Ciclismo antiguo
Frank Vandenbroucke en 5 esenciales
Genialidad, singularidad y tragedia marcaron la vida de Frank Vandenbroucke
Pocas veces el ciclismo ha tenido un talento como el de Frank Vandenbroucke.
Magnético, elegante, voraz… tanto como inestable, imprevisible y genial.
En esa Vuelta del 99 que tanto recordamos confluyeron dos de los ciclistas que más me macaron desde jovencito, el mentado Vandenbroucke y la bestia parda Jan Ullrich.
Uno con su maillot dorado hasta Madrid, el otro con sus exhibiciones puntuales, qué ciclismo aquel, y qué juguetes rotos dejó, pues de la pasión que levantaban quedaron cenizas de historias mal resueltas.
Si a ellos le añadimos el Chaba, figura clave de esa edición, primer ganador del Angliru, tenemos un cuadro dantesco.
Pero venga, vamos ya a por Frank Vandenbroucke y las cinco cosas de él que nos han traído hasta aquí.
Más precoz que nadie
Año 1995, en Bélgica se habla de un talento sin igual, un afilado valón con antecedentes ciclistas, los Vandenbroucke, de nombre Frank que va como un tiro.
Tiene sólo 19 años y los dos equipos belgas se lo rifan, al punto que en mitad de la primavera deja el Lotto para irse al Mapei, un duelo de estructuras que si os percatáis hoy sigue muy vigente.
Frank Vandenbroucke no había hecho más que aterrizar y ya generaba titulares y encendidas polémicas.
La atención nunca le sería ajena en lo sucesivo.
Polivalente
A los dos años, consigue ganar la París-Niza al mismo Laurent Jalabert.
La perla ya daba resultados con 22 añitos, demostrando una versatilidad desconocida durante mucho tiempo en el ciclismo belga, una polivalencia que quizá sólo había logrado aportar otro valón, Claude Criquielion en los ochenta, pero poco más.
Adoquines, muros, escapadas
En su repertorio no hacía ascos a nada.
1999 su gran año consiguió aunar dos triunfos tan opuestos como la entonces Het Volk, hoy Het Nieuwsblad, y la Lieja-Bastogne Lieja, sin olvidar su plaza de plata en el Tour de Flandes.
Sin embargo esa campaña, si una carrera quedó en la memoria fue la Vuelta a España y los destrozos de Navalmoral, una de las escenas más reproducidas de su carrera, alienado y destrozando el pelotón de los favoritos antes de allanar la cuesta adoquinada que subía hasta Ávila, curiosamente el sitio de su última victoria, varios años antes de retirarse.
Final muy poco feliz
No había cumplido los 35, que Frank fallecía en Senegal tal como vivió, de forma veloz y rápida.
Todas las historias alrededor de sus años en Cofidis, la convivencia con un ciclista como Gaumont, fallecido también y narrador de algunas cosas de época, no le dieron el final que todos deseábamos.
Hoy nos acordamos de su figura en su memorial y a través de su hija.
Una carrera de Frank Vandenbroucke: la Lieja de 1999
Aquella tarde de primavera fue brutal.
Todo empezó ya en La Redoute, con la carrera lanzada hacia Lieja, toda vez se dejó Bastogne a las espaldas. Las Árdenas hervían. Subida recta, arbolada, exigente, el viaducto al fondo. Estampa familiar.
Salta un coco, Michele Bartoli, dorsal uno cosido a la espalda. Es el ganador saliente de dos ediciones memorables, las dos anteriores. A Bartoli se le consideraba favorito cinco estrellas.
Manos en la parte baja del manillar. morro asomando por delante del mismo. Vista baja, horizonte plano. Arrancó una vez y nadie le siguió. ¿Nadie?.
Un obús surge, es VDB, le tomaba la rueda, se le puso en paralelo y empiezó un pulso de vida o muerte, aunque quede una eternidad para meta.
Mano a mano, ninguno cede, ¿quién la tiene más larga?
Fran Vandenbroucke VDB salía vivo y entero, Bartoli, tocado, roto.
Poco después el belga saldría volando solo.





Galego mindoniense
12 de noviembre, 2023 at 20:22
La BESTIA que HUMILLÓ a los Mejores por AMOR a una MODELO.