Ciclismo
Ojo con el hype con Remco Evenepoel
Evenepoel ha arrancado excelso pero la campaña es muy larga
El fenómeno Remco Evenepoel está uuy arriba, un estado de efervescencia que amenaza con desbordar la lógica cada vez que el belga se pone un dorsal.
Es comprensible que su reciente exhibición en Valencia alimente esa narrativa del “tercer hombre”, del aspirante legítimo a romper el binomio que ha tiranizado el ciclismo moderno.
Sin embargo, hemos aprendido que esto es largo y que lo que suceda hoy no condiciona el mañana.
La realidad es tozuda y tiene nombres propios: Tadej Pogačar y Jonas Vingegaard representan un listón que no se supera solo con ambición y una aerodinámica privilegiada.
Pogačar sigue siendo mucho Pogačar, un ciclista total que ha redefinido los límites de la competitividad durante todo el calendario.
Y si alguien ha demostrado capacidad para sostenerle la mirada y, por momentos, doblegarlo, ese es un Vingegaard que maneja los tiempos de la gran vuelta con una precisión quirúrgica.
En Red Bull, Remco parece haber crecido, se le nota más maduro en la gestión de los esfuerzos y menos impulsivo en las declaraciones, pero el crecimiento debe validarse en el cuerpo a cuerpo directo con los capos.
Hasta ahora, el belga ha reinado en escenarios donde él era el sol absoluto, pero el ciclismo de máxima exigencia requiere brillar bajo la sombra de otros gigantes. No se trata de conjeturar sobre su potencial, sino de exigir la prueba del algodón antes de coronarlo.
El calendario, afortunadamente, no tardará en ponernos en nuestro sitio.
La Volta a Catalunya se presenta como el primer examen de peso, un territorio donde deberá lidiar con la solvencia de Vingegaard en puertos que no perdonan un mal día.
Poco después, la Lieja-Bastogne-Lieja -las Árdenas en general- nos ofrecerá el duelo soñado frente a un Pogačar que juega en el jardín de su casa.
Esos son los tests reales, las citas donde la mística del “maillot arcoíris eterno” debe enfrentarse a la cruda realidad de la carretera.
Hasta que esos cruces no se produzcan, cualquier comparación con el nivel actual de los dos grandes dominadores del Tour pertenece más al ámbito del deseo que al de la crónica deportiva rigurosa.
Veremos si la carretera confirma el ascenso o si, por el contrario, la distancia entre el aspirante y los reyes sigue siendo un abismo difícil de salvar.



