitantes, denominada Masbaraud-Mérignat, emplazada en el departamento de Creuse, en la zona de Limousin, centrosur de Francia, unos confines familiares que bien conocemos, logró pisar podio, ocupando el segundo lugar, en los Tours de 1964, 1965 y 1974, y ser tercero en 1962, 1966, 1969, 1972 y 1976, un balance realmente significativo que marca un hito honorable en la historia del Tour.  Nos señala, eso sí, una voluntariosa constancia digna de elogio y hasta de admiración. Es una faceta  a tener en cuenta. Anotamos como inciso una prolongada vida dándole a los pedales. Hemos contabilizado dieciocho temporadas; y sin mucha suerte que digamos.

Nos viene a la memoria cuando en el Tour de 1962, el primero en el cual participó y que se adjudicó Jacques Anquetil, cuando logró ser el tercero absoluto a pesar de haber sufrido una seria lesión por caída en una mano, que le obligó a cubrir la mayoría de etapas con el dedo escayolado.

Otro hecho llamativo fue que al cabo de dos años, en 1964, perdía el Tour por el escaso margen de 55 segundos con respecto al mismo Jacques Anquetil, su antagonista y a la vez tormento. Otro dato a tener en cuenta fue el último Tour en el que se alineó, en 1976, con victoria absoluta del belga Lucien Van Impe.

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Poulidor había cumplido los 40 años, edad, pues, longeva. Aún tuvo arrestos para clasificarse en  un valioso tercer lugar en París, una gesta gloriosa alcanzada en vigilias de de retirarse definitivamente del deporte activo.

Raymond Poulidor no ha sido únicamente un corredor destacado y dedicado a competir  en carreras de largo kilometraje por etapas, sino que también ha dado muestras de su capacidad combativa con la suma de sugestivos triunfos, incluso en competiciones de un solo día. De manera sucinta enumeramos a continuación sus victorias más destacadas al margen de lo que hizo en el Tour de Francia, que ya acabamos de señalar.

Veamos:

-Burdeos-Saintes (1960)

-Campeón de Francia carretera (1961)

-Milán-San Remo (1961)

-Mont Faron (1962)

-Flecha Valona (1963)

-Gran Premio de las Naciones-contrarreloj (1963)

-Gran Premio de Lugano-contrarreloj (1963)

-Vuelta a España (1964)

-Critérium Nacional de Ruta (1964, 1966, 1968,1971 y 1972)

-Escalada a Montjuïc (1965,1967 y 1968)

-Subida a Arrate (1966 y 1968)

-Critérium Dauphiné Libéré (1966 y 1969)

-Setmana Catalana (1971)

-París-Niza (1972 y 1973)

-Gran Premio Midi-Libre (1973)

¿Qué nos manifestó Raymond Poulidor?

Como colofón final a lo escrito quisiera destacar un suceso que tocó su faceta humana y que pudimos vivir muy en directo en virtud de mi labor  periodística  desarrollada en el Tour de Francia del año 1968. Aconteció en el curso de un accidente sufrido en la etapa Font Romeu-Albi, a raíz de una aparatosa caída con la consiguiente fractura de nariz.

Sus adversarios más directos aprovecharon este contratiempo para atacarle sin reparos.

Una vez llegado a la meta, con la faz desfigurada y cubierta de sangre, exclamó Poulidor con verdadero pesar y desasosiego:

“Yo jamás comprenderé como ante un accidente de esta índole, que nadie desea para sí, haya sido una sin razón al atacarme sin piedad y sin perdón. No me cabe en la cabeza lo que supone el arremeter contra un hombre herido y maltrecho”

Poulidor, aunque resistió lo que pudo, se vio obligado a dejar la carrera; de abandonar muy a pesar suyo.

Nosotros recordábamos con crecido sentimiento aquella frase doliente que salió espontáneamente de sus labios, frase que hemos querido reproducir en estas columnas con evidente pesar y crecida nostalgia. No se nos pasó por alto y ahí su fiel reproducción.

Entre los innumerables pensamientos ciclistas, muchos en danza,   conservaba esta frase viva en un rincón de mi cerebro.

