Ciclismo
¿Neutralización del GIro en Roma? Espero que no
Cada año el circuito del Giro en Roma nos trae las mismas polémicas
El ciclismo asiste a una peligrosa inversión de papeles donde la excepción se ha convertido en norma.
Lo que antaño se gestionaba como una medida extrema ante situaciones de peligro, hoy se ha transformado en una exigencia recurrente por parte de un pelotón que cuestiona continuamente la seguridad de los trazados.
Esa es la sensación.
Sucedió hace apenas unos días en Milán, donde los ciclistas forzaron una neutralización de los tiempos para la clasificación general argumentando el peligro del mobiliario urbano.
Al final, la carrera demostró que la alarma no era para tanto y que el circuito no encerraba los riesgos apocalípticos que se preveían.
Ahora, ante la inminente llegada a Roma, la organización del Giro de Italia ha plantado cara de forma contundente: se aceptó la petición en Milán, pero no se repetirá en la capital.
El circuito final romano es idéntico al del año pasado, un trazado conocido por todos, y la dirección de la carrera no está dispuesta a que el espectáculo se diluya de nuevo.
En el centro de este debate emerge la figura de Jonas Vingegaard, una voz muy recurrente en estos escenarios de protesta.
El danés, que arrastra la extrema sensibilidad lógica de quien sufrió una durísima caída en la pasada Itzulia, parece liderar una corriente que busca el riesgo cero.
Es comprensible el miedo humano, pero también es obligatorio entender que el riesgo cero en un deporte como el ciclismo es completamente imposible.
Si los corredores continúan bajando al coche del director para condicionar los finales y exigir que las etapas no cuenten para la general, el perjuicio para el espectador será irreversible.
La gente que se desplaza a la bella Roma para presenciar el desenlace de una gran vuelta no para ver a un grupo de ciclistas paseando sin más por las avenidas históricas; quieren ver competición pura.
El ciclista ha adquirido un papel relevante y una capacidad de decisión que históricamente se le había denegado, lo cual es lícito para ciertos avances estructurales, pero el abuso de este poder amenaza con destruir el interés de las carreras.
Si la competición se desactiva cada vez que el asfalto se complica, el propio ciclismo va a salir perdiendo.






