Ciclismo
Giro: ¿Por qué Movistar es un equipo pequeño?
Movistar fue un equipo de generales que no acierta en las etapas
El Giro de Italia vuelve a poner al Movistar Team frente al espejo de una cruda realidad que su propia trayectoria reciente se empeña en confirmar.
No se trata de lanzar una crítica por el mero hecho de hacer sangre, pero la ronda italiana ha certificado una evidencia incómoda: el equipo telefónico se ha convertido en un quiero y no puedo constante.
No pretendo afirmar que estemos ante una estructura pequeña, recurriendo a esa indirecta tan directa que Giulio Ciccone podría dedicarle a Einer Rubio en carrera, pero los resultados y las sensaciones generales los sitúan peligrosamente cerca de esa consideración.
La escuadra se presentó en la salida con la teórica ventaja de contar con Enric Mas en un escenario de perfil más bajo respecto a otras grandes vueltas, una oportunidad propicia para buscar protagonismo en la vanguardia.
Sin embargo, el corredor no ha experimentado la progresión que se esperaba de él.
Cuando decidió cambiar de estrategia y enfocarse decididamente en la disputa de las etapas, se quedó a las puertas del éxito frente a un imbatible Jhonatan Narváez.
Este desenlace demuestra que el arte de la escapada y el instinto asesino en los metros finales no se adquieren por generación espontánea; es una habilidad que se ensaya, se trabaja y se afina con los años.
Mas ha completado 1000 grandes vueltas orientado exclusivamente a la lucha por las clasificaciones generales, una inercia competitiva que inevitablemente te priva del punch y la chispa necesarios para resolver los desenlaces parciales.
Lo que le sucede al ciclista balear es un reflejo de lo que le ocurre a todo el bloque: la actitud ha sido innegable, pero la aptitud real para rematar genera serias dudas.
Movistar ha conseguido filtrar corredores en casi todas las escapadas importantes de la carrera, llegando a meter hasta cuatro ciclistas en cortes selectos.
Einer Rubio emergió como la mejor baza en este terreno, mostrando una notable solidez física en más de una fuga.
Sin embargo, cuando no se cruzaba en su camino la veteranía de Michael Valgren, el protagonismo se diluía en disputas estériles y trifulcas difíciles de comprender, como el enganchón con Ciccone en la etapa reina.
Las polémicas sobre el kilómetro Red Bull o la Cima Coppi son elementos colaterales que desvían la atención del verdadero objetivo final, que no era otro que emular la efectividad de Sepp Kuss, un ciclista centrado en gastar el mínimo esfuerzo imprescindible para terminar alzándose con la victoria de etapa.
Ni quiero saber quién tenia razón en ese pique.
La plantilla manejaba piezas de indudable potencia, como Lorenzo Milesi, pero ni siquiera ese despliegue físico fue suficiente para desequilibrar la balanza a su favor.
Orluis Aular tuvo su opción clara con un remate que terminó en el poste, mientras que Iván García Cortina le prestó el apoyo que pudo, que resultó más bien escaso dentro de la maraña de equipos mejor organizados y con un potencial muy superior en las llegadas masivas.
El análisis se extiende a Juanpe López, a quien le guardo aprecio y el recuerdo entrañable de sus días vestido de rosa en el Giro, pero su nivel medio a lo largo de estas tres semanas ha sido bajo; se le ha visto en fugas donde su labor se limitaba a cerrar huecos y minimizar pérdidas, transmitiendo la sensación constante de que el ritmo de la competición terminaba por sobrepasarle.
De Javi Romo queda poco o nada que comentar, ofreciendo siempre la impresión de estar a punto de explotar de forma definitiva sin que ese momento llegue a materializarse.
El balance final es duro: otra gran vuelta que se cierra sin una sola victoria de etapa, encadenando dos años enteros de sequía en grandes vueltas y sumando diez triunfos en el año actual, de los cuales ninguno pertenece al calendario World Tour.
No se puede asegurar que sea un equipo pequeño, pero la realidad demuestra que están al límite de serlo.







DAVID
31 de mayo, 2026 at 5:56
El tonto una vez más escribiendo artículos basura