De ahí, un poco por carambola, que me haya extendido en este reportaje al exponer a la luz lo que significó la trayectoria de este corredor llamado Raymond Poulidor, tan admirado por los miles y miles de aficionados franceses, y, por otros,  oriundos de varios otros países.

Fue popular, y todavía lo es en la época actual de retiro.

Ahora, en algunas etapas del Tour, lo vemos en las pantallas de la televisión, entremezclado  entre los seguidores de prestigio que tienen la oportunidad de acercarse al Tour.

“Pou-Pou” suele vestir una camisa de tonalidad amarilla, aquel color que nunca le fue propicio en sus años mozos como ciclista y más concretamente en la ronda francesa.

De Poulidor podemos decir que ha sido siempre solícito y educado en el curso de nuestros encuentros y de nuestras conversaciones.

Tiene un espíritu abierto y no esconde su juego ante las frases que se le formulan.  Es de espíritu más bien locuaz. Aunque pasen las fechas del calendario siempre es solícito en contestar sin olvidarse de ciertos detalles acerca de la persona que le pregunta.

Es todo un signo que nos valora su persona y su  amistad. Es algo que no se nos olvida de él; de este protagonista de hoy plasmado en las páginas de “El Cuaderno de Joan Seguidor”.

* Sobre la imagen: Los tres primeros clasificados en el Tour del año 1974.

En el centro figura el belga Eddy Merckx, que lograba su quinta victoria en la ronda gala.

A la izquierda del documento, está el francés Raymond Poulidor, el segundo clasificado, y en el margen derecho, el español Vicente López Carril, con un meritorio tercer lugar, que bien recordamos.

Documento gráfico editado por la antigua publicación “Miroir du Tour 1974”.

Por  Gerardo  Fuster 

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3 Comentarios

3 Comments

  1. Uno de Banyoles

    22 de enero, 2016 En 18:15

    Gerardo Fuster nos relata una vivencia ciclista personal de muchos quilates en su excelente, emotivo y nostálgico artículo «La derrota hizo grande a Poulidor». D. Gerardo conserva viva en un rincón de su cerebro la frase que hace de «Pou-Pou» un entrañable ciclista, una gran persona convertida ya en leyenda. Muchas gracias, D.Gerardo.

  2. Fernando García Amorena

    22 de enero, 2016 En 18:40

    Poulidor fué uno de mis referentes en mis años mozos del pedal.
    Siento una gran admiración por él como ciclista y como persona. Por ello estoy encantado de unirme a este pequeño homenaje que le dedica joanseguidor.
    Gerardo, ha sido emocionante.
    Gracias y un saludo
    Fernando

  3. Gerard

    23 de enero, 2016 En 16:33

    Interesante relato sobre este eterno segundón. Me ha llamado la atención que sebretirara a la avanzada edad de los 41, hecho significativo en la historia del ciclismo, lo cual habla sin palabras de su férrea tenacidad

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Ciclismo antiguo

Il Lombardía y el ciclismo auténtico

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DT – 2022 post

Todo buen ciclista italiano siempre mira a Il Lombardia

Muchos italianos pululaban por las salidas de la Vuelta a España, inquietos, afinando la forma, cuidando la figura. Están concentrados al 110%. “¿Vais al mundial” les dices. “Sí, al mundial, y a Il Lombardia”.

Es su monumento, el monumento, ese que algunos ven ahí, en octubre, lejos de los otros cuatro, pero que es un canto al ciclismo imperecedero.

Es el camino que nunca cesa, el círculo que nunca acaba. Lombardía a través de los tiempos, el ciclismo que muda, entre villas e iglesias románicas, lagos y enmohecidos bosques que desnudan su belleza cobriza, el ciclismo centenario, que bebió de la “belle époque”, Gino y Fausto, pero de los que vinieron después.

Porque si el ciclismo es eterno en algún sitio, pensad en Italia.

Il Lombardía es la meta desde hace 117 años.

Dios creó la bicicleta para que el hombre la utilizara como en el instrumento de esfuerzo en la dura carretera de la vida” reza el busto de Fausto Coppi, en en Ghisallo, la ermita de los ciclistas desde donde se atisban las lomas que anidan el lago de Como.

