Ciclismo
No recuerdo un momento tan dulce como el actual de Pogačar
Es increíble cómo le sonríe tanto todo a Pogačar en un deporte como éste
Son muchas las cosas que se nos vienen a la mente tras la disputa de esta Vuelta a Suiza, una carrera venida a menos, estructurada en cinco etapas cuando llegó a ocupar semanas enteras de competición en el calendario.
Sin embargo, este año ha acabado en manos del mejor ciclista del mundo, el corredor que todos los organizadores quieren tener en su palmarés.
Lo de Tadej Pogačar excede toda palabra y adjetivo.
Su victoria en la etapa final, fraguada con un ataque a más de ocho kilómetros de meta en el que fue rebasando escapados, siendo el último de ellos el carismático Lenny Martinez, nos deja directamente sin matices.
Es un auténtico acaparador que suma más de 120 victorias en siete años y medio de presencia efectiva en el pelotón del World Tour.
Cada año añade un trofeo nuevo a su vitrina, siendo este curso Suiza, como en su día lo fueron Romandía o su gran día en San Remo.
Pero la clave no es solo eso, sino la sensación de que cada año progresa, mientras todos los demás rivales tienen sus picos, valles y formas variantes.
Firma temporadas con más de veinte victorias, a cada cual mejor, y en vísperas de su quinto Tour, la realidad es que nunca hemos visto nada como Pogačar, ni la sensación de que todo le puede ir tan redondo a alguien en un deporte tan complejo como este.
Es que se cae, sangra, se levanta y sigue.
Cuando Pogačar atacó a ocho de meta de Villars-sur-Ollon y le siguió Richard Carapaz, fue inevitable recordar el primer y definitivo ataque en el segundo Tour que ganó.
El ecuatoriano vuelve a ser un rival recurrente del esloveno.
La carrera helvética ha acabado con seis minutos largos de brecha en solo cinco días de competición, lo que supone una media de más de un minuto por etapa.
Cabría ver qué diferencias de este calibre se han dado históricamente en este tipo de carreras cortas, pero juraría que pocas o muy pocas veces se ha visto algo así, pues son márgenes propios de grandes vueltas de tres semanas.
Todo resplandece y sonríe a Pogačar.
Pensar que va a perder el Tour de Francia es complicado.
Solo queda cruzar los dedos y esperar que tenga rivales a su nivel, porque únicamente así veremos una carrera real.
En su defecto, asistiremos a un monólogo, algo que paradójicamente tan mal le sienta a sus victorias de cara a la emoción de la gente.






