Ciclismo antiguo
Poulidor, una de las etiquetas más inmerecidas
Raymond Poulidor ha ganado demasiado para ser considerado el rey de los segundones
Hoy hace cuatro años murió Raymond Poulidor
Hace cuatro años por estas fechas estábamos en capilla de nuestro primer viaje a Flandes en un programa que incluía el Centro Sven Nys, un paseo por algunas cotas de De Ronde, los Seis Días de Gante y un ciclocross en Hamme, a medio camino entre Gante y Amberes.
En este último teníamos la ilusión de ver a Mathieu Van der Poel en acción, resplandeciente, con su arcoíris, y la casi seguridad de su triunfo, toda vez que Wout Van Aert -estos días muy ocioso en Colombia- estaba recuperándose de una horrible caída en la crono de aquel Tour.
Finalmente Mathieu acudió a la salida y ganó sin problemas, pero la zozobra sobre su presencia se mantuvo unas horas, por la muerte de su abuelo, Raymond Poulidor.
El nieto, que va camino de leyenda, pudo homenajear a su abuelo en la pista, donde un homenaje sabe mejor y es más sentido.
Esos días recuerdo muchos titulares de sobre el áurea de Poulidor, sobre la etiqueta de “eterno segundón” que se adjudicó, no siempre con justicia.
Ojo lo que firmó el hijo de Limoges en la carretera, el valor de lo logrado y contra quien lo consiguió.
El “eterno segundón” del ciclismo y de otros deportes, pues el término “Poulidor” ha excedido las bicicletas en más de una ocasión, consiguió nada menos que 72 victorias en 18 años de profesional.
Entre la primera, firmada al poco de ser pro, en Carpentras, a faldas el Ventoux, en el Tour Sud-Est, hasta la última, en el Tour du Limousin, pasaron 72 victorias del astro francés.
De ellas algunas de mucho valor, como la Vuelta que le gana a Otaño y Pérez Francés, no muy holgado, la Milán-San Remo y carreras del prestigio de Dauphiné, París-Niza y Criterium Internacional.
El Tour, su gran escenario, se le resistió hasta en portar el amarillo que nunca llevó en carrera, que sí en la caravana publicitaria cuando iba con la firma bancaria que apadrina el maillot jaune.
Sin embargo le cayeron siete etapas y tres segundas plazas (Ullrich le gana en este ranking y Pogacar amenaza con igualarle) pero sobretodo sin su carisma y ni trabajo, el ciclismo y su historia no habrían sido los mismos, protagonizando la imagen más repetida de la historia del ciclismo, la su duelo con Anquetil en el Puy de Dome.
Por todo eso ese cuadro, esa grandeza, no lo pinta un segundón….