Como toda grande que se precie, Il Lombardía nació para el relato de la prensa.

Era el titular de la época, el que gustaba y duplicaba tiradas.

La Gazzetta dello Sport sacó de cero la carrera. Era otoño, otoño de 1905, la Italia del norte, la que conectaba con la Europa que vivía en la efervescencia de miles de cambios que la acechaban.

 

Todo fue cosa de Desgrande italiano, Armando Cougnet, que inaugurando su nuevo semanario “Gli Sport”. “No hay tiempo que perder, necesitamos ideas y pasión a raudales, debemos atacar primero, tomar posiciones”.

Así era la prensa de principios de siglo XX, una lucha sin cuartel y pensaron en Lombardía. Estudiaron rutas con el Touring Club, pasaron dos años, madurando y meditando la propuesta, hasta que fueron a la Gazzetta y ésta echó el resto.

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Titulares lustrosos y grandes sobre fondo rosa: “Un critérium de otoño”.

Pensaron en noviembre, y un mes antes lo anunciaron, querían probar a los corredores en medio del incipiente invierno. 53 probaron las “delicias” del trazado, saliendo del sur de Milán, de enfrente de una trattoria, de nombre Boschetto in Rogoredo, a las seis de la mañana de un doce de noviembre.

Un tal Romolo Buni dio la salida ondeando la tricolor.

Buni era prehistoria itálica, estrella de la pista, se había medido contra el caballo de Buffalo Bill.

E Il Lombardía creció, y vivió la época dorada, que arrancó Alfredo Binda, el corredor cuya ausencia en el Giro estaba remunerada para dar opciones a los rivales, que siguió la estela de Constance Girardengo y que vio el florecimiento de un toscano que leyó Dante y comprendió a Miguel Ángel, Gino Bartali, quien antecedió a Fausto Coppi, la leyenda que atravesó generaciones y corazones.

Coppi ganó su quinto Lombardía en 1954, lo pudo hacer a los años, pero lo evitó Darrigade. Luego no hubo grande italiano que no escribiera su nombre en Il Lombardia: Bitossi, el ciclista del corazón loco, Gimondi, Moser, Saronni, Baroncheli, Bartoli, Cunego, Bettini y Nibali como síntoma de que aquí, el alma de ciclismo italiano que sobrevive a los tiempos como el garante de la tradición auténtica.

Imágenes: FB de Il Lombardia

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Recuerdos del Txente García ciclista

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DT – 2022 post

Txente García, hoy popular director, fue un ciclista muy interesante

Han pasado once años desde el adiós del ciclismo pro de José Vicente García Acosta, también Chente o Txente, como prefiráis.

Lo hizo semanas después del final de Carlos Sastre, quien se evitó el trago de presenciar cómo un sponsor se esfumaba de un día para otro.

Hoy Txente García Acosta es uno de los directores más populares del World Tour, especialmente en este lado de los Pirineos, con sus sonadas participaciones en los documentales del Movistar, actuaciones que, ya lo dije, caen simpáticas en apariencia, pero que reflejan los tics del equipo, en esencia.

Con entonces 39 años, Txente era uno de los pocos testimonios en activo que convivió con Induráin en la pomada.

Hoy en esa tesitura está sólo Davide Rebellin… 

Poco a poco se iban yendo los elementos que surgieron de aquella fabulosa época, expresando un adiós que nos dejaba ante la incertidumbre del futuro y eso que el tridente Purito-Valverde-Contador entraba en una fase de gran productividad.

Txente fue un tipo con suerte, lo sigue siendo hoy

Estuvo toda su vida deportiva, diecisiete añitos de pro, nada menos, siempre en la misma estructura, por mucho que ésta permutara su nombre ante las necesidades del patrocinio: Banesto- Illes Balears- Caisse d´ Epargne- Movistar.

Navarro, bonachón, buen ciclista,… tenía todos los números para culminar el tipo de carrera que ha desarrollado.

Siempre fiel al tándem Echávarri & Unzue, emprendió una trayectoria sin estridencias, abonado a la labor de equipo, con contadas perlas en su bagaje personal y ajeno a los muchos problemas que el pelotón español iba acumulando, desde que en 1995 diera el salto a profesionalismo.

Recuerdo la edición del Tour 1998, aquella que acabó con todos los equipos españoles ajenos a la contienda días antes de arribar a París.

Aquella fue una carrera sin victorias españolas.

Txente fue quien más cerca anduvo de ella, pero Danielle Nardello evitó su éxito, en un sprint in extremis que me dejó un mal sabor de boca enorme, pues aquel día Txente fue el más fuerte de la fuga.

Tomó revancha un año después, ganando una jornada antológica en el Macizo Central, con el plus de que aquel era el día nacional de “la France”.

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Ese regusto borró la sinergia negativa de un año antes.

Con el tiempo añadió dos etapas de la Vuelta a su escueto palmarés, que pudo ser un poquito más amplio en el caso de la grande española de no haber mediado aquella increíble jornada con meta en Ciudad Rodrigo, en el año 2000, cuando sus divergencias con Roberto Laiseka cerca del culmen, dieron aire a Vinokourov por detrás.

Esos años, quien más quien menos, soñábamos con aquel armario pamplonés liderando camino de Roubaix.

Pero eso no iba con el equipo y sus mentores.

Txente García Acosta se acopló al perfil de ciclista que querían en la casa,

De hecho Juan Antonio Flecha se había ido, años antes, al Fassa en busca de los estímulos que Banesto no le ofrecía.

Una doctrina que, en mi opinión, adormiló el potencial de Txente en el pavés, para la que muchos pensábamos que había nacido.

Sereno, dotado, fuerte, corpulento, forjado,… son algunos de los adjetivos que grandes del infierno del norte culminaron con el éxito final en el velódromo.

Como Txente coincidieron otros como Tchimil, Duclos Lasalle, Madiot, Tafi,…  que escribieron su fortuna en base a los mismos argumentos que siempre movieron al navarro.

Sin embargo éste nunca optó por ese camino de recompensa personal.

Nos quedará el beneficio de la duda en este tema, en el resto, haber sido leal a los mentores del equipo le ha resultado, como bien vemos.

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Este sábado, una maravilla llamada Giro dell´ Emilia

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DT – 2022 post

Aunque no esté en el WT, en el Giro Emilia siempre hay mucho prestigio en juego

Este sábado, una semana después del mundial, viene el Giro dell´ Emilia, una de esas joyas que pervive en el tiempo y sobre los tiempos.

Todo en Bolonia, donde no hay momento que no suceda bajo una arcada.

Una ciudad bajo arcos, de espacios interiores, ajenos a la intemperie.

Un urbanismo paralelo, íntimo, a veces oscuro, testigo de negros eventos y peores presagios.

El Giro dell´ Emilia no es ajeno a esa estampa: Allí donde la ciudad pierde su nombre, trepa un tentáculo de ese pulpo callejero en forma de arcada, desde Porta Saragozza, no lejos de San Petronio y los grandes templos de la gastronomía boloñesa.

Una arcada que al principio es llana, paralela a la vía y que, en el espectacular Arco del Meloncello, corre montaña arriba para concluir en San Luca, iglesia que por fuera promete una belleza que no se corresponde con el interior.

De entre los lugares que el ciclismo marca en la geografía, éste de San Luca no es el más conocido, pero aquí siempre lo hemos tenido como un sitio especial, muy especial.

Porque en pocos sitios el ciclismo entra en comunión con el entorno como aquí, con la carrera, los ciclistas subiendo paralelos a una arcada barroca que cobija peregrinos desde el siglo XVII hacia las entrañas de la basílica de arriba.

Una basílica que es un teatro, el escenario de una de esas carreras que perviven, a pesar de los tiempos del ciclismo superprofesionalizado.

Hablamos del Giro dell´ Emilia.

Recuerdo una vez que escribimos de ellos, y cómo desde un humilde despacho boloñés consiguen sacar adelante una competición que es un oro, un asidero a donde agarrarse porque todo es pequeño, cercando y amigable, como era el ciclismo que movía masas en la belle époque.

El pasillo hacia San Luca tiene, desde abajo, desde el tramo llano, 666 arcos, la cifra de la bestia, y acoge llegadas del Giro della Emilia desde hace unos años, los suficientes para ver ganar a Jan Ullrich, Gilberto Simoni, Michael Boogerd, Nairo Quintana y Esteban Chaves.

San Luca también ha visto el Giro de Italia, con triunfos de Moreno Argentin y Simon Gerrans.

El último de Primoz Roglic hace tres años, siendo el primer líder del Giro de Carapaz.

El esloveno es además el vigente ganador de la clásica.

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El Giro dell´ Emilia nació en 1909, es una carrera más que centenaria con Constante Girardengo en lo más alto.

Cinco triunfos le avalan.

En el lugar, antes que los citados, ganaron Moser, Coppi, Bartali, Motta, Leoni… hasta Eddy Merckx no ganó un internacional, y eso fue en 1972

Italia es esto, el sitio que se creó para que el ciclismo fuera más bello, el envoltorio perfecto para que este deporte encuentre donde hacerse grande, pero también cercano, un país que sigue presentando un calendario de final de temporada riquísimo, denso y variado, con un muestrario de carreras que ha sobrevivido a los tiempos de la crisis, que por esos lares fue también cruda.

Y todo porque al final del camino hay un monumento, está Lombardía con sus pocas hojas muertas.

Imagen: FB Giro dell´ Emilia 

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Criquielion en la llegada más dramática de un mundial

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El Mundial de Renaix coronó a Fondriest pero condenó a Criquielion

No he hablado mucho en este mal anillado cuaderno de Claude Criquielion, uno de los primeros apellidos que me suenan en mi infancia ciclista, ni siquiera había recordado ese mundial que un día perdió ante los suyos, en los confines de Flandes, en el límite con Valonia, en las calles que le vieron crecer.

Pero así fue, Claude perdió la opción de renovar el irisado de la forma más cruel y truculenta que uno puede imaginar.

Renaix es el nombre que suele salir en el palmarés de los mundiales, aunque si digo Ronse, quizá os suene más.

Al sur de Oudenaarde, esta ciudad es punto de paso de no pocas carreras de la primavera flamenca, siendo presente del ciclismo, pero también pasado con historias potentes.

A la que protagonizaría el personaje de este artículo, cabría añadirle el polémico sprint mundialista que habían disputado muchos años antes Beheyt y Van Looy, con triunfo para el primero.

Aquello había sido 25 años antes de esta historia que nos lleva al año 1988, el mismo del Tour de Perico, de la etapa del Gavia en el Giro.

Aquella carrera era el típico mundial celebrado en Bélgica, con una expectación fuera de norma y una emoción que iba a más con el paso de cada giro.

En el penúltimo, el pelotón había dado cuenta del ataque de Laurent Fignon, quien no contento con el destrozo hecho, buscó la aventura de nuevo en la vuelta final, hasta que una rampa en el pie le dio la señal de que el físico no le daba para más.

No era el caso de Claude Criquielion.

Motivado por correr en casa, Criqui atizó fuego en la última vuelta, sacando de rueda a todos en el Kruisberg, con excepción hecha de un joven llamado Maurizio Fondriest, italiano de 23 años llamado a cosas grandes, como habríamos de ver.

Por cierto, que ver al trentino hoy en día es un espectáculo, Maurizio creo que está más flaco ahora que en su época de ciclista activo.

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Criqui, campeón años antes en Barcelona, volaba hacia meta con el italiano al son de los «Claudy, Claudy» que chillaban los suyos desde la cuneta.

El ritmo era fuerte, pero no suficiente como para evitar que Steve Bauer, líder aquel año en el Tour justo antes del asalto de Perico, les diera caza a medio kilómetro de meta.

El canadiense se fue cerrando de cara a meta, delante del trío, yéndose hacia su derecha para dejar un pequeño pasillo por el que Criqui quiso pasar sin que hubiera espacio físico.

El belga hacía el afilador, se iba al suelo, Bauer se descentraba y Fondriest tomaba el mando para celebrar su título de campeón.

La desgracia de Criquielion, cruzando a pie la meta de aquel mundial, fue legendaria, formando parte de uno de los episodios más recordados de la historia de la carrera más bonita del año.

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